El viernes 20 de febrero, el Tribunal Supremo de Estados Unidos dictaminó que el presidente Donald Trump se extralimitó en las prerrogativas previstas por la Constitución en virtud de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (International Emergency Economic Powers Act, IEEPA) al imponer aranceles sobre casi la totalidad de los productos que ingresan a Estados Unidos. De este modo, anuló los llamados aranceles «recíprocos» impuestos por Trump al resto del mundo.
La consecuencia directa de esta decisión fue la reducción del tipo arancelario medio efectivo aplicado a los productos importados, que debería pasar del 16,8% a alrededor del 9,5%. Una buena noticia para los importadores, los industriales y los consumidores estadounidenses, pero también para los exportadores de terceros países que se veían afectados por estos recargos aduaneros.
No obstante, tras este revés, el presidente estadounidense reaccionó rápidamente firmando un decreto que impone un nuevo arancel mundial del 10%, que entrará en vigor el 24 de febrero. «Hoy voy a firmar un decreto para imponer un arancel mundial del 10% (…), que se sumará a nuestros aranceles normales ya vigentes», declaró el presidente Trump tras la decisión del Tribunal Supremo. Al día siguiente volvió a la carga: «Como presidente de los Estados Unidos de América, voy a aumentar con efecto inmediato los aranceles mundiales del 10% (…) hasta el nivel plenamente autorizado (…) del 15%», escribió en su red Truth Social. Así, el arancel mundial queda fijado en su máximo autorizado del 15%.
En cuanto a la nueva «tasa mundial», esta se basa en una ley de Comercio de 1974 que permite al presidente reequilibrar los intercambios entre Estados Unidos y sus socios económicos cuando se demuestra un desequilibrio significativo de la balanza de pagos. En otras palabras, esta tasa debería afectar, en principio, únicamente a los países con los que Estados Unidos mantiene desequilibrios importantes. Además, su duración legal está limitada a solo 150 días; más allá de ese plazo, se requiere una ley aprobada por el Congreso. Algo que está lejos de estar garantizado para el presidente en este periodo de elecciones de mitad de mandato, debido al impacto de estos recargos sobre los operadores económicos y los ciudadanos estadounidenses.
En cualquier caso, a nivel internacional, la anulación de los recargos aduaneros por parte del Tribunal Supremo ha sido, en general, bien recibida, aunque prevalece la prudencia, ya que persiste la incertidumbre tras el anuncio del nuevo arancel, ahora del 15%, que también se aplica a los países que ya han firmado acuerdos comerciales con Estados Unidos.
En el continente africano, las decisiones adoptadas por el Tribunal Supremo y por el presidente Trump tendrán impactos diferentes según los países. En primer lugar, la decisión del Tribunal Supremo de anular los «recargos» aduaneros debería ser beneficiosa para todos los países del continente. Sin embargo, el arancel mundial del 15% lo cambia todo.
En efecto, los países africanos que fueron sometidos a un impuesto con un recargo del 10% —es decir, el tipo mínimo—, un total de 29, entre ellos Egipto, Marruecos, Ruanda, Mauritania, Etiopía, Tanzania, Senegal y Gabón, verán ahora aplicada una nueva tasa del 15% a sus exportaciones, frente al 10% anterior. Esta situación encarece los aranceles aplicados a las exportaciones de estos países y hace, en igualdad de condiciones, que sus productos sean menos competitivos que antes, especialmente frente a productos similares exportados por países asiáticos, generalmente más competitivos.
Por otra parte, en el caso de los países que ya estaban gravados con un 15% —entre ellos Nigeria, Lesoto, Ghana, Uganda, Zambia, Mauricio, la RDC, Costa de Marfil y Camerún—, no se registra ningún cambio para sus exportaciones. Sus productos siguen tributando al mismo nivel que los de los demás países. Sin embargo, dejan de beneficiarse de la ventaja comparativa de la que disponían frente a los países que anteriormente estaban sometidos a una carga arancelaria más elevada.
Por último, Sudáfrica, Argelia, Libia y Túnez, que eran los países más gravados del continente con tasas comprendidas entre el 25% y el 30%, son los grandes beneficiados por la anulación de los recargos aduaneros. A partir de ahora, sus exportaciones estarán sujetas a la nueva tasa del 15%, al igual que el resto del mundo. Sus productos se vuelven así mecánicamente más competitivos en el mercado estadounidense. Esto permitirá reducir los riesgos de disminución de la actividad y de pérdidas masivas de empleo en algunos sectores exportadores.
Además, esta decisión se produce pocos días después de la prórroga de la African Growth and Opportunity Act (Agoa), un acuerdo que permite el acceso libre de aranceles al mercado estadounidense para miles de productos procedentes de una treintena de países del África subsahariana, durante un año. En principio, con este acuerdo, los países beneficiarios del Agoa no deberían verse afectados por la nueva tasa mundial. La anulación de los recargos y la prórroga del Agoa deberían ofrecer una mayor visibilidad a los países africanos que se benefician de este acuerdo.
Cabe recordar que la prórroga de un año del Agoa solo debería beneficiar a ocho países africanos (Sudáfrica, Nigeria, Kenia, Namibia, Malawi, Angola, Tanzania, Ghana, Botsuana y Togo), según la actualización de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), frente a la treintena anterior. Esto significa que estos países disfrutarán de ventajas comparativas y competitivas frente a otros que ahora deberán soportar una tasa del 15% para que sus productos entren en el mercado estadounidense.
No obstante, aunque el Tribunal Supremo anuló los «recargos» aduaneros, no modificó los aranceles sectoriales impuestos por el presidente Trump, que afectan al acero, el aluminio, la automoción, la madera aserrada y los productos farmacéuticos, entre otros. El mantenimiento de estas tasas seguirá afectando negativamente a las exportaciones de algunos países africanos. Es el caso de los exportadores de automóviles hacia Estados Unidos, lo que impacta directamente en Sudáfrica.
El arancel del 25% aplicado a los vehículos importados, así como a las piezas de recambio, encarece considerablemente el coste de los vehículos importados desde el mercado sudafricano por los operadores económicos estadounidenses. De hecho, las exportaciones automovilísticas sudafricanas hacia Estados Unidos cayeron bruscamente, pasando de 25.554 unidades en 2024 a solo 6.530 en 2025, lo que representa una disminución del 74,45%. Este retroceso se explica, en particular, por el arancel automotriz de carácter proteccionista impuesto por Estados Unidos, que ha pesado fuertemente sobre la competitividad de los vehículos sudafricanos. Lo mismo ocurre con las exportaciones de acero procedentes de Sudáfrica y Argelia, que siguen soportando el arancel sectorial del 50% vigente desde junio de 2025 sobre las importaciones estadounidenses.
Por último, pese a la implantación del arancel mundial, la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos constituye para los países africanos, al igual que para el resto del mundo, una señal institucional fuerte que respaldará la confianza de los inversores, tanto africanos como extranjeros, para desarrollar sus negocios y mantener flujos comerciales con Estados Unidos. Esta decisión refuerza la confianza en la estabilidad de las reglas del comercio, esencial para planificar estrategias de exportación a largo plazo. Así, los operadores económicos de sectores como el textil y el agroalimentario del continente recuperarán algo más de certidumbre y podrán estabilizar sus inversiones.
En efecto, los recargos aduaneros impuestos por Trump no solo redujeron las exportaciones africanas hacia Estados Unidos, sino que también perturbaron la producción y provocaron aplazamientos de inversiones, especialmente en los sectores fuertemente orientados al mercado estadounidense.
No obstante, aunque los efectos de la decisión del Tribunal Supremo pueden considerarse positivos, también conviene tener en cuenta la incertidumbre ligada a la reacción de la Casa Blanca. La Administración Trump ya ha anunciado su intención de recurrir a otros mecanismos. Una situación que debería llevar a los países africanos a actuar con mayor prudencia.
En efecto, si bien la decisión limita los daños económicos inmediatos, también subraya la necesidad de que los países africanos mantengan estrategias de diversificación para mitigar futuros choques derivados de las políticas comerciales de las grandes potencias. Sudáfrica lo ha demostrado al aumentar sus exportaciones de automóviles hacia el mercado europeo, logrando así más que compensar la pérdida de cuota de mercado registrada en Estados Unidos.
En definitiva, cabe subrayar que, si bien los recargos arancelarios aportaron entre 130.000 y 140.000 millones de dólares a las finanzas públicas estadounidenses en 2025, también afectaron negativamente la competitividad de los operadores económicos estadounidenses, sin lograr reducir el déficit comercial de Estados Unidos.
En 2025, el déficit comercial incluso se amplió un 2,1%, hasta alcanzar un nivel récord de 1,241 billones de dólares, según los datos publicados la víspera de la decisión del Tribunal Supremo por el Departamento de Comercio. Esto demuestra que los recargos no son una fórmula mágica para contribuir a equilibrar la balanza comercial estadounidense frente al resto del mundo.
En cualquier caso, más allá de los países africanos, esta decisión del Tribunal Supremo llega en un momento oportuno para los operadores económicos estadounidenses, justo cuando China ha decidido conceder la exención de aranceles a los productos importados del continente africano. Esta decisión de Pekín contribuirá a hacer a los industriales chinos notablemente más competitivos que sus homólogos estadounidenses que operan en los mismos sectores, ya que estos últimos deberán soportar el nuevo arancel mundial del 15%.
