La cosecha de aceituna en Marruecos para la campaña 2025-2026 se presenta prometedora. Se espera que alcance cerca de dos millones de toneladas, alrededor de un 111% más que en la campaña anterior. Este aumento de la producción se enfrenta, sin embargo, a una realidad estructural: la forma de transformar las aceitunas y la red nacional de almazaras encargadas de procesarlas.
El sector oleícola destina a la molturación el 67% de la cosecha total. Las cifras oficiales revelan una brecha entre un segmento moderno y organizado, que busca abrirse paso en los mercados internacionales, y una presencia tradicional muy extendida que pesa sobre los estándares de calidad y eleva los niveles de acidez.
Los indicadores de la industria agroalimentaria dibujan un mapa desigual de las infraestructuras. El país cuenta con unas 948 almazaras modernas y semimodernas, con una capacidad conjunta de molturación cercana a 1,8 millones de toneladas de aceitunas al año.
Frente a esta red industrial estructurada, unas 11.000 almazaras tradicionales siguen operando en zonas rurales y pequeñas localidades. Reciben una parte importante de la cosecha de los pequeños agricultores, sin controles rigurosos.
El aceite virgen extra, entre el 10% y el 15%
En el reparto territorial, la región de Fez-Mequinez concentra alrededor del 62% de la capacidad nacional de molturación y valorización, por delante de Marrakech-Safí, que representa cerca del 16%. El resto se distribuye entre las regiones de Tánger-Tetuán-Alhucemas, Oriental y Beni Melal-Jenifra.
El peso excesivo de las almazaras tradicionales repercute en la clasificación del aceite producido. Aunque el Ministerio de Agricultura prevé que se extraigan unas 200.000 toneladas de aceite de oliva, un 105% más, la alta calidad sigue siendo la excepción y no la norma.
Según las estadísticas de la federación profesional del sector, el aceite de oliva virgen extra representa apenas entre el 10% y el 15% de la producción nacional. Esto impide que las exportaciones marroquíes accedan a los segmentos de precios más altos de los mercados exteriores.
El aceite de oliva virgen representa entre el 25% y el 35% de la producción, mientras que los aceites corrientes suponen entre el 20% y el 25%.
El dato más preocupante corresponde al aceite lampante, cuya proporción oscila entre el 25% y el 40%. Esta categoría no es apta para el consumo directo sin refinar, debido a la baja calidad de sus características y a una acidez que supera los límites admitidos.
Este deterioro de la calidad está directamente relacionado con las condiciones de trabajo en las almazaras tradicionales. Las aceitunas se amontonan y se almacenan durante mucho tiempo en sacos de plástico antes del prensado, lo que favorece la fermentación espontánea y altera el sabor del aceite. A ello se suma la falta de un control preciso de la temperatura durante el prensado y el uso de equipos abiertos, que oxidan el producto. Las almazaras modernas, en cambio, emplean sistemas de centrifugación automatizados y cerrados que preservan los componentes naturales y el sabor auténtico.
Estos datos hacen necesario acelerar la modernización de las cadenas de transformación, sobre todo porque el mercado local absorbe por sí solo entre el 84% y el 85% del aceite producido. Las exportaciones siguen siendo modestas. En 2024, las de aceite de oliva virgen no superaron las 8.593 toneladas, por un valor aproximado de 79,7 millones de dólares.
El contrato-programa, vigente hasta 2030, busca corregir este desequilibrio estructural mediante inversiones de 16.900 millones de dirhams. El Estado contribuirá con 8.300 millones en forma de ayudas públicas.
Estos recursos deben permitir alcanzar una producción de 3,5 millones de toneladas de aceitunas y elevar a 100.000 toneladas las exportaciones de aceite de oliva y aceite de orujo.
Para los profesionales del sector, esta transformación depende de reducir la actividad desordenada de las almazaras tradicionales y de incentivar a los productores para que lleven su cosecha a las instalaciones modernas. El reto consiste en convertir estos millones de toneladas de aceitunas en un auténtico valor añadido y consolidar la presencia del aceite marroquí en el mercado internacional.
