Detrás de los abrazos fraternales, los discursos medidos y las sonrisas milimetradas, el presidente de la CAF encarna una forma de gobernanza vacía y de evasión culpable. Entre escándalos —de los que la última final de la CAN 2025 fue una clara ilustración— y reformas inexistentes, Patrice Motsepe aparece como el símbolo de un mal africano en el que el futuro queda secuestrado por intereses personales y mucha verborrea. En apariencia, mantiene una amplia sonrisa hacia sus “brothers” marroquíes para preservar la gallina de los huevos de oro, la aseguradora Sanlam, de la que es accionista y que figura entre los líderes del mercado. Entre bastidores, todo vale.