Se perfila así una ruptura significativa en los equilibrios del turismo mundial, marcada por la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio. Según Oxford Economics, cerca de 28 millones de viajes desde esta región podrían verse afectados en 2026. Esta situación, sumada a las perturbaciones del tráfico aéreo y a las incertidumbres en materia de seguridad, está modificando las decisiones de los viajeros, que se orientan hacia destinos considerados más seguros, entre ellos Marruecos.
Esta recomposición acelera además la regionalización del turismo global, con Europa concentrando el 60% de los viajes cancelados. Países tradicionalmente dependientes del turismo procedente de Oriente Medio, como Turquía, Francia o Reino Unido, se encuentran especialmente expuestos, lo que abre espacio para destinos alternativos en el Mediterráneo.
En este contexto, Marruecos se posiciona progresivamente como una opción de sustitución creíble, junto a otros destinos como Egipto o Túnez. No obstante, el Reino parte con ventaja gracias a su estabilidad y a su proximidad con los mercados europeos, factores que refuerzan su atractivo.
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Este reposicionamiento se inscribe en una trayectoria ya marcada por resultados sólidos. Los datos del HCP indican que la hoja de ruta turística 2023-2026 ha alcanzado, e incluso superado, sus principales objetivos antes de lo previsto, reflejando una aceleración estructural del sector.
La evolución de los indicadores confirma esta dinámica. Las llegadas turísticas rozaron los 20 millones en 2025, superando ampliamente el objetivo inicial de 17,5 millones fijado para 2026. Este crecimiento se ha traducido en un nivel récord de ingresos, con 138.000 millones de dirhams, es decir, 18.000 millones por encima de lo previsto, lo que apunta a una mejora del gasto medio por visitante.
El impacto también se deja sentir en el empleo. El sector turístico generó 894.000 puestos de trabajo directos en 2025, frente a los 802.000 registrados en 2022, lo que supone la creación de más de 92.000 empleos en tres años.
Esta evolución confirma el papel del turismo como motor económico, no solo en términos de generación de divisas, sino también como vector de empleo. En paralelo, el crecimiento se apoya en los principales mercados emisores europeos, como Francia, España, Reino Unido y Alemania, que siguen impulsando las llegadas.
Al mismo tiempo, factores como el aumento de los costes de transporte y las incertidumbres geopolíticas están favoreciendo destinos cercanos y competitivos. Marruecos se beneficia de este efecto de sustitución, consolidando su posición en el espacio mediterráneo.
No obstante, este crecimiento plantea nuevos desafíos. La presión sobre las infraestructuras, tanto hoteleras como de transporte, pone sobre la mesa la necesidad de reforzar la capacidad de acogida para acompañar el aumento de los flujos turísticos.
