Lo que antes se criticaba, hoy se empieza a normalizar, Abdelaziz Bouteflika se ha convertido, pese a sí mismo, en el patrón de una comparación cruel para el poder actual. Un viento de nostalgia recorre Argelia, alimentado por el profundo desencanto ante los faroles, las promesas incumplidas y la falta de resultados del presidente Abdelmadjid Tebboune. Economía debilitada, diplomacia aislada y sociedad fracturada: al pretender romper con el pasado, la llamada “Nueva Argelia” ha acabado revelando la magnitud de sus fracasos. Antes era —realmente— mejor.