La reforma de la clasificación hotelera entra en su fase más delicada. Concebida para alinear la oferta marroquí con estándares internacionales más exigentes, impone ahora una prueba real a todo el sector. Sobre el terreno, el reto ya no es comprender la reforma, sino adaptarse a ella en plazos cada vez más ajustados.
En el centro de esta transformación, cerca de 2.500 establecimientos están afectados, con una fuerte concentración en las categorías de 3 y 4 estrellas, que constituyen la base del parque hotelero nacional. Este segmento, clave en la economía turística, se encuentra hoy en primera línea frente a exigencias reforzadas en materia de calidad de servicio, digitalización y experiencia del cliente.
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Pero detrás de la ambición anunciada, la realidad sobre el terreno es más matizada. Mientras algunos establecimientos cuentan con los medios para evolucionar, otros, especialmente de tamaño medio o familiar, podrían enfrentarse a importantes limitaciones financieras y organizativas. A medida que se acerca la fecha límite, surge una cuestión clave en el sector. ¿Puede la reforma ser absorbida sin debilitar parte de la oferta turística marroquí?
Le360: ¿Los establecimientos, especialmente los de 3 y 4 estrellas, tienen los medios para adaptarse en los plazos previstos?
Zoubir Bouhout: La reforma de la clasificación hotelera en Marruecos afecta a un parque de aproximadamente 2.500 establecimientos turísticos, caracterizado por una fuerte concentración en las categorías intermedias. Más del 80% de los establecimientos pertenecen a los segmentos de 3 y 4 estrellas, es decir, alrededor de 2.000 hoteles, lo que refleja el peso estructural de estas categorías en el tejido hotelero nacional. Entre ellos, el segmento de 4 estrellas es predominante, con cerca de 1.525 establecimientos (61%), mientras que los de 3 estrellas representan unos 475 (19%), lo que confirma la centralidad de estos dos segmentos en la economía del sector y en los retos asociados a la reforma.
Esta configuración es determinante, ya que estos establecimientos constituyen el núcleo de la oferta de alojamiento en Marruecos y están directamente expuestos a las nuevas exigencias del sistema de clasificación, basado en estándares de calidad más estrictos que incluyen servicios, acogida, digitalización, accesibilidad y calidad global de la experiencia del cliente.
En este contexto, la capacidad de adaptación varía considerablemente según la ubicación del establecimiento, el tamaño de las estructuras, su nivel de organización interna y su capacidad de inversión. Los establecimientos más estructurados suelen disponer de recursos humanos y financieros que les permiten acometer mejoras progresivas. En cambio, una parte de los establecimientos de tamaño medio o familiar podría tener dificultades para asumir simultáneamente las exigencias técnicas, organizativas y administrativas en plazos cortos.
Así, aunque el marco de la reforma está claramente definido, su éxito dependerá en gran medida de la disponibilidad de mecanismos de acompañamiento técnico, financiero e institucional que permitan una transición progresiva y realista.
¿El coste de la adaptación puede afectar a la rentabilidad de los hoteles?
La reforma de la clasificación hotelera introduce un aumento significativo de las exigencias en materia de calidad de servicio, conformidad técnica, digitalización y experiencia del cliente. Estas nuevas obligaciones implican inversiones directas e indirectas importantes: renovación de infraestructuras, modernización de equipos, refuerzo de los sistemas de gestión y, sobre todo, formación del personal.
En un sector donde la rentabilidad ya depende en gran medida de la ubicación del establecimiento, de la estacionalidad y del nivel de ocupación, estos costes adicionales pueden ejercer una presión considerable sobre los márgenes, especialmente en los hoteles de 3 y 4 estrellas que constituyen la mayoría del parque afectado.
El impacto financiero dependerá, no obstante, de la capacidad de los operadores para transformar estas inversiones en valor añadido comercial, especialmente mediante una mejora progresiva del posicionamiento que permita aumentar los precios medios y la fidelización de la clientela.
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Sin un acompañamiento adecuado (financiación, subvenciones, ingeniería de proyectos), existe el riesgo de una presión sobre la rentabilidad a corto plazo, aunque los beneficios esperados sean positivos a medio y largo plazo.
¿Existe riesgo de salida del mercado para algunos actores?
La reforma se basa en un principio fundamental de alineación del sistema de clasificación con estándares de calidad reales y verificables, sustentados en auditorías y visitas misteriosas. En este marco, los establecimientos que no cumplan los requisitos mínimos se exponen a una revisión a la baja de su clasificación, e incluso a una reconsideración de su posicionamiento en el mercado.
En este contexto, el riesgo de fragilización se concentra especialmente en las zonas y establecimientos con menor rendimiento, en particular aquellos con tasas de ocupación y RevPAR inferiores a la media nacional. En 2025, aunque Marruecos registró una tasa media de ocupación del 61% y un RevPAR de 1.058 dirhams, estos resultados esconden importantes disparidades territoriales. El rendimiento está impulsado principalmente por Marrakech (71% de ocupación y 1.810 dirhams de RevPAR), Agadir (79% y 1.026 dirhams) y, en menor medida, Casablanca (60% y 663 dirhams), que concentran los niveles más elevados.
En cambio, otras regiones presentan una tasa de ocupación del 42% y un RevPAR de 809 dirhams, lo que refleja una debilidad estructural. Así, las zonas menos dinámicas aparecen como las más expuestas a los efectos de la reforma, ya que acumulan dificultades de ocupación y rentabilidad que pueden dificultar el cumplimiento de los nuevos estándares. Esta situación pone de manifiesto la vulnerabilidad de ciertos territorios y la necesidad de reforzar los mecanismos de apoyo para evitar un debilitamiento del parque hotelero.
No obstante, conviene subrayar que la reforma no busca excluir actores del mercado, sino reestructurar progresivamente la oferta en torno a estándares homogéneos y competitivos. El riesgo de salida existe sobre todo para aquellos operadores que no logren invertir ni adaptarse a las nuevas exigencias, especialmente en ausencia de apoyo específico.
¿Esta reforma puede influir en los precios de los establecimientos?
Uno de los efectos estructurales esperados es una revalorización global de la oferta hotelera. Al reforzar los estándares de calidad e introducir mayores exigencias en materia de servicio y experiencia del cliente, la reforma tiende naturalmente a reposicionar los establecimientos en segmentos de mayor valor.
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En este contexto, es posible un aumento progresivo de los precios medios, especialmente en los establecimientos que logren mejorar su posicionamiento. No obstante, esta evolución dependerá en gran medida de la dinámica de la demanda, de la competitividad del destino y de la capacidad del mercado para absorber esta revalorización.
No se trata, por tanto, de un efecto automático, sino de un ajuste estructural vinculado a la calidad real de la oferta y a la percepción de valor por parte del cliente.
¿Se puede mejorar la calidad del servicio sin invertir masivamente en formación?
La calidad del servicio es un elemento central del nuevo sistema de clasificación, que se basa cada vez más en la experiencia real del cliente y no únicamente en las infraestructuras. En este contexto, la formación desempeña un papel determinante.
Aunque ciertos avances pueden lograrse mediante ajustes organizativos o procedimientos internos, la mejora sostenible de la calidad del servicio requiere una inversión estructurada en competencias humanas, especialmente en atención al cliente, gestión de la relación con el cliente, digitalización y estándares internacionales.
Sin formación continua, resulta difícil garantizar una calidad homogénea y responder a las nuevas exigencias del sistema.
¿Dispone Marruecos hoy de las competencias necesarias para acompañar esta subida de nivel?
Marruecos ha iniciado en los últimos años un proceso estructurado de modernización de su sistema turístico, que incluye el refuerzo de las competencias institucionales y el acompañamiento de los actores del sector. Se han desarrollado dispositivos de apoyo para implementar el nuevo sistema de clasificación, en particular mediante programas de formación y asociaciones técnicas.
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Sin embargo, dada la magnitud de la reforma y la transformación esperada del parque hotelero, la cuestión de las competencias sigue siendo un reto clave. El país cuenta con una base sólida de experiencia, pero la generalización de las competencias necesarias para la mejora del nivel (ingeniería hotelera, gestión de la calidad, digitalización, etc.) sigue en proceso.
Así, el éxito de la reforma dependerá en gran medida de la capacidad para reforzar y difundir estas competencias a gran escala, especialmente a través de un sistema estructurado de acompañamiento y formación continua.
