Marruecos ha ido consolidando en los últimos años una posición estratégica de primer orden en el tablero internacional, especialmente en el Sahel y en Oriente Medio, apoyado de manera creciente por Estados Unidos. Así lo señala La Razón en un artículo firmado por Luis Feliu Bernárdez, general de brigada, consultor independiente en seguridad y defensa y vicepresidente de la Academia de Ciencias y Artes Militares.
En su análisis, Luis Feliu Bernárdez sitúa el ascenso diplomático y geoestratégico de Rabat en un contexto marcado por la retirada progresiva de Francia del Sahel y por la falta de iniciativa de España para ejercer liderazgo en su entorno estratégico más inmediato. Este vacío, sostiene, ha sido aprovechado por Marruecos para asumir un papel activo, tanto en materia de seguridad regional como en los grandes equilibrios diplomáticos.
Uno de los ejes centrales del análisis es el papel de Marruecos como barrera de contención frente a los movimientos yihadistas salafistas que operan en el Sahel. El país, afirma Feliu Bernárdez, se encuentra «en una posición privilegiada para ejercer de escudo y control de los movimientos yihadistas salafistas que proliferan en el Sahel, para protegerse y con ello proteger a España y a Europa». Esta función, añade, es «especialmente interesante y apreciada por los Estados Unidos», aunque sigue siendo «poco reconocida y valorada en España».
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El consultor subraya que esta capacidad de contención se apoya también en una especificidad religiosa propia del reino alauí. Recuerda que «el islam marroquí es de creencia mayoritaria de rito malaki y sufí, es decir, moderado y pacífico», lo que lo aleja ideológicamente tanto del yihadismo salafista predominante en el Sahel como de otras corrientes sunníes o chiíes especialmente conflictivas en Oriente Medio. Este factor, sostiene, explica en parte la coherencia de las posiciones internacionales adoptadas por Rabat.
Una relación sólida con Washington
Pese a las tensiones persistentes con España en cuestiones como la inmigración irregular o las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla, La Razón destaca que Washington mantiene una percepción positiva de Marruecos. En palabras de Feliu Bernárdez, Estados Unidos «ve con buenos ojos las posiciones políticas que toma Marruecos», especialmente en escenarios sensibles como Oriente Medio o el Sahel. De ahí que Washington actúe como moderador de ciertas reivindicaciones marroquíes, en particular en el dossier del Sáhara.
El artículo también pone el foco en la estrategia de influencia religiosa y cultural desplegada por Marruecos en África subsahariana. Rabat está invirtiendo en escuelas coránicas de interpretación sufí en varios países del Sahel, una apuesta que, según el autor, puede contribuir a difundir una visión del islam moderada y estabilizadora. Esta política se inscribe en un contexto en el que la salida de Francia del espacio francófono africano y la pasividad española han abierto una ventana de oportunidad para Marruecos, «respaldado por los Estados Unidos».
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En el plano militar, Feliu Bernárdez relativiza la inquietud que genera en España el rearme marroquí. A su juicio, Rabat «se rearma mirando a su vecino Argelia, que también lo hace», con el objetivo de mantener el equilibrio de fuerzas regional y, sobre todo, de enviar «un mensaje claro a los yihadistas del Sahel de que no está dispuesto a injerencia alguna de grupos salafistas en Marruecos».
La proyección internacional del reino quedó especialmente patente, según La Razón, en la reunión celebrada el pasado 19 de febrero en Washington sobre el proceso de paz y la estabilidad en Gaza. En ese encuentro, Marruecos emergió como un actor de peso gracias a su capital diplomático y militar. Aunque «no es el mayor donante en dinero ni aporta el contingente militar más numeroso» a la Fuerza Internacional de Estabilización para Gaza (ISF), el autor subraya que Rabat es «el actor que conecta la seguridad con los principales centros de poder e influencia para la resolución del conflicto».
Marruecos resulta clave, explica el consultor, por su interoperabilidad con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y por su experiencia en misiones multinacionales. Además, apoya la iniciativa del presidente estadounidense Donald Trump para la reconstrucción de Gaza y defiende la apertura de un proceso de paz en Oriente Medio.
La Razón concluye que Marruecos es hoy «el actor musulmán mejor posicionado» dentro de la fuerza internacional y uno de los más influyentes en el Sahel, con el respaldo explícito de Estados Unidos. El autor cierra su análisis con una comparación directa entre la capacidad de actuación real de Rabat y Washington y lo que define como la retórica estéril en España. «Facta, non verba», concluye el consultor.



