El periodista y ensayista Ignacio Ramonet ha trazado un amplio diagnóstico sobre la evolución de Marruecos tras más de quince años sin visitar el país, en una entrevista en la que combina análisis político, económico y geoestratégico. «Veo una transformación muy importante en un país con progresos en muchos dominios», afirma, insistiendo en que Marruecos atraviesa una fase de desarrollo acelerado que lo distingue en su entorno regional.
Uno de los elementos centrales de su análisis es la estabilidad política del Reino. Ramonet subraya que, a diferencia de otros países del norte de África y del mundo árabe, Marruecos no ha vivido guerras civiles ni grandes episodios de desestabilización en las últimas décadas.
El periodista atribuye esta continuidad a la evolución institucional desde la independencia en 1956 y al papel de la monarquía, con la sucesión de Mohamed V, Hassan II y Mohammed VI. Según su lectura, esta estabilidad ha sido clave para sostener el crecimiento económico y las reformas estructurales.
De potencia agrícola a economía diversificada
Ramonet recuerda que Marruecos ha sido históricamente un país agrícola, pero destaca su capacidad para diversificar su economía. Señala que el Reino se ha consolidado como un actor relevante en la exportación de productos agrícolas hacia Europa, al tiempo que ha desarrollado sectores industriales y energéticos.
En este sentido, pone el acento en el papel estratégico de los fosfatos, de los que Marruecos posee cerca del 70% de las reservas mundiales, en un contexto global marcado por tensiones sobre los fertilizantes.
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También destaca la apuesta por las energías renovables, especialmente la solar, con proyectos de gran escala en el sur del país que podrían incluso permitir exportar electricidad hacia Europa.
El analista insiste igualmente en el salto cualitativo en infraestructuras. Menciona el desarrollo del tren de alta velocidad, único en África, así como la modernización de redes de transporte y la expansión de plataformas industriales.
Entre ellas, destaca el complejo portuario Tánger Med, que califica como una infraestructura de «capacidad excepcional», integrada en redes logísticas globales y acompañada de zonas francas que atraen inversión extranjera.
Transformación urbana «colosal»
Uno de los aspectos que más ha sorprendido a Ramonet es la evolución de las ciudades marroquíes. En particular, subraya el crecimiento de Rabat, donde él mismo estudió e inició su doctorado, y que ha pasado de ser una ciudad relativamente pequeña a una metrópoli de más de dos millones de habitantes.
«La transformación urbana es colosal», afirma, destacando el desarrollo de grandes avenidas, sistemas de tranvía y nuevos barrios que reflejan una modernización acelerada.
Pese a este balance positivo, Ramonet no elude los desafíos. Señala las persistentes desigualdades entre el litoral, más desarrollado, y las zonas rurales del interior, donde el impacto del cambio climático y la escasez de agua siguen siendo factores críticos.
En el plano geopolítico, el periodista aborda la cuestión del Sáhara, defendiendo una solución basada en la autonomía como vía de estabilidad regional y destacando el respaldo internacional a esta propuesta.
Más ampliamente, plantea la necesidad de avanzar hacia una mayor integración del Magreb, con Marruecos, Argelia y Túnez como base de un posible espacio económico común que podría reforzar el desarrollo regional.
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Ramonet concluye que Marruecos se encuentra en una fase de expansión que combina estabilidad, inversión y proyección internacional. Desde grandes infraestructuras hasta eventos como el Mundial de fútbol de 2030, el país refuerza su posicionamiento como actor emergente.
Figura destacada del pensamiento crítico sobre los medios, y antiguo profesor en el Collège Royal de Rabat, Ignacio Ramonet resume su impresión con una idea clara: Marruecos ofrece hoy «una imagen de progreso que impresiona», fruto de una transformación sostenida en el tiempo.
