Tras campañas sucesivas debilitadas por la sequía, la actual temporada agrícola se perfila como un respiro en la región Oriental. Desde el inicio del año hidrológico, las lluvias han ido redibujando progresivamente el paisaje rural, devolviendo a las tierras su tono verde y a los agricultores una confianza puesta a prueba durante mucho tiempo. Con un acumulado de 155 mm, la región registra indicadores que no se observaban desde hace varios años.
«La importancia de esta campaña no reside únicamente en el volumen de las precipitaciones, sino sobre todo en su calidad y en su distribución en el tiempo», declara Mohamed El Yacoubi, director regional de Agricultura de la región Oriental. Según explica, cerca del 85% de las lluvias se concentraron en un período relativamente corto, entre mediados de diciembre y mediados de febrero, en forma de precipitaciones moderadas y regulares. «Esta configuración ha permitido evitar los daños que suelen provocar las lluvias intensas en las infraestructuras agrícolas y en los equipamientos hidroagrícolas», añade.
Sobre el terreno, los efectos de esta pluviometría controlada ya se dejan sentir. La cubierta vegetal ha mejorado notablemente, ofreciendo un apoyo valioso a los cultivos de otoño y primavera. Los pastizales también han recuperado una vitalidad salvadora para la ganadería. «Esta situación se traduce en una mejora significativa de los pastos, lo que aligera considerablemente los costes relacionados con la alimentación del ganado», confirma.
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La distribución geográfica de las lluvias refuerza este diagnóstico alentador. En las zonas del norte de la región, especialmente en Nador y Berkane, los acumulados han oscilado entre 185 y 208 mm, niveles particularmente beneficiosos para estos territorios dotados de amplios perímetros de riego. Los cultivos azucareros, la horticultura y los frutales encuentran allí condiciones propicias para una producción sostenida. «Estos aportes tendrán un impacto directo en la productividad de las explotaciones y en la estabilidad de la oferta agrícola», subraya el responsable regional.
Más hacia el centro de la región Oriental, en las provincias de Guercif, Driouch, Taourirt y Oujda, las precipitaciones —entre 105 y 165 mm— se consideran suficientes para relanzar los cultivos de secano. Los cereales, al igual que el olivo y el almendro, fuertemente dependientes de las lluvias estacionales, muestran señales alentadoras de recuperación. «Estos indicadores nos permiten anticipar una campaña de media a buena, claramente mejor que las anteriores», precisa Mohamed El Yacoubi.
Este contraste controlado entre áreas de riego y áreas de secano refleja, según él, un equilibrio positivo a escala regional. Un equilibrio que beneficia al conjunto de los actores de la cadena agrícola, desde los agricultores hasta las cooperativas, pasando por los exportadores. «Si las condiciones climáticas se mantienen estables y moderadas durante el resto de la temporada, las perspectivas son realmente prometedoras», añade.
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Tras casi nueve años de tensión hídrica, la región Oriental inicia así una lenta pero tangible recuperación de su potencial agrícola. «La región recupera progresivamente su vitalidad», concluye Mohamed El Yacoubi, al tiempo que llama a la prudencia. Para él, la sostenibilidad de esta dinámica sigue estando estrechamente vinculada a una gestión racional del agua y a un acompañamiento técnico reforzado a los agricultores, con el fin de transformar estas señales positivas en logros duraderos.
