África acogerá en 2030 el Mundial de fútbol por segunda vez en su historia, veinte años después de la edición organizada en Sudáfrica. Los otros dos países coorganizadores, España y Portugal, pertenecen a un continente mucho más acostumbrado a recibir el torneo futbolístico más prestigioso del planeta. Europa ha albergado once de las 23 ediciones disputadas hasta ahora.
En Yaundé, los ciudadanos consultados en las calles no ocultan su deseo de que la final del Mundial 2030 se dispute en Marruecos. Una aspiración compartida también por varios profesionales del fútbol, como el representante deportivo Jacques Lamango, entrevistado en su oficina del barrio de Bastos.
«Por una cuestión de equidad, esta final debe disputarse en África, porque nuestro continente contribuye enormemente a la proyección de este deporte. Basta con observar lo que hacen los africanos para comprenderlo. Además, Marruecos es un país emergente que ha sabido desarrollar sus infraestructuras. Por tanto, negársela supondría una gran injusticia», afirma.
En el ámbito de las infraestructuras, Marruecos cuenta con un argumento de peso: el Gran Estadio Hassan II, actualmente en construcción en Benslimane, cerca de Casablanca. Con una capacidad anunciada de 115.000 espectadores, el recinto aspira a convertirse en uno de los mayores estadios de fútbol del mundo.
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A través de este proyecto de gran envergadura, el Reino muestra claramente su ambición de albergar la final del Mundial 2030. Sin embargo, será la FIFA la encargada de elegir el estadio que acogerá el último partido del torneo.
Por parte de España, también se impulsa la candidatura del Santiago Bernabéu, en un contexto en el que la pugna por acoger la final se intensifica a cuatro años del Mundial.
