Al recibir este lunes 24 de agosto de 2026 al primer ministro maliense, Abdoulaye Maïga, el régimen de Argel intenta cerrar más de dos años de una grave crisis diplomática que él mismo provocó. Pero, bajo el barniz de los abrazos oficiales y la retórica del «pragmatismo», este giro revela una nueva capitulación. De Madrid a París, pasando por Niamey y ahora Bamako, la Argelia de Abdelmadjid Tebboune repite el mismo patrón de deriva, alternando enfados teatrales, sanciones estériles y repliegues humillantes, al precio de una pérdida total de credibilidad.