Se llaman Asmae, Oussama y Ali, y sus nombres ya resuenan en los pasillos de Polytechnique, CentraleSupélec o la ENSIMAG. Hace apenas unos años, estos jóvenes de Laâyoune, Chefchaouen o Casablanca solo tenían como horizonte su sed de aprender; hoy encarnan la nueva generación del talento científico marroquí. Entre trayectorias marcadas por la excelencia, hay un punto en común: el Liceo Mediterráneo (LYMED). Impulsado por la Fundación Tanger Med, este centro de Martil se ha consolidado como un verdadero bastión de la meritocracia. Aquí se rompen techos de cristal para transformar el talento en una confianza inquebrantable. Radiografía del método LYMED a través de tres recorridos inspiradores.