Mercado del trigo en África: una dependencia de las importaciones agravada por la crisis en Oriente Medio

Agricultoras sudanesas aventando trigo en la ciudad de New Halfa, en el estado de Kassala, al este de Sudán, el 19 de noviembre de 2025.. AFP or licensors

El 13/04/2026 a las 10h59

La crisis en Oriente Medio reaviva las incertidumbres sobre las cadenas de suministro agrícolas globales, mientras los datos recientes confirman una fuerte dependencia de varias economías africanas de las importaciones de trigo. El análisis cruzado de flujos, niveles de producción y reservas pone de manifiesto una jerarquía clara de vulnerabilidades, dominada por el norte de África y extendida al África subsahariana.

El examen comparado de los datos 2025–2026 muestra una clara estructuración del mercado africano del trigo en torno a algunos polos principales. Egipto mantiene una posición central, con una producción estimada en 9,5 millones de toneladas en 2025, según la FAO, pero sobre todo con importaciones cercanas a los 13 millones de toneladas en la campaña 2025/26, de acuerdo con las proyecciones del Banco Mundial, lo que lo convierte en el mayor comprador mundial.

Las reservas públicas, estimadas entre 6 y 7 millones de toneladas, reflejan una estrategia activa de seguridad frente a la volatilidad de los mercados internacionales.

Este posicionamiento se inscribe en una lógica regional en la que el norte de África concentra los mayores volúmenes. Argelia, con 4,2 millones de toneladas producidas en 2025 y entre 8 y 9 millones de toneladas importadas, confirma una dependencia estructural del exterior.

Marruecos sigue una trayectoria similar, con una producción cercana a los 4 millones de toneladas y necesidades de importación también situadas entre 8 y 9 millones de toneladas para 2025-2026.

Túnez, aunque de menor tamaño, presenta una configuración comparable, con 1,7 millones de toneladas producidas y cerca de 2 millones de toneladas importadas.

La concentración geográfica de los proveedores constituye un factor clave en la exposición a los choques actuales. Egipto depende en cerca de un 60% de los suministros procedentes del mar Negro, principalmente de Rusia y Ucrania.

Esta dependencia también se observa en Argelia y Marruecos, donde estas mismas procedencias dominan el abastecimiento, complementadas por volúmenes europeos en el caso marroquí.

Esta configuración aumenta la sensibilidad de la región a las perturbaciones geopolíticas. Cualquier cambio en las rutas marítimas, los costes de seguros o la disponibilidad exportadora se traslada directamente a los precios de importación.

La crisis en Oriente Medio actúa como un factor amplificador de riesgos, al influir indirectamente en los costes logísticos y en los mercados de insumos agrícolas, especialmente los fertilizantes.

África subsahariana: una dependencia más difusa pero creciente

La extensión de esta dependencia hacia África subsahariana revela otra forma de vulnerabilidad, menos concentrada pero igualmente estructural. Nigeria ilustra este caso, con una producción local marginal de unas 0,2 millones de toneladas frente a importaciones estimadas en 6,7 millones de toneladas.

El abastecimiento se apoya principalmente en la Unión Europea, que representa alrededor del 45% de los volúmenes, complementada por Estados Unidos y Argentina.

Esta dependencia también se observa en África oriental. Kenia, con una producción de 0,22 millones de toneladas, importa alrededor de 2,5 millones de toneladas, manteniendo además reservas de unas 0,18 millones de toneladas al final de la campaña.

Rusia aporta aproximadamente el 50% de las importaciones, seguida de Ucrania y Argentina, lo que expone al país a dinámicas similares a las del norte de África, aunque en menor escala.

Algunos países presentan configuraciones más equilibradas. Etiopía, por ejemplo, registra una producción de entre 6 y 7 millones de toneladas, lo que limita sus necesidades de importación a alrededor de 1 millón de toneladas.

Los flujos pasan en parte por Egipto y Ucrania, a través de corredores logísticos que transitan por Eritrea, lo que subraya la importancia de las infraestructuras regionales en la seguridad del suministro.

Sudán, con una producción total de cereales de 6,7 millones de toneladas, importa 2,7 millones de toneladas, de las cuales el 90% corresponde a trigo, reflejando un equilibrio frágil entre producción interna y dependencia exterior.

En contraste, Sudáfrica presenta una exposición más moderada, con una producción de 2 millones de toneladas y unas importaciones de alrededor de 0,8 millones de toneladas, procedentes principalmente de Australia y Canadá, lo que permite cierta diversificación.

Sin embargo, esta diversificación no elimina los efectos indirectos de las tensiones internacionales. Dado que los precios del trigo están interconectados a nivel global, cualquier perturbación importante repercute en todos los mercados.

Una ecuación económica agravada por la crisis en Oriente Medio

El análisis conjunto de estos datos revela un mecanismo claro: cuanto mayor y más concentrada geográficamente es la dependencia de las importaciones, mayor es la exposición a los choques externos. La crisis en Oriente Medio, al influir en los mercados energéticos y en los insumos agrícolas, actúa como un multiplicador de riesgos a lo largo de toda la cadena de valor del trigo.

Los países del norte de África aparecen así en primera línea, seguidos por las grandes economías importadoras del África subsahariana. La transmisión del impacto se produce a través de varios canales simultáneos: aumento de los costes logísticos, volatilidad de los precios internacionales y presión sobre las finanzas públicas.

Esta dependencia estructural se traduce directamente en tensiones inflacionistas. Dado que el trigo es un producto básico en muchos países africanos, cualquier variación de precios repercute rápidamente en los alimentos esenciales.

Los Estados se enfrentan así a complejos equilibrios presupuestarios, entre mantener las subvenciones para preservar el poder adquisitivo y contener los déficits públicos. La existencia de reservas estratégicas, como en el caso de Egipto, actúa como amortiguador parcial, pero resulta insuficiente frente a perturbaciones prolongadas.

Por Mouhamet Ndiongue
El 13/04/2026 a las 10h59