Hoy, Kawtar abre un nuevo capítulo. Con B&N (Blanco y Negro), primer capítulo de una trilogía de singles que se desarrollará hasta finales de año, la artista no cambia de voz, sino de perspectiva. Después de una discografía difícil de encasillar —RnB con Ghanili, pop con Mali, Afrobeats con Loco, M-Pop con Njoum y raï con Wsst lmraya—, la cantante parece desplazar ligeramente el eje, como si buscara menos definir su estilo que descubrir hasta dónde puede llevarla su voz.
Con B&N (Blanco y Negro), lleva esta lógica un paso más allá. La canción aborda las zonas grises de una relación tóxica, aquellas en las que la duda, la manipulación y las contradicciones terminan difuminando los límites entre lo que está bien y lo que deja de estarlo. Frente a lo que podría imaginarse como una música melancólica para contar esta confusión, Kawtar opta por el movimiento.
Glitchs, ritmos rápidos, melodías pegadizas, texturas alternativas y una energía hiperpop convierten el tema en una pieza deliberadamente intensa, a veces casi caótica, como ese estado emocional en el que todo parece mezclarse. Y en medio de esta agitación hay algo que sigue siendo inmediatamente reconocible: su voz.
La artista, que empezó a hacerse conocida por sus versiones y sus interpretaciones vocales, quiere ahora dar más espacio a la actitud, el ritmo, la energía y una identidad visual que acompañe esta evolución. B&N (Blanco y Negro) marca así el inicio de una nueva dirección artística, concebida como una reinvención más que como una ruptura.
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Un segundo tema llegará antes de finales de año y un tercero completará posteriormente esta serie, acompañando progresivamente al público de Kawtar hasta 2027. Cada lanzamiento deberá mostrar una nueva faceta de esta identidad en construcción, con la música, la imagen y el universo personal de la artista como piezas de un mismo rompecabezas.
Y para entender a esta nueva Kawtar hay que volver, sin embargo, a aquella joven que ya cantaba antes de que el público conociera su nombre. En su habitación, subía sus versiones a YouTube cuando la música era todavía menos un proyecto que una evidencia. Una pasión tan arraigada que todavía hoy, cuando habla de su futuro, no se imagina en otro lugar: quiere dedicarse a la música al 100%.
Su evolución se escribe a través de diferentes colores musicales. Kawtar no se limita a reproducir aquello que ya funcionó. Experimenta con una curiosidad que dice mucho de su generación: la de una artista que crece en una cultura musical sin fronteras, donde las referencias locales conviven con sonidos llegados de otras partes del mundo.
Su trayectoria empieza así a superar el ámbito local. Nominada a los Billboard Arabia Music Awards, ha actuado, entre otros escenarios, en el Bred Festival de Abu Dhabi. Posteriormente, Spotify la seleccionó para su campaña Radar, convirtiéndola en la primera artista femenina marroquí elegida para esta iniciativa y dando una nueva visibilidad a una carrera todavía joven, pero ya orientada hacia el panorama internacional.
A punto de cumplir 21 años, Kawtar se encuentra en un momento particular de su carrera: lo suficientemente consolidada como para que el público tenga expectativas, pero todavía lo bastante joven como para reinventarse sin tener que mirar constantemente hacia atrás. B&N (Blanco y Negro) llega precisamente en este punto de transición. El tema no pretende borrar a la Kawtar que el público ya conoce, sino añadir una nueva dimensión a su identidad artística.
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Y si B&N (Blanco y Negro) habla precisamente de todo aquello que se difumina entre dos extremos, Kawtar parece haber decidido no tomar partido. Prefiere explorar los matices, cambiar de ritmo, textura y color, aunque eso implique sorprender. El público ya conoce su voz. Los próximos lanzamientos quizá le permitan descubrir todo lo que hay alrededor de la artista.
