Publicación. «La main, l’argile et le feu»: Mohamed Métalsi celebra el arte vivo de Ahmed Serghini y los ceramistas de Safi

El autor y urbanista marroquí Mohamed Métalsi.

El 10/02/2026 a las 16h55, actualizado el 03/02/2026 a las 18h55

Mohamed Métalsi rinde un vibrante homenaje a Ahmed Serghini, maestro ceramista de Safi, y a todo un patrimonio artesanal. A través de la voz del alfarero y de las poderosas fotografías captadas por Ricky Laven Martin, este libro de arte reflexiona sobre el valor del gesto en nuestro mundo digital, y recuerda que la mano, mucho antes de la Inteligencia Artificial, fue nuestro primer instrumento de creación. Un canto profundo a la lenteza, la transmisión del saber y a una estética arraigada.

Mohamed Métalsi, antiguo director cultural del Instituto del Mundo Árabe (IMA) y experto en el patrimonio marroquí, se ha sumergido en el taller y la memoria del maestro ceramista Ahmed Serghini, «un artista visionario» poco conocido, un «constructor de un puente entre herencia y modernidad», precisa el autor, para crear una obra excepcional a medio camino entre relato, ensayo antropológico y poesía. El libro de arte, publicado por Malika Éditions en diciembre de 2025 y realizado con el apoyo de la Fundación BMCI, se presenta como una inmersión en un universo de gestos, paciencia y transmisión. Página tras página, la voz del autor se entrelaza con las imágenes para recrear la trayectoria de un maâlem (profesor) excepcional y poner en valor la transmisión de un saber artesanal que durante mucho tiempo se desarrolló en la intimidad de los talleres.

La obra está ilustrada con un importante trabajo fotográfico de Ricky Laven Martin, que muestra el cuerpo en acción: manos callosas, torno de ceramista en movimiento, horno incandescente, así como la materialidad de los espacios, entre polvo de arcilla, herramientas desgastadas y superficies patinadas. Estas fotografías no se limitan a acompañar el texto: prolongan el relato más que ilustrarlo, estableciendo un diálogo sensible con las palabras de Métalsi.

Safi se describe como una «ciudad-taller», tejida de tornos de madera, hornos de cúpula y de una comunidad de artesanos entregados cuerpo y alma a la tierra y al fuego. De ello surge una especie de retrato: «una memoria colectiva formada por técnicas, secretos de cocción, formas transmitidas y reinventadas, y firmas estilísticas que han contribuido al renombre de la cerámica marroquí». Desfilan escenas casi atemporales: el polvo ocre de la arcilla flotando en un rayo de luz, manos de artesano con uñas ennegrecidas que amasan la arcilla, piezas de cerámica secándose al sol alineadas en un patio, o el parpadeo de las llamas escapando de un horno al aire libre al caer la noche.

Ahmed Serghini: maestro y heredero de la tradición

En él brilla la figura de Ahmed Serghini, presentado alternativamente como un maestro ceramista humilde, un transmisor de memoria y un artista comprometido. Desde las primeras páginas, Métalsi retrata con sensibilidad a un hombre que «ha hecho de la tierra un lenguaje». Heredero de una línea de maestros ceramistas desde el siglo XIX, Serghini encarna por sí solo siete generaciones de saberes familiares transmitidos de padre a hijo, o más bien de mano en mano. Se menciona que un antepasado de la familia, Mohammed El Serghini, ya trabajaba la arcilla a comienzos de los años 1800. Este patrimonio se ha arraigado en Safi, donde la casa Serghini se ha convertido con el tiempo en una verdadera institución de la cerámica artesanal.

Métalsi, que conoció y escuchó durante mucho tiempo a Serghini, relata con emoción los desafíos de una vida dedicada a la cerámica. Seguimos al joven aprendiz de los años 1940, inclinado sobre el torno ancestral, que aprende pacientemente los gestos milenarios bajo la mirada exigente de su padre. Luego descubrimos al artesano apasionado que, gracias a su perfección, logró que la cerámica de Safi fuera reconocida en la escena internacional. Serghini fue, por ejemplo, uno de los primeros en exponer cerámicas marroquíes en el extranjero, ya desde 1947.

Y también está el hombre de fe, para quien el trabajo con la tierra posee una profunda dimensión espiritual. Durante el homenaje que se le rindió en Casablanca en diciembre de 2025, Serghini abrió su discurso con una alusión al «hombre de arcilla» moldeado por Dios. Al recordar así que la humanidad misma habría nacido de la arcilla, el maestro ceramista afirma que su arte no es un oficio común, sino un acto de creación vinculado a lo sagrado. Para él, la cerámica tiene una vocación casi mística: moldear la tierra es, en cierto modo, participar en el gesto divino de la creación.

Ahmed Serghini, aunque es el guardián de una tradición, no ha temido experimentar con nuevas técnicas. Es reconocido por el desarrollo de esmaltes y barnices originales, en particular un esmalte metálico de reflejos cambiantes, de un rosa crepuscular que se ha convertido en su firma artística. Estas pinceladas de creatividad personal muestran cómo un artesano arraigado a su tierra puede también ser un artista visionario. Safi, gracias a maestros como él, ha sabido mantener su prestigio mientras continúa innovando, lo que le ha valido ser reconocida como una capital marroquí de la cerámica.

El libro está lleno de anécdotas y recuerdos contados por Serghini, que Métalsi transmite con una ternura palpable. Lo imaginamos hablando con cordialidad sobre su primer gran pedido o sobre encuentros memorables. La obra relata, por ejemplo, el día en que el joven artesano de Safi fue presentado, temblando de emoción, ante el rey Hassan II en los años 1960. Más tarde, fue el propio rey Mohammed VI quien lo alentó a continuar su obra, reconociendo en él un tesoro nacional vivo.

Estos momentos marcan la biografía de Ahmed Serghini como hitos que atestiguan el valor de su arte ante los ojos del país. Métalsi también se detiene en la filosofía de trabajo del maestro ceramista: su infinita paciencia, su humildad frente a la materia y su rechazo a la precipitación. Descubrimos a un hombre para quien cada vasija, cada plato que sale del horno, lleva consigo una parte de humanidad y merece un respeto casi ritual. Serghini aparece así como el depositario de una sabiduría ancestral, forjada por el contacto diario con el agua, la tierra y el fuego.

Transmisión de un saber ancestral

Uno de los grandes hilos conductores del libro es la transmisión de un saber hacer ancestral, amenazado por el tiempo. Métalsi muestra cómo Ahmed Serghini dedicó gran parte de su energía a formar nuevos ceramistas y a transmitir su conocimiento a las generaciones futuras. En el taller familiar, hijos, sobrinos y aprendices aprendieron a su lado, repitiendo los gestos cien veces hasta dominarlos. En Safi, este aprendizaje se realiza a menudo de manera informal, a la sombra protectora de los talleres y los hornos, más que en la escuela. Es un patrimonio inmaterial en el sentido más pleno, que se transmite a través de la observación y la práctica, mucho más que por los libros. «El aprendizaje va más allá del simple oficio y se inscribe en un legado cultural y espiritual», subraya Métalsi.

El texto de Métalsi rinde homenaje a esta cadena ininterrumpida de transmisión. Hace revivir los momentos de compartir, cuando el maestro guía la mano del aprendiz sobre la tierra giratoria, o cuando revela los secretos del fuego: la temperatura exacta, la duración precisa de la cocción que dará al esmalte su brillo. A través de Serghini, es toda una línea de artesanos –hombres y mujeres– la que ha perpetuado este saber a lo largo de las generaciones, y que el libro celebra. Al leerlo, se vislumbra la silueta de antepasados olvidados cuyos gestos sobreviven a través de él. También se recuerda a las mujeres de los ceramistas, a menudo permaneciendo en la sombra, pero que desempeñaban un papel crucial al preparar la pasta de arcilla o al decorar las piezas. «La main, l’argile et le feu» devuelve la voz a todos estos alfareros olvidados y a las tradiciones en peligro, que, sin ser vistos, han moldeado una parte esencial del patrimonio marroquí.

Métalsi adopta aquí un tono a veces admirativo, a veces preocupado. Admirativo, porque cada página expresa su profundo reconocimiento por estos maestros artesanos que crean «con lentitud, fieles a la tierra» y cuya humildad impone respeto. Preocupado, porque el autor sabe que este patrimonio es frágil. Recuerda que estos saberes del gesto podrían extinguirse, por falta de sucesores, en un mundo obsesionado con la rapidez y la rentabilidad. De ahí la urgencia, para él, de fijar en el papel esta memoria viva mientras aún es posible, y también el carácter comprometido de su libro, que se quiere tanto documento como manifiesto.

El artesanado frente a la Inteligencia Artificial

Más allá del retrato de Safi y de Serghini, la obra de Métalsi plantea de manera sutil una cuestión universal y candente: ¿qué lugar ocupa la artesanía y el trabajo manual en nuestra época hiper-tecnológica? ¿Qué será de los saberes del gesto frente a la avalancha de la Inteligencia Artificial? Estas preguntas, planteadas explícitamente en el texto, resuenan con aún más fuerza al contrastarlas con imágenes de manos modelando la tierra. La confrontación es impactante: por un lado, la mano del hombre, con su fuerza e imperfecciones, curtida por el trabajo y anclada en lo real; por otro, la desmaterialización acelerada de un mundo donde lo virtual y la máquina parecen a veces suplantar los saberes concretos.

Métalsi no cae en una oposición simplista entre tradición y modernidad, pero su compromiso se percibe claramente. Propone recuperar una forma de equilibrio, una «otra manera de estar en el mundo», reaprendiendo el valor del gesto lento y de la materia tangible. Su libro «La main, l’argile et le feu» recuerda que los oficios manuales, como la cerámica, son portadores de una disciplina del tiempo largo: nos enseñan paciencia, atención a los ciclos naturales (el secado de la arcilla, la cocción progresiva), en contraste con la frenética prisa contemporánea.

En Safi, los objetos utilitarios como platos, basijas o fuentes se convierten en obras de arte gracias al saber hacer. Es esa belleza modesta y auténtica la que Métalsi pone en primer plano, mostrando lo que el taller encierra de arcaico y de moderno: una economía del gesto, una disciplina del tiempo largo y una estética forjada en lo cotidiano, lejos de los focos.

El tono de Métalsi es personal y a veces melancólico. Se percibe conmovido por el hecho de que, poco a poco, viejos hornos se apagan y talleres cierran, por falta de sucesores o frente a la competencia de productos manufacturados baratos. Sin embargo, el libro no es solo una elegía del pasado; también es un llamado a la acción y a la reflexión. Al mostrar el éxito y la creatividad de un hombre como Serghini —que supo hacer evolucionar su arte sin renegar de sus raíces— transmite un mensaje de esperanza: sí, es posible reinventar la artesanía en la modernidad, preservar este saber ancestral y adaptarlo al mundo actual. Solo hace falta otorgarle valor, apoyar a estos artesanos y aprender de su filosofía. «La main, l’argile et le feu» propone implícitamente una especie de manifiesto para la recuperación de la cultura del gesto. Invita a ver en el taller del alfarero un modelo de resiliencia cultural, un lugar donde se conjugan lo arcaico y el futuro, donde se fabrican objetos duraderos en tiempos de obsolescencia programada y donde se toma tiempo frente a la aceleración general.

Un ensayo visual y poético, entre historia y antropología

La gran fuerza de esta obra reside en su enfoque a la vez erudito y poético. Mohamed Métalsi es un intelectual —doctor en estética, urbanista y autor de monografías sobre ciudades de Marruecos—, pero aquí escribe casi como un narrador. Su texto se lee en ocasiones como una leyenda, una fábula cuyo protagonista es un modesto artesano ceramista que desafía el olvido. La pluma está llena de imágenes y metáforas. Por ejemplo, Métalsi compara la transmisión del saber en Safi con una llama que se mantiene encendida: cada maestro añade leña para que no se apague. Evoca los hornos como “vientres ardientes” donde nacen las obras de barro, o los talleres como refugios de silencio donde se puede “escuchar” hablar a la tierra. Estas exaltaciones líricas conviven con una dimensión documental muy concreta: el libro también incluye recuadros históricos sobre la introducción de ciertas técnicas, referencias cronológicas sobre la evolución del barrio de los alfareros, y descripciones precisas de las distintas etapas de fabricación (desde el amasado del barro hasta el esmaltado y la cocción). Todo ello conforma un relato luminoso y atento, en la intersección de la historia, la antropología y la poesía, como indica acertadamente la contraportada.

Visualmente, la obra también se asemeja a un libro de arte. La maquetación cuidada da todo el protagonismo a las fotografías a página completa de Ricky Laven Martin, que dialogan con el texto sin subordinación alguna. Se pueden admirar magníficos retratos en blanco y negro de maestros cerámicos trabajando, con sus rostros marcados y concentrados en la pieza que están formando. Otros planos muestran detalles: el rastro de los dedos sobre la masa blanda, la textura agrietada de un esmalte antiguo, o una fila de tinajas apiladas formando una armonía de formas redondas. Estas imágenes transmiten una estética sobria y potente, en consonancia con el tema del libro. Prolongan la emoción evocada por las palabras, por ejemplo cuando, tras un pasaje sobre la soledad del artesano frente a su horno, se pasa la página y se descubre la silueta solitaria de Serghini, de espaldas, sentado ante la boca rojiza del horno, como en meditación. Tales secuencias crean una experiencia de lectura inmersiva, casi cinematográfica. El lector tiene la sensación de ver y sentir la cerámica de Safi: el olor de la arcilla húmeda, el calor del fuego, el silencio interrumpido por el giro regular del torno.

Entre líneas, Métalsi también realiza una labor de memoria literaria y artística. Salpica su texto con referencias sutiles: aquí se percibe un eco del poema de Rumi sobre el ceramista y el vaso, allí una alusión a los escritos de Henri Focillon sobre los gestos de los artesanos y la forma del tiempo. Cita un proverbio marroquí sobre la transmisión («La mano sigue al corazón, y la tierra sigue a la mano», podría resumirse) y recuerda que, en la cultura popular de Safi, se dice de los maestros cerámicos que tienen baraka —una bendición— porque transforman la tierra en objetos útiles y bellos. Estas incursiones enriquecen el contenido al enlazarlo con un entramado más amplio de significados culturales. El libro, por tanto, no es solo la historia de un hombre o de un taller; aborda temas universales: la memoria frente al olvido, la relación del hombre con la materia, y el diálogo entre lo antiguo y lo nuevo.

Al cerrar «La main, l’argile et le feu», el lector queda invadido por un doble sentimiento: la gravedad ante la fragilidad de este legado y la esperanza de que perdure. Mohamed Métalsi ha logrado un desafío delicado: celebrar la belleza de un arte ancestral al mismo tiempo que lanza una advertencia para el futuro. Recuerda que estos artesanos son poetas a su manera: «el artesano se convierte en poeta, y la arcilla, espejo de nuestra humanidad», se lee. Al mismo tiempo, su tono comprometido nos empuja a enfrentar la realidad tal como es.

«La main, l’argile et le feu. Serghini et les potiers de Safi», Mohamed Métalsi, fotografías de Ricky Laven Martin, 200 páginas. Éditions Malika, 2025. Precio público: 364 DH

Por Karim Serraj
El 10/02/2026 a las 16h55, actualizado el 03/02/2026 a las 18h55