Colegios franceses: el Senado de Francia envía una misión a Marruecos tras el aumento de las cuotas escolares

El 10/02/2026 a las 16h49, actualizado el 06/02/2026 a las 14h49

Ante el malestar provocado por el encarecimiento de las cuotas en los colegios franceses de Marruecos, el Senado de Francia ha optado por desplazar a una delegación de información, integrada por los senadores Yan Chantrel y Mathilde Ollivier, dedicada a la enseñanza francesa en el extranjero. Esta iniciativa tiene como objetivo establecer un diagnóstico profundo de la red de la Agencia para la Enseñanza Francesa en el Extranjero (AEFE), según declara Mathieu Lescrainier, en un momento en que la presión financiera ejercida sobre las familias es objeto de debate.

Aprobado a mediados de diciembre de 2025 por la Agencia para la Enseñanza Francesa en el Extranjero, este incremento ha desatado una movilización sin precedentes. En Rabat y Kenitra, las familias se están organizando: escriben cartas, salen a la calle. El debate va mucho más allá de una simple cuestión de números; lo que está en juego ahora es la esencia misma del modelo educativo francés en el exterior.

En medio de este clima de descontento, una voz con experiencia sobre el terreno ha decidido actuar como altavoz de las familias y del personal educativo: la de Mathieu Lescrainier. Como representante electo de la asociación Franceses del Mundo y miembro de todos los consejos escolares del área de Rabat-Kenitra, su análisis es tajante:

«Esta protesta no refleja un rechazo al sistema; al contrario. Los padres están muy unidos a él y quieren protegerlo», insiste.

Este es un punto clave. Lejos de una lectura superficial, las familias no cuestionan la calidad pedagógica. Muchas de ellas se formaron en este sistema. Otras, familias marroquíes o binacionales, han apostado por esta educación de forma voluntaria, a veces con un gran sacrificio económico, para asegurar a sus hijos un entorno académico exigente y una proyección internacional. «La gran mayoría de los alumnos entró tras superar una prueba de acceso. No es una elección al azar, es una decisión meditada», recuerda Lescrainier. Sin embargo, esa elección choca ahora con una realidad presupuestaria demoledora.

En Rabat, la indignación ha cobrado fuerza: concentraciones frente a los centros y cerca de 3.000 cartas individuales entregadas en la Embajada de Francia y en la dirección del Liceo Descartes. Pocas veces se había visto a la comunidad de padres tan movilizada, caminando de la mano de los sindicatos y del personal docente.

Para el representante local de la asociación Franceses del Mundo, este aumento actúa como un «detonante», aunque el malestar viene de lejos. «Las familias sienten que se les imponen decisiones presupuestarias clave sin ser realmente partícipes del proceso. Los malentendidos se acumulan, mientras que los órganos de decisión parecen cada vez más distantes. Sin embargo, el esfuerzo económico que se exige no deja de crecer y, según los padres, estas subidas no se traducen en una mejora de los recursos pedagógicos para los profesores».

Este fenómeno no es exclusivo de Marruecos. Gracias a la red internacional de su asociación, Mathieu Lescrainier observa tensiones similares en Italia, Bélgica, Reino Unido, España, Túnez o los Países Bajos. En todos estos lugares se repite el mismo diagnóstico: subidas difíciles de asumir, órdenes que llegan de París y una falta de diálogo evidente.

Pero Marruecos es un caso aparte. El Reino alberga la mayor red de centros de gestión directa del mundo —precisamente los afectados por la decisión tomada a finales de 2025—. Aquí, la enseñanza francesa es histórica, un pilar fundamental que va mucho más allá de la comunidad francesa. En este contexto, cualquier aumento de las cuotas adquiere, de forma casi automática, una trascendencia social y política mucho más delicada.

Más allá de la factura, el representante percibe una transformación más profunda: «Las subidas son el síntoma visible de un cambio de modelo ligado a un desentendimiento presupuestario del Estado francés, algo que lamentamos profundamente como representantes de los ciudadanos en el exterior», afirma.

La enseñanza francesa en el extranjero, concebida durante mucho tiempo como un servicio público y una herramienta de diplomacia cultural, parece ahora guiada por una lógica puramente económica. «La red genera hoy más de 2.500 millones de euros anuales a nivel mundial». Un volumen financiero que, según él, condiciona inevitablemente la gestión.

«El riesgo es confundir el rendimiento económico con la coherencia educativa», advierte. «Se potencia el atractivo de la “marca”, pero se olvidan los principios de excelencia, continuidad, accesibilidad y mezcla social».

Este repliegue del Estado se traduce en un traspaso progresivo de los costes hacia los centros y, por tanto, hacia los padres. Un ejemplo claro son las pensiones civiles de los docentes funcionarios. Para Lescrainier, no es un simple ajuste técnico: «Estamos ante un alejamiento del modelo histórico de servicio publico mediante parches que se presentan como inevitables. Las familias y el personal no perciben un debate político claro sobre el futuro del sistema, sino una transformación silenciosa».

Las ayudas públicas habrían caído 59 millones de euros en dos años, mientras que más de 90 millones de euros en gastos estructurales recaen ahora sobre los colegios. En definitiva, la ecuación presupuestaria se resuelve a nivel local, a costa de las familias. «Se pide a los centros y a los padres que financien un modelo de expansión del que no ven los beneficios», concluye.

Algunos padres se preguntan: «¿Hemos tomado la decisión correcta para nuestros hijos?». Una pregunta de gran calado, casi íntima, que dice mucho sobre la fragilidad del vínculo de confianza.

Los docentes también se ven afectados. Las asignaturas optativas, los proyectos educativos y las actividades extraescolares dependen a menudo de su compromiso voluntario. Si el ecosistema financiero se tensa, es toda esa dinámica la que se tambalea. Pero el mayor temor es otro: el de una exclusividad económica. «Sí, el riesgo es real», afirma tajante el representante.

Las clases medias, tanto francesas como marroquíes, que han sido el soporte histórico de la red, tienen cada vez más dificultades para seguir el ritmo. Las becas escolares ya no son suficientes. Por ejemplo, la caja de solidaridad del Liceo Descartes, que se nutre de las aportaciones voluntarias de los padres, se está agotando. No por falta de solidaridad, sino porque su capacidad económica se ha asfixiando.

La pérdida de un empleo, una enfermedad o una separación: cualquier dificultad en la vida puede comprometer ahora una matrícula. Hay niños que abandonan el sistema, no por una decisión pedagógica, sino por la imposibilidad de asumir los costes.

«Los mecanismos actuales son insuficientes y provocan, de hecho, una selección basada en el dinero», lamenta Mathieu Lescrainier.

Por si fuera poco, parte de las subidas se destinaría a financiar proyectos inmobiliarios, entre ellos la construcción del colegio Saint-Exupéry. Se ha votado un presupuesto de 18,5 millones de euros —unos 200 millones de dirhams—, una cifra que ha pillado por sorpresa a los representantes locales.

«No se nos ha presentado ningún documento detallado ni debatido a nivel local. La única cantidad mencionada anteriormente era de 65 millones de dirhams. Para nosotros, es algo desproporcionado», sentencia el representante de la asociación Franceses del Mundo.

En un periodo de escasez presupuestaria declarada, esta incoherencia genera dudas y alimenta aún más la desconfianza. En el fondo, la protesta va mucho más allá de la línea de «cuotas escolares». Lo que está en juego, según el representante, es un contrato moral: «Las familias no rechazan el esfuerzo. Lo que exigen es coherencia, transparencia y una visión a largo plazo», precisa.

Inscribir a un hijo en la red francesa en el extranjero no es una decisión anual; es un compromiso de quince años. Es toda una trayectoria de vida.

Esta movilización conjunta de familias y profesionales demuestra que el sistema ha llegado a un punto de reflexión. La pregunta que surge ahora es clara: ¿encamina el futuro de la educación francesa hacia una privatización progresiva o hacia la preservación del equilibrio entre un servicio público y una contribución económica razonable por parte de las familias?

«Eso es lo que nos jugamos hoy», confirma Mathieu Lescrainier. El reciente anuncio de una misión de investigación en el Senado francés dedicada a la enseñanza en el exterior confirma este cambio de etapa. Impulsada por senadores de la asociación Franceses del Mundo, esta misión deberá elaborar un diagnóstico integral y sentar las bases de una reforma más justa y sostenible. «Como representante sobre el terreno, me implicaré plenamente en el diálogo con las familias y los equipos educativos para trasladar la realidad que vivimos y aportar propuestas concretas», asegura.

De lo contrario, advierte; el riesgo es evidente: que la escuela francesa en el extranjero se aleje definitivamente de su vocación pública y de su mezcla social, para transformarse en un producto educativo premium, reservado únicamente a una minoría capaz de costearlo.

Por Mouhamet Ndiongue
El 10/02/2026 a las 16h49, actualizado el 06/02/2026 a las 14h49