Hay dirigentes que acceden a la primera línea política tras haber ejercido durante largo tiempo su influencia en los engranajes de la administración. La trayectoria de Fouzi Lekjaa se ha construido en el núcleo de la maquinaria presupuestaria, allí donde se preparan las leyes de finanzas, se negocian las partidas ministeriales y se confrontan las prioridades gubernamentales con los recursos disponibles. Su nombramiento al frente del Ministerio de Economía, Finanzas y Eficiencia Pública consagra esta senda, al tiempo que amplía considerablemente su ámbito de responsabilidad.
A sus 56 años, quien durante años articuló los arbitrajes presupuestarios del Estado está llamado ahora a asumir la responsabilidad política a escala de un departamento central. Sin embargo, la propia denominación de sus nuevas funciones subraya una ambición que trasciende la mera gestión de los equilibrios financieros: velar por que los recursos públicos generen resultados medibles, que las políticas impulsadas se ejecuten con eficacia y que los medios movilizados respondan a los objetivos anunciados.
De la agronomía a las finanzas públicas
Nacido el 23 de julio de 1970 en Berkane, Fouzi Lekjaa cursó estudios de ingeniería agrónoma en el Instituto Agronómico y Veterinario Hassan II, donde se graduó en 1994. Prosiguió su formación en la Escuela Nacional de Administración antes de ingresarse, en 1997, en la Inspección General de Finanzas. Su entrada en el universo de la hacienda pública marcó el inicio de una ascensión profesional cimentada en la gestión de expedientes técnicos y un conocimiento progresivo de los mecanismos del Estado.
Posteriormente se incorporó a la Dirección de Presupuesto, donde desempeñó diversas responsabilidades hasta su nombramiento como subdirector en junio de 2010 y, más tarde, como director en enero de 2011. Permanecería casi once años al frente de esta dirección estratégica. Durante este periodo adquirió un profundo dominio del gasto estatal, las políticas sectoriales y los arbitrajes entre las prioridades del Ejecutivo y los recursos disponibles; una experiencia que constituye hoy el pilar de su nuevo cometido.
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En octubre de 2021, Lekjaa dejó los bastidores de la administración para sumarse al Gobierno como ministro delegado encargado del Presupuesto. Este cambio de estatus no alteró sustancialmente su terreno de actuación, pero sí amplió su alcance: quien antes preparaba los documentos presupuestarios pasó a defenderlos ante los legisladores y a explicar públicamente las decisiones del Ejecutivo.
A lo largo de los sucesivos proyectos de ley de finanzas, su rostro se volvió indisociable de los debates sobre ingresos fiscales, gasto público, inversión y financiación de políticas sociales. Intervino en primera línea en las discusiones presupuestarias, dando respuesta a las críticas, justificando los arbitrajes y detallando las restricciones que pesaban sobre las arcas del Estado.
Ministro de pleno derecho
Su cargo de ministro delegado no le impidió desempeñar un papel central en la conducción de estos asuntos. En los círculos políticos y económicos se le llegó a definir como el «verdadero ministro de Finanzas» del Gobierno saliente, reflejo del peso adquirido en las negociaciones presupuestarias, al margen de la amplitud de competencias que asume ahora como ministro de pleno derecho.
Una ley de finanzas no se reduce a una sucesión de tablas y proyecciones; plasma decisiones políticas, fija prioridades y pone de manifiesto los consensos alcanzados por un Gobierno. Dominar los procedimientos y las cifras permite estructurar las decisiones, pero su aplicación exige además coordinar las administraciones, supervisar el gasto y evaluar el impacto de las políticas financiadas.
A esa articulación entre preparación presupuestaria, decisión política y ejecución remite ahora la denominación de su ministerio. La eficiencia pública sitúa en primer plano una cuestión complementaria a la de la financiación: ¿permiten los recursos comprometidos alcanzar los resultados previstos? La respuesta depende en gran medida de la calidad de la programación, de la capacidad de la administración para ejecutar los créditos y de la posibilidad de medir el impacto del gasto en la ciudadanía y el tejido empresarial.
La apuesta política del PAM y la prueba de las cifras
Esta trayectoria presupuestaria situó asimismo a Fouzi Lekjaa en el centro de la campaña electoral del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) con vistas a las legislativas del 23 de septiembre de 2026. A pocas semanas de los comicios, el responsable de Presupuesto se convirtió en uno de los principales portavoces del programa económico y social de su formación, asumiendo la defensa de sus metas y la explicación de su viabilidad financiera, especialmente ante la representación patronal.
El PAM presentó su programa para el periodo 2027-2031 como un compromiso cuantificado, estructurado en torno a cinco pactos estratégicos y dotado de un volumen global anunciado de 350.000 millones de dirhams en cinco años.
La concreción de semejante cuantía planteó de inmediato una cuestión clave: ¿de dónde procederán los recursos necesarios y bajo qué condiciones podrán alcanzarse los objetivos? Fue en este terreno donde Lekjaa volcó sus mayores esfuerzos. Lejos de limitarse a transmitir las promesas de su partido, defendió la arquitectura financiera, detalló las hipótesis de financiación y respondió a los interrogantes sobre la sostenibilidad de los compromisos adoptados.
Transformar los recursos en resultados
En Azilal, Berkane y Dakhla, y posteriormente ante la Confederación General de Empresas de Marruecos (CGEM), multiplicó sus intervenciones para detallar el programa y fundamentar su coherencia. El 10 de septiembre, en Casablanca, participó en el arranque de la campaña del PAM abogando por un giro en la acción gubernamental y situando el poder adquisitivo, la sanidad, la educación y la inserción juvenil en el centro del debate.
Esta etapa electoral marcó un punto de inflexión en su recorrido. Su implicación contribuyó a dotar al PAM de una visibilidad singular en el plano económico, situando el cálculo y la financiación de los compromisos en el eje de su discurso. Sin embargo, puso también de relieve una exigencia trascendental para sus nuevas funciones: la credibilidad de un programa no se mide únicamente por los fondos que prevé movilizar, sino por la capacidad de la acción pública para transformar esos medios en resultados tangibles.
La cuestión de la eficiencia pública cobra aquí todo su calado. Un incremento en los presupuestos de sanidad o educación no garantiza, por sí solo, una mejora equivalente en la prestación de los servicios; resulta indispensable que los créditos se destinen correctamente, que los proyectos se ejecuten en plazo y que sus efectos sean evaluables. Este es precisamente uno de los retos que aguardan al nuevo ministro, en el equilibrio entre las ambiciones defendidas en campaña y las exigencias de su puesta en práctica.
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La solvencia técnica con las cifras no siempre basta para resolver escenarios complejos; es preciso además saber traducir las demandas en acuerdos viables y los compromisos negociados en medidas con cobertura presupuestaria. En este ámbito, Fouzi Lekjaa también desempeñó un rol determinante, de manera señalada durante las negociaciones sociales lideradas por el Ejecutivo en los sectores de educación y sanidad.
Fue en el expediente educativo donde esta faceta adquirió mayor visibilidad. En el otoño de 2023, en un contexto de paros que paralizaban parte de los centros escolares, el ministro delegado de Presupuesto se integró en la comisión ministerial encargada de negociar con las centrales sindicales. Las conversaciones abordaron el estatuto unificado del personal de Educación Nacional, las reivindicaciones sectoriales y las revalorizaciones salariales.
El 26 de diciembre de 2023, Lekjaa firmó, junto a los ministros Chakib Benmoussa y Younes Sekkouri, el acuerdo alcanzado con cinco organizaciones sindicales del sector, que contemplaba un incremento mensual neto de 1.500 dirhams para el cuerpo docente, distribuido en dos anualidades.
Programación presupuestaria
Su intervención no se limitó a la negociación política, sino que implicó la plasmación financiera de las concesiones asumidas por el Gobierno. Las subidas salariales y las medidas sectoriales debían ser cuantificadas, integradas en la programación presupuestaria y armonizadas con el resto de compromisos del Estado; un encaje entre diálogo social y sostenibilidad financiera donde su experiencia como director de Presupuesto adquirió pleno valor.
Un esquema similar se replicó en el ámbito sanitario. El 24 de febrero de 2022, Lekjaa participó en la firma del acuerdo entre el Ministerio de Sanidad y las centrales sindicales del sector tras diversas jornadas de diálogo social.
La incorporación de la eficiencia pública a la denominación del ministerio otorga una dimensión singular a este perfil profesional. Si hasta ahora su cometido se asociaba a la elaboración presupuestaria, la captación de ingresos y la defensa de los arbitrajes financieros, sus nuevas atribuciones lo sitúan en una perspectiva más amplia: la eficacia del gasto público y los resultados reales derivados de los recursos del Estado.
El alcance operativo de esta nueva competencia dependerá de su articulación con los organismos correspondientes y los restantes departamentos ministeriales. La eficiencia pública no compete a un único ministerio, sino que compromete al conjunto del Ejecutivo, a los responsables de programas y a las estructuras encargadas de ejecutar las políticas públicas, planteando un desafío tanto presupuestario como organizativo.
Marruecos 2030, más allá del ámbito deportivo
Otro expediente ilustra la capacidad de Fouzi Lekjaa para actuar en la confluencia de diversas políticas públicas: la Copa del Mundo 2030, que Marruecos coorganizará junto a España y Portugal.
Designado en octubre de 2023 por el rey Mohamed VI para presidir el Comité Copa del Mundo 2030, asumió el seguimiento de un proyecto que desborda la organización de un evento deportivo. Infraestructuras, transportes, equipamientos, servicios y coordinación interadministrativa constituyen los ejes de una iniciativa cuyos efectos deben perdurar más allá de la cita mundialista.
La creación de la Fundación Marruecos 2030 profundiza en esta línea. El proyecto de ley para la constitución de esta entidad, presentado por Lekjaa en julio de 2025, busca coordinar y supervisar los trabajos vinculados a las grandes competiciones internacionales, velando por el cumplimiento de los compromisos asumidos por el Reino. El objetivo expreso consiste en convertir el Mundial en un dinamizador del desarrollo que movilice a actores públicos, entidades territoriales y sector privado.
Utilidad duradera
Este proyecto conecta directamente con sus nuevas atribuciones. La financiación de infraestructuras, la planificación de inversiones y la supervisión de su ejecución corresponden a los grandes equilibrios económicos y presupuestarios. No obstante, el reto de la eficiencia pública resulta igualmente determinante: se trata de cumplir los plazos, optimizar costes, coordinar a las partes implicadas y garantizar que los equipamientos construidos atiendan necesidades a largo plazo.
El éxito de este esfuerzo colectivo no se evaluará únicamente por el cumplimiento del pliego de condiciones de la FIFA o la entrega puntual de las obras, sino por su utilidad duradera para los territorios, las empresas y los ciudadanos, así como por su capacidad para generar un retorno económico a la altura de los recursos invertidos.
Fouzi Lekjaa asume así la jefatura de un ministerio cuyos engranajes conoce a la perfección, pero cuyas ampliadas competencias le exigen ir más allá del ejercicio del arbitraje. Su cometido consistirá en hacer converger la disciplina presupuestaria, las ambiciones económicas y la eficacia de la acción pública. En esa capacidad para vincular las cifras con los resultados reales se medirá, a partir de ahora, el alcance de su gestión.
