El Mundial 2030, organizado conjuntamente por Marruecos, España y Portugal, se presenta ya como una edición especial. Será la del centenario, pero también la de un Mundial disputado principalmente entre dos continentes. Una cita que el Reino pretende aprovechar para consolidar el lugar que se ha ganado en los últimos años en el panorama futbolístico internacional.
El desafío, sin embargo, va más allá del ámbito estrictamente deportivo. Con esta edición, Marruecos también aspira a convertirse en un escaparate del continente africano y demostrar, una vez más, su capacidad para acoger los grandes acontecimientos deportivos del planeta.
Seis estadios marroquíes han sido seleccionados para la competición, con un proyecto especialmente ambicioso que avanza en la región de Casablanca: el Gran Estadio Hassan II. Con una capacidad prevista de alrededor de 115.000 espectadores, el recinto está llamado a convertirse en uno de los mayores del mundo. El proyecto contempla además modernas infraestructuras, equipamientos de última generación en sus alrededores e instalaciones adaptadas a las exigencias de las grandes competiciones internacionales.
El Gran Estadio Hassan II aparece, sobre todo, como uno de los candidatos para albergar la final. Frente al Santiago Bernabéu de Madrid y el Camp Nou de Barcelona, también mencionados como posibles escenarios del último partido del torneo, el proyecto marroquí pretende hacer valer sus propios argumentos.
Saïd Ali Saïd Athouman, presidente de la Federación Comorense de Fútbol, considera que Marruecos cuenta con los argumentos necesarios para acoger un acontecimiento de semejante magnitud. «Es un país digno de representar a África en la organización de la final de la Copa del Mundo», afirma en una entrevista exclusiva concedida a Le360 Sport.
Para el máximo responsable del fútbol comorense, el Reino se ha consolidado como un verdadero polo de desarrollo, mucho más allá del ámbito deportivo. A la hora de acoger grandes acontecimientos, señala, el país puede apoyarse en «competencias reconocidas y demostradas», además de contar con unas infraestructuras y un capital humano a la altura de sus ambiciones.
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«Cuenta con una experiencia contrastada, después de haber demostrado su capacidad para organizar y acoger competiciones internacionales de gran envergadura», añade.
Una segunda final en África
Las ambiciones de la FIFA en materia de desarrollo y universalización del fútbol también otorgan una dimensión especial a la presencia africana en este Mundial organizado entre Europa y África.
En un continente donde el talento no falta y cuyas selecciones tienen cada vez mayor presencia en la escena internacional, la posibilidad de volver a acoger una final de la Copa del Mundo tiene necesariamente un fuerte valor simbólico.
«Ya es hora de que África la acoja por segunda vez. Sería una forma de recompensar la voluntad de África de desarrollar el fútbol», considera Saïd Ali Saïd Athouman, quien recuerda que se trata, ante todo, de «un continente de apasionados».
El dirigente comorense también esgrime un argumento de equidad: «Algunos continentes ya han acogido la final en varias ocasiones».
Hasta ahora, África solo ha organizado un Mundial, el de 2010 en Sudáfrica. Veinte años después, una final disputada en Marruecos permitiría al continente volver a situarse en la cima del fútbol mundial.
Repercusiones para todo el fútbol africano
Como punto culminante de la competición, la final representa mucho más que un simple partido. Ofrece al país y a la ciudad anfitriona una exposición mundial, con importantes repercusiones mediáticas, turísticas y económicas, además de un impacto en términos de imagen y proyección internacional.
Durante varios días, la ciudad anfitriona se convierte en el centro de la atención internacional. Una exposición que puede dejar un legado duradero, especialmente en materia de infraestructuras, organización y desarrollo deportivo.
Saïd Ali Saïd Athouman también insiste en esta dimensión. En su opinión, una final organizada en suelo africano tendría beneficios «importantes en términos de visibilidad, aprendizaje e innovación», a los que se sumarían «repercusiones económicas».
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Pero el impacto iría todavía más lejos. Una final organizada en Marruecos podría convertirse en una referencia para otros países africanos que aspiren, a su vez, a acoger grandes acontecimientos deportivos. El Reino podría convertirse así en un «ejemplo» para otras naciones del continente, tanto en materia de infraestructuras como de organización y estrategia a largo plazo. «También es una cuestión de visión y voluntad, pero otros podrían seguir el ejemplo», considera el presidente de la Federación Comorense.
Saïd Ali Saïd Athouman recuerda, por último, que la histórica actuación de los Leones del Atlas en Qatar en 2022, cuando se convirtieron en la primera selección africana en alcanzar las semifinales de un Mundial, también contribuyó a cambiar la percepción sobre el fútbol del continente. «Desde la gesta de Marruecos en 2022, el continente tiene más peso», subraya.
Para el dirigente comorense, acoger el último partido del Mundial 2030 constituiría un nuevo símbolo de esta evolución. «Si la final se disputara en Marruecos, demostraría hasta qué punto África está progresando y que el continente puede acoger los mayores acontecimientos de nuestro planeta», concluye.
