Desde sus inicios, Sonia Noor se ha negado a elegir entre modernidad y tradición. Cantando en árabe, francés, inglés y español, ha dado forma a un pop sensible en el que cada canción busca transmitir un mensaje antes que limitarse a un simple estribillo. Desde sus primeros sencillos y su álbum «Dawini» hasta su participación como voz narradora en la ceremonia de apertura de la CAN 2025 o su nuevo tema «Hafla», la cantante mantiene una misma ambición: hacer de la música un espacio de transmisión. Diez años después de sus primeros pasos bajo los focos, reivindica un universo profundamente arraigado en el patrimonio marroquí y, al mismo tiempo, dirigido a una generación abierta al mundo.
Le360: Con la perspectiva que da el tiempo, ¿cómo contempla el camino recorrido hasta convertirse en la artista que es hoy?
Sonia Noor: Creo que cualquier proceso artístico, ya sea en la música o en cualquier otra forma de arte, es ante todo un viaje interior. Es una búsqueda de identidad, hecha de preguntas y de una necesidad constante de encontrar sentido. He atravesado muchas etapas que me han permitido conocerme mejor. También ha habido encuentros decisivos. He tenido la suerte de cruzarme con personas extraordinarias que me han ayudado a crecer tanto humana como artísticamente. En el fondo, todas esas experiencias, esas dudas y esos intercambios han dado forma a la mujer y a la artista que soy hoy.
Es autora, compositora e intérprete. Cuando nace una canción, ¿surge primero de las palabras o de la música?
Casi siempre de un mensaje. Para mí, las letras son fundamentales. Sirven para denunciar una injusticia, defender una causa o transmitir valores que son importantes para mí. La mayoría de las veces, todo comienza con una frase o una idea que me ronda por la cabeza. La melodía llega después. Trabajo mucho con mi cocompositor Hicham Benseghir, que encuentra los arreglos capaces de realzar el mensaje.
Después de «Dawini», centrado en la sanación, regresa con «Hafla», una canción marcada por la celebración. ¿Es una manera de decir que después de la tormenta llega la calma?
Sí, aunque diría, sobre todo, que ambas cosas coexisten. Incluso cuando llueve hay algo de buen tiempo, y viceversa. «Hafla» es una canción alegre, pero yo soy una persona profundamente nostálgica. A veces siento nostalgia incluso por cosas que nunca he vivido. Para mí, la alegría y la melancolía son las dos caras de una misma moneda.
Al ver el videoclip, casi da la impresión de que la verdadera fiesta está en los preparativos y en esos momentos compartidos con los seres queridos, incluso más que en la celebración en sí...
Es interesante que lo perciba así. Para mí, la hafla es, ante todo, una emoción. Es reencontrarse con los tuyos, estar juntos en un espacio en el que uno se siente seguro. Es celebrar la vida, tanto los grandes momentos como las pequeñas victorias cotidianas. Y está también toda esa dimensión de la transmisión. Cuando voy a una boda, por ejemplo, lo natural para mí es buscar un caftán en el armario de mi madre. Ese simple gesto ya cuenta una historia. Todos esos preparativos forman parte de la fiesta.
Al escuchar «Hafla», entran inmediatamente ganas de bailar. En su caso, ¿qué canción consigue siempre que se levante y se ponga a bailar?
Sin ninguna duda, «Suavemente», de Elvis Crespo. Era una canción que sonaba en todas las bodas. Nunca he podido resistirme.
¿Y cuál ha sido la fiesta más bonita de su vida?
La boda de mi hermana. Estaba reunida toda nuestra familia y veníamos de una época bastante difícil. Aquella celebración llegó como un enorme alivio. Recuerdo haber llorado, reído y bailado al mismo tiempo. Son emociones que se viven muy pocas veces, pero con una intensidad increíble.
Fuera de los escenarios, ¿quién es la mujer detrás de la artista?
Soy emprendedora, exploradora y una mujer que simplemente intenta encontrar su lugar y, al mismo tiempo, mantener su sistema nervioso lo más tranquilo posible. Estoy muy unida a mi familia, aunque no siempre resulta fácil compaginar una vida profesional intensa con el tiempo que una quisiera dedicar a sus seres queridos. Y me encanta viajar, tanto por el mundo como hacia mi propio interior.
Prestó su voz a la ceremonia de apertura de la CAN 2025. ¿Qué recuerdo guarda de aquella experiencia?
Un orgullo inmenso. Fue una ceremonia espectacular, profundamente arraigada en nuestro patrimonio y, al mismo tiempo, muy innovadora. Tuve la suerte de trabajar con equipos marroquíes e internacionales de un nivel excepcional. Cuando atravieso momentos de duda, a veces hago una lista de los mejores momentos de mi vida. Esta experiencia está claramente entre los cinco primeros.
Diez años después de sus comienzos, ahora cuenta Marruecos a través de sus tradiciones, sus emociones y su patrimonio. ¿Qué historias sueña todavía con contar?
Muchísimas. Pero si tuviera que resumir lo que más me apasiona, diría que es precisamente contar historias. Las historias acompañan al ser humano durante toda su vida, desde la infancia hasta la edad adulta. He tenido la suerte de trabajar con niños en iniciación musical y eso me recordó hasta qué punto las historias pueden transmitir valores, crear vínculos y abrir nuevos horizontes.
Hoy quiero contar historias que unan, que transmitan serenidad, que a veces denuncien, pero que siempre dejen espacio para la esperanza. Vivimos en una época marcada por muchas fracturas. Si mi música puede contribuir, aunque sea modestamente, a acercar a las personas, entonces sentiré que he conseguido algo.
