Este 28 de febrero, Rima Hassan arremetió duramente contra Marruecos por su asumido alineamiento regional frente a Irán y por su acercamiento a Israel, Estados Unidos y las monarquías del Golfo. Ya en enero, difundía en Instagram historias en las que cargaba contra el Reino por «un nuevo acuerdo militar firmado con la entidad sionista» y por la intensificación de la cooperación en materia de seguridad. Pero la virulencia de su discurso actual contrasta con las zonas oscuras de su pasado. Porque antes de la pose, antes de la tribuna, antes del icono militante moldeado para los platós, los mítines y las redes sociales, hubo otra Rima Hassan, menos monolítica, más incierta e incluso muy atraída por aquello que hoy asegura detestar.
Su juventud, llena de vacíos y contradicciones, deja entrever una biografía completamente distinta: mentiras cuidadosamente silenciadas y vínculos inconfesables con Israel. En otra vida, admiró ese país y soñó con integrarse en la sociedad judía, tanto en Israel como en Francia. Esta cara oculta, revelada por la investigación de Nora Bussigny («Los nuevos antisemitas», Albin Michel, 2025), arroja una luz cruda sobre la doble personalidad de Rima Hassan.
Su primer amor, un judío
Su primer amor fue Raphaël, un francés judío cuya familia vivía en parte en Israel. Entre ellos, la amistad dio paso rápidamente a los sentimientos. Pero lo que podría parecer una historia banal adquiere un cariz singular, según las revelaciones de Raphaël. Según él, «ya desde el instituto, la joven estaba obsesionada con Israel», hasta el punto de que esa obsesión pesaba a menudo sobre su relación. La Rima Hassan de entonces estaba ávida por descubrir la cultura judía.
Leer también : Publicación. «Pigiste au Monde» de Tahar Ben Jelloun: crónica de una iniciación
Tomó clases de hebreo durante años, seguía con asiduidad las festividades del calendario judío y nunca dejaba de felicitárselas calurosamente a Raphaël y a su familia. En los mensajes recuperados por la periodista, aparece una persona de tono encantador y cálido, enviando por ejemplo «Shaná Tová, mi clase de hebreo ha sido cancelada», para celebrar el Año Nuevo judío, casi disculpándose por perder una lección de lengua. Ya se tratara de Yom Kipur, Rosh Hashaná o Sucot, Rima Hassan mostraba un evidente placer en recordar a Raphaël y a sus padres las fechas exactas de las celebraciones, mostrándose más celosa que su propio compañero por sentirse integrada en la cultura hebrea. Incluso llegó a confesar, en intercambios citados en la investigación, haber «desarrollado un amor por el pueblo judío».
En aquella época, Rima Hassan era estudiante de Derecho (con una modesta media de 12 sobre 20 en Derecho constitucional, como deja caer ella misma en un correo electrónico) y encadenaba pequeños trabajos —cajera, empleada en Domino’s Pizza— para financiar sus estudios. Nada la destinaba entonces a la política. Sus sueños parecían estar en otra parte: se imaginaba más bien como empresaria o gestora, al tiempo que alimentaba una curiosidad insaciable por la cultura israelí. Así, llegó a pedir a un allegado de Raphaël consejos para organizar un viaje a Israel con el fin de «reencontrarse consigo misma», según le dijo. La joven de entonces quería ver con sus propios ojos esa tierra y ese pueblo que tanto la fascinaban.
Raphaël, conmovido por el entusiasmo de su compañera por su mundo, llegó incluso a regalarle una estrella de David (Maguén David) como colgante, un símbolo religioso que se lleva al cuello como signo de pertenencia o de afecto. Rima aceptó ese regalo con emoción. Lo conservó celosamente, hasta el punto de seguir llevándolo, lejos de las miradas, muchos años después, como un talismán secreto de su primer amor. «Todavía lleva de vez en cuando mi Maguén David, como recuerdo», confirma Raphaël, que añade: «Incluso me decía que besara de su parte a mi abuela, que sin embargo era israelí. ¡Y se fue al Líbano [en 2024] con mi Maguén David al cuello!». Cuesta creer que se trate de la misma mujer que hoy difunde odio contra un pueblo al que quiso en su juventud.
Leer también : Publicación. «La main, l’argile et le feu»: Mohamed Métalsi celebra el arte vivo de Ahmed Serghini y los ceramistas de Safi
Su segundo amor antes de LFI: un soldado de Tsahal
La historia podría terminar en ese primer amor frustrado. Pero ese periodo no tiene nada de accesorio. Desdibuja el relato simplificado que la interesada podría querer imponer. La fascinación de Rima Hassan por el universo israelí no se apagó. En 2011, con 19 años, la joven fue todavía más lejos. En Facebook, contactó con un tal Yves (alias Ariel), un judío israelí de unos cincuenta años. Este hombre, mucho mayor que ella, le confesó desde el primer momento que era soldado de Tsahal, el ejército israelí, y que vivía en Israel. Lejos de incomodarla, esa revelación despertó en Rima un vivo interés, casi una excitación. Le confesó sin rodeos que él correspondía exactamente a lo que estaba buscando… ¡un soldado de Tsahal!
Entonces comenzó entre ambos una singular amistad epistolar. A pesar de la distancia, Rima Hassan se abría en sus mensajes a Yves como si fuera un confidente. Le hablaba de su vida, de sus dudas, de sus aspiraciones y de las inquietudes de una estudiante algo perdida. Su nuevo amor recuerda a una persona con sentimientos ambiguos hacia Israel: «Tenía sentimientos ambivalentes respecto a Israel, una especie de fascinación y rechazo», confió Yves a la periodista. De ese amor confuso, Yves fue un testigo privilegiado.
En aquella época, Rima intentó un primer gesto de compromiso político al querer viajar a Palestina con el colectivo EuroPalestine, conocido por sus acciones propalestinas en Francia. Entonces propuso a Yves encontrarse con él en el aeropuerto durante su viaje a Tel Aviv. El hombre, prudente, rechazó la cita. Rima insistió e incluso contempló la posibilidad de «dejarle un paquete a su nombre» allí mismo, algo que él le desaconsejó firmemente. Esta anécdota ilustra hasta qué punto, a los 19 años, Rima Hassan estaba dispuesta a asumir todas las contradicciones: partir a manifestarse por Palestina y, al mismo tiempo, citarse con un soldado israelí, como si buscara desesperadamente reconciliar lo irreconciliable o moverse entre dos posiciones opuestas a la vez.
En esta etapa de su vida, Rima todavía no sabía qué camino seguir. «Aún no pensaba en la política», señala Yves, y no tenía la idea de convertir la causa palestina en el capital político que más tarde extraería de ella. La joven se interrogaba sobre su propia existencia. Confiaba a su interlocutor la precariedad de su vida estudiantil, zarandeada entre unas clases exigentes y los pequeños trabajos que iba encadenando para pagar el alquiler. Camarera, vendedora ocasional, todavía se estaba buscando, lejos de la arena pública. «Estoy seguro de que no era antisemita [en 2012], pero desde que se unió a La Francia Insumisa, está irreconocible y parece haber sido instrumentalizada», asegura hoy Yves, incapaz de reconocer en la dirigente radical de 2025 a la dulce estudiante filojudía que conoció. Esta frase resuena como la constatación apenada de alguien cercano que lamenta una forma de corrupción moral.
Leer también : Dan Illouz, miembro de la Knesset: Marruecos–Israel, una alianza que incomoda… y que se impone
Yves no es el único que emite ese juicio. Entre líneas, es todo el relato de Nora Bussigny el que dibuja la imagen de una Rima Hassan transformada, que ha pasado de ser una curiosa admiradora de Israel a una pasionaria antiisraelí. Mientras mantenía su relación con Raphaël, señala la investigadora, «Rima Hassan parece haberse propuesto conocer a otros hombres judíos, a veces mucho mayores». En un correo electrónico con apariencia de ruptura, Rima Hassan escribe a Raphaël: «No creas que no he conocido a otros israelíes». Ese comportamiento llama la atención. La Rima Hassan joven adulta multiplicaba relaciones y amistades en el campo opuesto al que más tarde diría defender. Su historia personal, hecha de idas y venidas entre dos mundos, aparece como el terreno fértil de una identidad doble. La fascinación de ayer se ha transformado hoy en un odio exhibido, provocando tanto estupor como consternación entre quienes la conocieron «antes».
Palestina, un negocio rentable
La trayectoria de Rima Hassan tiene una dimensión trágica. Pero tampoco excluye una forma de cálculo frío. Detrás de ese giro oportunista se perfila una empresa rentable. Tras pasarse al lado oscuro de la ideología, apoyando a Hezbolá, Hamás y compañía, Rima Hassan ha sabido sacar provecho de su nueva estatura de militante intransigente. Eurodiputada y figura mediática, no duda en monetizar su presencia y su aura militante. Palestina se ha convertido para ella en un auténtico negocio. Su feroz defensa de los oprimidos va acompañada, de manera discreta pero segura, de suculentas retribuciones económicas.
Así ocurrió con su participación en el festival de arte contemporáneo Jaou Tunis 2024. Invitada en calidad de «artista», pese a no serlo, Rima Hassan presentó allí un proyecto fotográfico titulado «Nakba Survivor», una serie de retratos de refugiados palestinos. El evento le reportó importantes beneficios. Según revelaciones de la prensa francesa, Rima Hassan fue remunerada con mayor generosidad que todos los demás participantes por exponer unas cuantas fotografías. En realidad, lo que se pagaba a precio de oro era su presencia como diputada europea. La fundación del multimillonario Kamel Lazaar, que financia el festival, justificó ese apoyo explicando que «Rima es una intelectual palestina con un discurso auténtico».
Ya en mayo de 2023 había firmado un atractivo contrato con la editorial Éditions des Équateurs para escribir un relato autobiográfico que nunca vería la luz… También ahí la causa palestina resultó lucrativa. Según la prensa, percibió una parte del anticipo de ese futuro libro y, además, la Fundación Kamel Lazaar le abonó 10.000 euros adicionales. Un doble pago nada despreciable por unas memorias antes incluso de haber sido escritas. A día de hoy, sin embargo, la editorial sigue sin recibir el manuscrito.
Leer también : Marruecos en el Consejo de Paz: reflejo de una diplomacia «dinámica y objetiva», según Mohamed Bouden
Paralelamente, la activista supo diversificar sus fuentes de ingresos. En 2019 fundó una ONG llamada Observatorio de los Campos de Refugiados (O-CR), que atrajo rápidamente a simpatizantes. La organización, oficialmente dedicada al estudio y la defensa de los refugiados en el mundo, cuenta hoy con varios cientos de miembros que pagan sus cuotas, además de generosos donantes. Rima Hassan supo movilizar la caridad del público al tiempo que se beneficiaba de la visibilidad que le ofrecía su posición de eurodiputada, creando una estructura financiada por los ciudadanos y que ella dirigió durante mucho tiempo como presidenta.
Como para cerrar el círculo de esta sorprendente reconversión, Rima Hassan tampoco dudó en poner su experiencia al servicio de intereses privados, bien remunerados. Hasta noviembre de 2023, trabajó como asesora del grupo L’Oréal en cuestiones de diversidad e inserción de los refugiados. Imaginar a la feroz detractora de Israel colaborando con una multinacional de cosméticos puede resultar sorprendente, pero es la realidad: Rima vendía su historia y su imagen de especialista en refugiados, a cambio de una remuneración, a una empresa del CAC 40 preocupada por reforzar su perfil humanitario. Una línea más en su currículum y un ingreso cómodo adicional. Y todo eso no es más que la parte visible del iceberg económico…
Sin embargo, el verdadero beneficio que obtiene de esta causa es, ante todo, político. Palestina le sirve como plataforma de lanzamiento, como marcador identitario y como combustible electoral. Tanto en Francia como en Bruselas, Rima Hassan prospera a base de consignas, posturas incendiarias, estallidos verbales cuidadosamente calibrados y apariciones públicas concebidas para polarizar el debate. Cada polémica aumenta su visibilidad, cada exceso consolida su personaje y cada enfrentamiento refuerza su capital militante. Incluso cuando la tensión desborda el terreno verbal, como mostró trágicamente la muerte de Quentin Deranque, ocurrida al margen de una conferencia de la eurodiputada en Lyon en febrero de 2026. En su caso, la causa palestina no es solo una renta simbólica o material: es, sobre todo, un acelerador de carrera, una máquina de conquista y un negocio político temiblemente rentable.
