GITEX Africa 2026: Marruecos esboza una «tercera vía» digital basada en la soberanía y el equilibrio

GITEX Africa 2026.

El 07/04/2026 a las 14h01

En Marrakech, la ministra Amal El Fallah Seghrouchni sitúa la inteligencia artificial en el centro de un reposicionamiento estratégico de Marruecos. Entre la reconfiguración geopolítica, la competencia tecnológica global y la ambición nacional, el Reino defiende una trayectoria propia, articulada en torno a una soberanía digital operativa y a un papel de equilibrio entre bloques.

Marrakech inaugura este martes 7 de abril una nueva edición de GITEX Africa en una configuración que va más allá del marco de un simple evento, para inscribirse en una lectura más amplia de las transformaciones económicas globales. Amal El Fallah Seghrouchni recuerda desde el inicio que «Marrakech, foco histórico del saber y del conocimiento científico, encarna hoy un puente vivo entre un legado intelectual antiguo y las promesas de un futuro impulsado por la innovación».

La dimensión del encuentro se mide por su envergadura, según la ministra, que anuncia «más de 50.000 participantes, incluidos responsables públicos, innovadores, inversores y pensadores de todo el mundo». Una concentración que, a su juicio, consolida GITEX Africa como «una plataforma estratégica imprescindible donde se dibujan las grandes orientaciones del futuro digital de nuestro continente».

Una dinámica que Chakib Alj confirma al destacar «un evento que sigue creciendo y reflejando con cada vez mayor precisión la profunda transformación de la economía digital africana». La destacada presencia europea y la implicación estructurada de los ecosistemas africanos evidencian, según él, «un cambio estructural: un continente que pasa progresivamente de ser usuario de tecnología a convertirse en actor de su desarrollo».

La centralidad de la inteligencia artificial constituye el hilo conductor de las intervenciones. Chakib Alj insiste en un cambio de naturaleza: «La inteligencia artificial ya no es una promesa lejana, es una infraestructura económica fundamental».

La magnitud del fenómeno se ilustra con una estimación global: «la IA podría añadir 7 billones de dólares al PIB mundial en la próxima década». Este cambio redefine la cuestión estratégica, ya que «la pregunta ya no es si hay que implicarse, sino a qué ritmo y con qué posicionamiento».

Amal Seghrouchni prolonga este análisis situando la IA en una recomposición más amplia de las relaciones de poder. «El mapa del mundo está cambiando», afirma, aludiendo a transformaciones que afectan a «los equilibrios tecnológicos, militares, científicos y económicos». La inteligencia artificial se convierte así en «una palanca de competitividad, un asunto de soberanía, un objeto de regulación y una nueva forma de vivir y gobernar».

Una competencia global impulsada por la inversión

La rivalidad tecnológica se manifiesta en primer lugar a través de la magnitud de los compromisos financieros. La ministra traza un panorama claro al señalar que «Estados Unidos moviliza recursos considerables», con «más de 67.000 millones de dólares en inversiones privadas dedicadas a la inteligencia artificial» y un programa industrial de «280.000 millones de dólares».

China, por su parte, sigue «una estrategia industrial igualmente ambiciosa», con «más de 100.000 millones de dólares en inversiones públicas y privadas acumuladas en IA». La Unión Europea, por su lado, combina innovación y regulación mediante «Horizon Europe» (95.500 millones de euros) y «Digital Europe» (7.500 millones de euros), al tiempo que prepara «un plan que podría alcanzar los 200.000 millones de euros».

Este contexto pone de manifiesto una realidad central: «la competencia tecnológica global es también una competencia de inversiones, de capacidades industriales y de soberanía científica».

Chakib Alj refuerza esta lectura al destacar las necesidades en infraestructuras: «responder a la demanda mundial de capacidad de cálculo requerirá inversiones de 5 billones de dólares en centros de datos de aquí a 2030». Para el presidente de la CGEM, la cuestión trasciende lo técnico para convertirse en «un asunto de desarrollo económico y social».

Marruecos reivindica una «tercera vía» digital

Frente a estos modelos dominantes, Amal Seghrouchni plantea una posición diferenciada. «Nuestra ambición no es situarnos como un peso ligero frente a pesos pesados. El reto es inventar un nuevo juego».

Este posicionamiento se conceptualiza claramente: «Es la tercera vía. Es la apuesta tecnológica marroquí al servicio del ciudadano». Un enfoque que no busca la dominación, sino «la capacidad de federar, de poner la innovación al servicio del desarrollo y del bien común».

Esta «tercera vía» se apoya en cuatro pilares definidos por la ministra: «una soberanía tecnológica operativa, una modernidad auténtica adaptada a las realidades económicas y sociales, una potencia tecnológica de equilibrio y una brújula estratégica para el diálogo internacional».

Esta orientación se inscribe en una lógica geopolítica asumida. Marruecos «se concibe como un puente entre el Norte y el Sur, entre el Este y el Oeste», consolidando su papel de interfaz en un entorno fragmentado.

La materialización de esta ambición se apoya en ventajas estructurales identificadas por los actores económicos. Chakib Alj destaca «casi un 45% de capacidad eléctrica instalada procedente de energías renovables», con un objetivo del «52%».

Este elemento resulta determinante en un contexto en el que «un gran centro de datos puede consumir tanta electricidad como una ciudad de tamaño medio». El acceso a una energía «abundante, estable y descarbonizada» se convierte así en «un factor decisivo de atractivo».

Este pilar energético se combina con otros activos: «una sólida infraestructura de telecomunicaciones, una conectividad internacional de calidad y una posición geográfica única en el cruce entre Europa y África». Todo ello contribuye a posicionar a Marruecos como «un hub regional para infraestructuras digitales y centros de datos».

Una estrategia nacional estructurada y un aumento de los medios

El enfoque gubernamental refleja un cambio de escala. «Entre 2021 y 2024, el presupuesto de inversión del sector pasó de 11 millones de dirhams a más de 1.700 millones», lo que supone «una transformación cualitativa».

Este impulso se enmarca en la estrategia Marruecos Digital 2030, basada en dos ejes. El primero es «un Estado digital al servicio del ciudadano», con iniciativas como «idara.ma», «Massar» o «Mahakim».

El segundo considera «la economía digital como motor de creación de valor y empleo». Las cifras apuntan a «148.500 empleos creados» y «más de 26.000 millones de dirhams en exportaciones de servicios». El objetivo es alcanzar «270.000 empleos» y «casi 40.000 millones de dirhams en exportaciones».

El apoyo al ecosistema emprendedor se articula mediante un dispositivo financiero estructurado, con «hasta 2.500 millones de dirhams de inversión en startups marroquíes».

Capital humano y despliegue sectorial de la IA

La cuestión de las competencias es central. El jefe del Gobierno indica que el número de titulados en el ámbito digital «se ha duplicado, pasando de 11.000 a 22.000». El programa «Job Interc» ha beneficiado ya a «más de 2.800 personas».

Chakib Alj insiste: «El verdadero riesgo no es la máquina, sino el déficit de competencias». Una visión que vincula directamente la transformación tecnológica con las políticas de formación.

La difusión de la IA en los distintos sectores confirma su arraigo económico. La industria del automóvil refleja «la convergencia entre sistemas industriales y tecnologías digitales», mientras que el sector financiero experimenta «una transformación impulsada por la automatización, la gestión del riesgo y la inclusión financiera».

La agricultura también aparece como estratégica, en un continente que dispone de «el 60% de las tierras cultivables no explotadas», donde la AgriTech se convierte en «una necesidad».

El auge del digital viene acompañado de nuevos desafíos. Chakib Alj advierte que «los ciberataques ya no son hipotéticos, ya están ocurriendo».

Por su parte, Amal Seghrouchni alerta del riesgo de fragmentación global ligado a la IA, susceptible de «conducir al repliegue» en un contexto de creciente competencia en torno a las cadenas de valor tecnológicas.

Todo ello conduce a una exigencia de gobernanza. «Si África no participa en la elaboración de las reglas de la IA, otros las definirán por ella», advierte Chakib Alj. La soberanía digital adquiere así una dimensión normativa, además de industrial.

La ambición marroquí trasciende el ámbito nacional para inscribirse en una lógica de mediación internacional. Amal Seghrouchni afirma que el Reino dispone de «activos únicos para convertirse en una plataforma internacional de diálogo sobre los grandes retos de la IA».

Este posicionamiento se basa en «la diversidad de sus alianzas» y en «una tradición de diálogo multilateral». Marruecos «ofrece más que un hub, ofrece un vínculo», concluye, en referencia a su capacidad para conectar distintos modelos tecnológicos.

Por Mouhamet Ndiongue
El 07/04/2026 a las 14h01