Los países de la Alianza de los Estados del Sahel (AES) respaldan ya en su conjunto la marroquinidad del Sáhara. Tras Níger y Burkina Faso, Malí ha anunciado su apoyo al plan de autonomía bajo soberanía marroquí y ha retirado oficialmente, este 10 de abril, su reconocimiento a la fantasmagórica «Rasd».
El anuncio fue realizado por el ministro maliense de Asuntos Exteriores, Abdoulaye Diop, en presencia de su homólogo marroquí, Nasser Bourita, actualmente de visita oficial en Malí por altas instrucciones del rey Mohammed VI.
El jefe de la diplomacia maliense precisó que la decisión de su país responde a la voluntad de ajustarse a la legalidad internacional, haciendo referencia, en particular, a la última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, que respalda la autonomía bajo soberanía marroquí del Sáhara. Para dar mayor alcance regional e internacional a esta decisión, Malí se ha comprometido a comunicarla a todas las organizaciones internacionales y regionales de las que es miembro, así como a notificarla al conjunto del cuerpo diplomático acreditado en Bamako.
Esta importante decisión adoptada por Malí no constituye, en sí misma, una sorpresa. No obstante, era muy esperada, dada la aproximación entre Rabat y Bamako, la evolución del dossier —que se inclina de manera irreversible a favor del Reino— y la incapacidad del régimen de Argel, que ha multiplicado los actos hostiles hacia su vecino meridional.
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En los últimos años, a escala mundial, se ha producido una cascada de retiradas de reconocimiento a la pseudo «Rasd» por parte de cerca de medio centenar de Estados africanos, latinoamericanos y caribeños, mientras que potencias como Estados Unidos, Francia, Reino Unido o España han reconocido abiertamente la autonomía bajo soberanía marroquí como única base para resolver el conflicto. La mayoría de estos países ha acompañado sus posiciones con hechos, abriendo consulados en las dos principales ciudades del Sáhara marroquí, Laâyoune y Dakha, e incluso impulsando importantes inversiones económicas, como en el caso de Francia, Estados Unidos o China.
Esta tendencia internacional se ha visto reforzada por la resolución 2797, adoptada el 31 de octubre de 2025 por el Consejo de Seguridad de la ONU, que respalda la autonomía bajo soberanía marroquí. Malí se inscribe así en esta dinámica global y también en la de sus aliados dentro de la AES.
Aunque en ruptura con el régimen de Argel desde hace más de dos años, Malí ha esperado antes de cortar el último vínculo que aún lo unía a Argelia, el más importante para esta última. Para Argel, en efecto, el reconocimiento de la «Rasd» por parte de terceros países constituye un interés estratégico prioritario. La retirada de este reconocimiento por Malí debería percibirse en Argel como un auténtico seísmo diplomático.
Pese a los enfrentamientos verbales con las autoridades malienses —algunos incluso en la tribuna de Naciones Unidas— y la ruptura total de relaciones entre ambos países, Argelia no ha dejado de intentar atraer de nuevo a Malí a su órbita. Incluso ha apostado por Níger para ejercer presión sobre Bamako o aislarlo regionalmente, tratando de debilitar la Alianza de los Estados del Sahel. Sin éxito. Entre Argel y Bamako se ha impuesto un escenario de ruptura que recuerda, en muchos aspectos, al de las relaciones argelino-marroquíes.
Desde que Malí declaró sin efecto el Acuerdo de Argel sobre la paz entre las facciones malienses en enero de 2024, Argelia ha perdido definitivamente su influencia en este país.
Peor aún, Argelia ha sido acusada en varias ocasiones de apoyar tanto a grupos terroristas activos en el Sahel como a la rebelión tuareg en el norte de Malí. El incidente de un dron maliense abatido por el ejército argelino en la noche del 31 de marzo al 1 de abril de 2025 encendió definitivamente la mecha entre ambos países vecinos, que llegaron a retirar a sus respectivos embajadores. Desde entonces, las tensiones no han dejado de agravarse. Ambos países se califican mutuamente de «junta». El primer ministro maliense, Abdoulaye Maïga, acusó además en la última Asamblea General de la ONU al régimen de Argel de ser un «patrocinador del terrorismo», calificando también a su ministro de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, de «energúmeno».
La retirada por parte de Malí del reconocimiento de la «Rasd», junto con la afirmación de la autonomía bajo soberanía marroquí como única base de solución del conflicto del Sáhara, se inscribe en la misma línea de éxitos diplomáticos del Reino que los anuncios de Washington, Madrid o París. Malí es una potencia del Sahel y un país que el régimen de Argel consideraba parte de su esfera de influencia. Se trata, por tanto, no solo de un duro revés para Argel, sino de un auténtico naufragio diplomático.
