Hamma Salama y el Terrorist Designation Act: «el jefe del Estado Mayor» del Polisario en el centro de la investigación estadounidense

Hamma Salama Ali Salem.

El 04/04/2026 a las 15h45

Los Estados Unidos han abierto una investigación formal con vistas a incluir al Polisario en la lista internacional de organizaciones terroristas. En el centro de este expediente destaca un nombre: Hamma Salama Ali Salem, nombrado hace unos días «jefe del Estado Mayor» de las milicias por Brahim Ghali. Su biografía, marcada por un pasado sangriento, su fulgurante ascenso en los campamentos de Tinduf y, sobre todo, sus vínculos documentados con la Fuerza Al-Qods iraní y con Hizbulá constituyen los argumentos más contundentes que Washington explota hoy.

Detrás de las supuestas misiones diplomáticas que lo llevan con frecuencia a América del Sur, los investigadores estadounidenses ven perfilarse una red de coordinación terrorista que la administración estadounidense ya no puede ignorar. La investigación abierta por Washington apunta directamente a los dirigentes del Polisario y sitúa a Hamma Salama Ali Salem en primera línea entre las figuras más peligrosas. Su reciente nombramiento como «jefe del Estado Mayor», fruto de una reestructuración militar en marzo de 2026, fue interpretado de inmediato por la CIA como una señal de alarma. A lo largo de su trayectoria, ha concentrado en sus manos los resortes militares y de seguridad del movimiento separatista, en una carrera donde cada etapa ha reforzado el carácter represivo y armado del Polisario.

Es en este contexto donde Hamma Salama adquiere otra dimensión. Porque el texto no apunta únicamente a un movimiento abstracto. Abre potencialmente la puerta a examinar sus cadenas de mando, sus apoyos externos, sus figuras de decisión y sus engranajes logísticos. Y Hamma Salama no es un actor secundario, sino alguien situado en la cúspide del aparato militar justo en el momento en que Washington trata de documentar las conexiones exteriores del Polisario con Teherán.

Los informes internos que Washington recopila sobre Hamma Salama responden punto por punto a esos criterios: vínculos directos con los Guardianes de la Revolución iraní, en particular con la Fuerza Al-Qods, papel central en la represión de los campamentos de Tinduf y control absoluto del aparato de seguridad. La investigación en curso lo convierte en el hilo conductor que une el pasado sangriento del Polisario con su presente operativo. Su trayectoria refleja la lógica de un aparato que recicla a los mismos hombres entre funciones destinadas a controlar los campamentos, dirigir la organización interna y sostener la línea militar.

De veterano de la vieja guardia a jefe del Estado Mayor: el ascenso de un criminal

Nacido hacia 1950 en El Aaiún, Hamma Salama inició su carrera militar en la vieja guardia del Polisario. A mediados de los años setenta se incorpora al movimiento separatista y asciende progresivamente hasta controlar el mando de la «3.ª región militar». Tras el alto el fuego de 1991, participa activamente en la reconfiguración interna del movimiento. En 1995, tras el 9.º congreso, entra en el secretariado nacional. Observadores y servicios de inteligencia lo describen entonces como «un hombre del sistema», uno de los colaboradores más cercanos de Mohamed Abdelaziz, y ya en esa época la CIA lo considera el número dos del Polisario. A partir de la década de 2010, pasa a dirigir la «2.ª región militar». En marzo de 2020 se convierte en presidente del Consejo Nacional Saharaui y es reelegido en 2023. Estas funciones le han permitido controlar simultáneamente la seguridad interna de los campamentos, las milicias armadas operativas en el Sáhara y los resortes legislativos.

Es precisamente este ascenso continuo el que Washington pone en relieve en el Terrorist Designation Act. Cada promoción ha reforzado su control sobre un aparato que, lejos de democratizarse, se ha militarizado aún más. Su reciente nombramiento como jefe del Estado Mayor culmina esta concentración de poder: quien dirigía la seguridad de los campamentos pasa ahora a encabezar todo el «ejército» del Polisario. Para los investigadores estadounidenses, ya no se trata de un jefe miliciano más, sino del eje operativo que conecta la represión interna con las alianzas exteriores.

El señor de los campamentos: represión, cárceles secretas e impunidad como pruebas de terrorismo

En los campamentos de Tinduf, Hamma Salama ha encarnado la cara más oscura del poder. Al frente de los servicios de seguridad interna, informes de ONG internacionales desde los años ochenta documentan torturas, detenciones arbitrarias y trabajos forzados, especialmente contra soldados marroquíes capturados. Tras el alto el fuego, estas prácticas no desaparecen. Persisten de forma más discreta, pero igual de sistemática.

Los testimonios recogidos por la Coalición Saharaui para la Defensa de las Víctimas de la prisión Rachid son contundentes. Ahmed Mohamed Lkher, fundador del Polisario convertido en disidente, pasó catorce años en esas cárceles, diez de ellos en aislamiento, sometido a torturas —extracción de dientes, quemaduras— y testigo de ejecuciones colectivas. Abdellah El Yamani, otro superviviente, no recibió su primera carta hasta pasados dieciséis años, donde supo de la muerte de sus padres; señala directamente a Hamma Salama como responsable de las violaciones cometidas. La propia prisión Rachid, cerrada solo tras denuncias internacionales, simboliza esa maquinaria de terror que Salama dirigió de cerca.

En 2023, durante una conversación recogida por el blog del académico catalán Xavier Rius Sant, cuando aún presidía el «parlamento saharaui», Hamma Salama declaró abiertamente que el Polisario no podía conceder derechos sociales ni instaurar la democracia mientras los habitantes de los campamentos dependieran de la ayuda humanitaria. Una afirmación fría y calculada que revela la voluntad de mantener a la población en dependencia total para preservar el control militar y de seguridad.

Los investigadores del Terrorist Designation Act consideran este control un elemento clave del carácter terrorista del movimiento. El informe independiente de Ignacio Ortiz, presentado en la 57.ª sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, calificó el régimen de los campamentos como un «régimen de terror» instaurado con «la complicidad de Argelia». Los casos del bloguero Salem Maalainine Souid, detenido en abril de 2023 por denunciar el desvío de ayuda, y del activista Fadel Breika, torturado en 2019 tras intervenir ante la ONU en Ginebra, ilustran una represión que continúa. Washington ve en ello la huella de un aparato del que Hamma Salama Ali Salem sigue siendo el principal artífice.

El vínculo iraní: la Fuerza Al-Qods, Hizbulá y los viajes a América Latina

Es, sin embargo, en el plano internacional donde la investigación estadounidense encuentra su material más sensible. Hamma Salama es el principal interlocutor de los hombres de Esmail Qaani, jefe de la Fuerza Al-Qods, brazo exterior de los Guardianes de la Revolución iraní. Está en el centro de las conexiones entre el Polisario y Teherán. Cercano a Hizbulá, representa, según los documentos reunidos por Washington, el enlace directo entre el movimiento saharaui y estas dos entidades consideradas terroristas por Estados Unidos.

Sus frecuentes viajes a América del Sur, presentados como misiones diplomáticas, son examinados con especial atención. Detrás de la fachada oficial, los servicios estadounidenses ven oportunidades de coordinación operativa con redes respaldadas por Irán bien implantadas en el continente latinoamericano. Estos desplazamientos, lejos de ser inocuos, permiten a Hamma Salama mantener y ampliar los canales que conectan los campamentos de Tinduf con la Fuerza Al-Qods y Hizbulá. La investigación del Terrorist Designation Act documenta estas conexiones como una amenaza directa: un movimiento que se presenta como separatista, pero que teje alianzas con los principales exportadores de terrorismo regional, ya no puede reclamar legitimidad política.

El nombramiento de Hamma Salama Ali Salem como jefe del Estado Mayor refuerza aún más esta lectura. El hombre que controla ahora el aparato militar del Polisario es también quien, desde hace años, asegura el vínculo con Teherán. Para Washington, ya no se trata de un riesgo potencial, sino de una realidad operativa constatada.

El Polisario Front Terrorist Designation Act no se limita a señalar una afinidad ideológica con Irán. Apunta a cooperaciones materiales, operativas y técnicas, especialmente en materia de drones, armamento e inteligencia. Para establecer un entramado de este tipo, es necesario identificar responsables o nodos dentro de la organización. Y el nombre de Hamma Salama emerge con claridad. Este veterano que ha atravesado todas las capas del aparato se convierte en una puerta de entrada privilegiada para entender la arquitectura del movimiento. Desde la perspectiva de la CIA, Hamma Salama representa un punto de observación clave sobre cómo el Polisario articula su aparato militar, su estructura de seguridad y su fachada política.

Su trayectoria abarca prácticamente todos los ámbitos que este texto pretende analizar: mando militar, funciones de seguridad, presencia en la dirección política y exposición diplomática. Es una inferencia que impulsa la investigación. El conjunto de elementos acumulados —ascenso militar constante, control represivo de los campamentos, vínculos estructurales con la Fuerza Al-Qods y Hizbulá, viajes a América del Sur bajo cobertura diplomática— cristaliza hoy en una cuestión central: Hamma Salama Ali Salem se convierte en el nodo donde convergen la violencia interna y las alianzas exteriores del Polisario.

Por Karim Serraj
El 04/04/2026 a las 15h45