Los mercados marroquíes afrontan una escalada de precios sin precedentes, también en las provincias del sur. En Laâyoune, numerosos hogares se ven obligados a reducir sus compras de verduras, frutas e incluso carne de dromedario, un ingrediente emblemático de la cocina hassaní y pilar de la cultura saharaui marroquí.
Esta situación se explica por la subida persistente de los precios de estos productos, pese a las precipitaciones registradas recientemente, especialmente en el centro y el norte del país, principales zonas de abastecimiento de las provincias del sur en verduras y carnes (bovina, ovina, caprina y avícola).
En este contexto, el actor asociativo Mokhtar Khar nos indicó que «la fuerte subida de los precios de las carnes rojas y de las verduras ha provocado un notable descenso de la afluencia a carnicerías y puestos», especialmente en las compras cotidianas.
Subraya que muchos hogares ya han «renunciado a varios productos tradicionales y de primera necesidad», lo que refleja una evolución progresiva hacia un consumo más prudente. Para algunos, este abandono se asemeja incluso a una forma de protesta indirecta frente al encarecimiento de la vida, en favor de productos alternativos integrados en la alimentación local.
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Por su parte, Abdelnasser Lmessi, presidente de la Federación Marroquí de Derechos del Consumidor (sección Laâyoune), recuerda el derecho de los consumidores a decidir sus elecciones. Afirma así apoyar la decisión de los habitantes «de preservar su poder adquisitivo» frente a una subida de precios que va más allá del ámbito nacional.
No obstante, expresa su incomprensión ante esta inflación, a pesar de las lluvias recientes, la disponibilidad de pastos y las medidas de apoyo adoptadas por el Estado. Pide una revisión de estas subidas «vertiginosas e injustificadas», en particular en el caso de la carne de dromedario, cuyo precio alcanza ya los 135 dirhams el kilo.
Una situación que se traduce en una caída de la demanda, afectando también a los profesionales del sector. Carniceros y vendedores de verduras confirman una oferta abundante, pero que se ha vuelto inaccesible para una amplia parte de la población, debido principalmente a la especulación y al aumento de los costes, especialmente energéticos, a escala internacional.
En la misma línea, Ibrahim Tarouzi, presidente de la Asociación de Laâyoune para la Protección del Consumidor, atribuye este descenso de la demanda a prácticas especulativas. Denuncia a operadores que compran grandes cantidades de mercancía para almacenarla y volver a sacarla al mercado con precios más elevados. No obstante, valora los esfuerzos del Estado por contener los precios y proteger a los consumidores, al tiempo que pide la adopción de soluciones estructurales y duraderas, más allá de respuestas coyunturales.
Esta caída espontánea de la demanda, no organizada ni estructurada, podría a medio plazo perturbar los circuitos comerciales si persisten los comportamientos especulativos. El riesgo es aún mayor a medida que se acerca el Aid al Adha, en un contexto marcado por una débil cultura de cooperación y reparto de márgenes. El reto pasa ahora por mantener un equilibrio entre el ritmo de consumo, la protección del poder adquisitivo de los hogares y la viabilidad de los actores del sector.
