Cuando Lola de Pardo llegó por primera vez a Casablanca tenía 19 años y pensaba quedarse apenas unos meses. Era 2021 y estudiaba Management en Toulouse, en Francia. Como parte de su carrera tenía la posibilidad de pasar un semestre en otra universidad del mundo. Corea, Estados Unidos o distintos destinos europeos estaban sobre la mesa. Pero ella eligió Marruecos. La decisión tenía algo de intuición y algo de historia personal. Nacida en Murcia, creció rodeada de amigos marroquíes y desde joven sentía cierta cercanía con la cultura del país. «Siempre había estado muy conectada con la cultura marroquí porque en Murcia hay muchos marroquíes y muchos de mis amigos lo eran», recuerda.
Aquella estancia académica en Casablanca debía durar apenas unos meses. Sin embargo, el plan cambió rápidamente. «Me encantó Marruecos, me encantó Casablanca, la universidad… todo», explica. Tanto que decidió quedarse y terminar allí su carrera. Hoy, cuatro años después, sigue viviendo en la capital económica del país.
El choque inesperado
Paradójicamente, uno de los momentos que más la marcó ocurrió nada más aterrizar. A pesar de considerar que tenía una mentalidad abierta y que conocía bien Marruecos por su entorno, se dio cuenta de que también arrastraba ideas preconcebidas. Lo descubrió durante el trayecto en coche desde el aeropuerto hasta la ciudad.
«Me acuerdo perfectamente», cuenta. «Era de noche y veía las luces de la carretera, las palmeras, el césped, los edificios… y pensé: “¿Pero qué me está pasando? ¿Cómo me puede sorprender esto?”». Aquel momento le hizo tomar conciencia de algo que más tarde se convertiría en uno de los ejes de su contenido en redes sociales. «Yo pensaba que me iba a encontrar un país cincuenta veces menos desarrollado de lo que realmente es», reconoce. Ese contraste entre la imagen que muchos europeos tienen de Marruecos y la realidad cotidiana del país fue precisamente lo que la empujó a empezar a grabar vídeos.
A diferencia de muchos creadores de contenido que visitan el país como turistas, Lola decidió mostrar algo distinto: la vida diaria. Sus primeros vídeos no estaban centrados en los zocos o las medinas, sino en escenas mucho más simples. Ir a la oficina, salir con amigas marroquíes o pasar la tarde en un centro comercial. «Quería enseñar que se puede tener una vida completamente normal en Marruecos», explica.
Ese enfoque empezó a captar la atención de miles de usuarios, especialmente en España, donde muchas de esas imágenes rompían con estereotipos muy arraigados. Con el tiempo, su comunidad en redes sociales creció hasta acercarse a los 100.000 seguidores.
El darija como fenómeno viral
Uno de los formatos que más éxito ha tenido en su cuenta es una serie de vídeos dedicados al darija, el dialecto árabe marroquí. En ellos comenta palabras o expresiones que le llaman la atención y que intenta pronunciar con humor. «Nunca he ido a clases de darija», explica. «Lo aprendo escuchando a los drari (n. de la r.), porque si no, no entiendo las conversaciones».
En sus vídeos más virales se detiene precisamente en esas palabras de darija que le llaman la atención por su sonido o por su significado. «Cuanto más rara es la palabra, más fácil se me queda», comenta entre risas. Al principio pensaba que esos vídeos servirían sobre todo para que los españoles aprendieran algunas expresiones del dialecto marroquí. Sin embargo, con el tiempo descubrió que buena parte de su audiencia procede del propio Marruecos. «Hay muchísimos marroquíes que los utilizan para aprender español, y como ellos ya conocen el significado en darija, el vídeo les permite hacer rápidamente la conexión con la palabra en español», explica.
Con el tiempo, esa relación cotidiana con la lengua y con la vida del país ha ido generando un vínculo más profundo. Un apego que ni ella misma logra explicar del todo. «A día de hoy sigo sin saber exactamente por qué quiero estar en este país.Pero siento un amor muy natural por Marruecos. Y también siento que ese amor es mutuo, que la gente aquí me lo devuelve», admite.
