Son los trabajadores de la limpieza, soldados en la sombra cuyo trabajo ingrato, lejos de ser gratificante, evita sin embargo las inundaciones. Basta recordar que, durante la última alerta emitida por el Ayuntamiento de Casablanca ante las fuertes precipitaciones previstas para el 16 de diciembre, el agua fue evacuada rápidamente.
Son alrededor de 4.000 barrenderos los que recorren la ciudad de Casablanca, recogiendo tanto rosas como espinas. Algunos los admiran, otros los desprecian. Sin embargo, el impacto de su labor no puede ignorarse en ningún caso. «El trabajo de estos agentes contribuye en gran medida a evitar que la metrópoli se inunde. Es innegable», afirma Aicha Elabbassy, de Casa Baia.
Esta sociedad de desarrollo local se encarga del seguimiento de la gestión delegada de los servicios de limpieza, que está a cargo de dos empresas: Averda, multinacional de origen libanés que opera en Sidi Bernoussi, Aïn Sebâa, Hay Mohammadi, Aïn Chock y Hay Hassani; y la marroquí Arma, presente, entre otras zonas, en Anfa, Nouaceur y Aïn Chock.
«Mi circuito es Derb El Hana. Trabajo de 7 de la mañana a 14h, sin parar, con una pausa de 15 minutos para desayunar», cuenta Ahmed Michaal, ya en la sesentena y gran apasionado de la poesía. Mide sus palabras con la misma precisión con la que maneja su escoba: «¿La mirada de la gente? A veces es despectiva, a veces compasiva. Algunos nos respetan, otros nos miran por encima del hombro». Para este hombre, la recogida de residuos es su único medio de vida.
La mayoría de estos trabajadores percibe el salario mínimo, actualmente fijado en 3.192 dirhams. Otros pueden llegar hasta los 5.000 dirhams. En época de lluvias, el trabajo se complica y su misión se vuelve más ardua. «Cuando llueve, los residuos se acumulan cerca de las alcantarillas. Tenemos que retirar todos los desechos que se acercan a los desagües para que no se obstruyan y así evitar inundaciones».
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En su contenedor con ruedas, y al igual que el resto del equipo, Ahmed Michaal lleva su “equipo de guerra”: un gran cepillo para levantar la tierra, una azada para remover el suelo y arrancar las malas hierbas, la pequeña escoba que se desliza bajo los coches estacionados… Todo ese arsenal le ayuda a cumplir una misión llena de obstáculos.
«A veces, justo después de haber limpiado un lugar, lo encontramos en el mismo estado de suciedad, o incluso peor», denuncia.
Encontrado en una calle, un vigilante de coches comenta en voz baja: «Miren, en este edificio tiran basura por la ventana». La falta de civismo no depende en absoluto de la categoría socioeconómica o cultural. «No se equivoquen, a veces los barrios con supuestamente menor poder adquisitivo respetan más la vía pública que los barrios acomodados», afirma un supervisor, con conocimiento de causa.
En la avenida de Anfa, otro “soldado”: Hicham Amiq, de 22 años. Se despierta a las cuatro de la mañana, seis días a la semana, para empezar su turno a las cinco. Es joven y compagina, como puede, el trabajo con los estudios. Si pudiera, se dedicaría por completo a su formación.
«Intento organizarme. Termino mi turno a las 12 y por la tarde voy a la facultad. Estudio Física y Química en la universidad», explica.
Desde hace un año, Hicham se dedica a este trabajo repetitivo, que le permite financiar sus estudios. «Empezamos a las cinco de la mañana. Nos reunimos en el punto de encuentro, nuestro jefe nos comunica el recorrido y nos entrega el material. Con la pinza recogemos papeles, plásticos, palitos de caramelo y colillas de cigarrillo», cuenta, valiente, aunque algo intimidado por la cámara.
Lo que viven Ahmed y Hicham a diario no es ajeno al conjunto de la metrópoli. Las cifras lo demuestran.
En Casablanca se recogen nada menos que 4.000 toneladas de residuos al día. El nuevo pliego de condiciones que regula la gestión delegada de los servicios públicos —recogida de residuos domésticos y asimilados y limpieza urbana— fue adoptado el 13 de febrero. El dispositivo introduce el principio de obligación de resultados. El presupuesto global destinado a la gestión delegada se mantiene en torno a 1.300 millones de dirhams. La gestión de residuos deberá garantizarse siete días a la semana, durante todo el año. Se refuerzan las operaciones de barrido manual y mecánico, con una categorización de las vías que determina la frecuencia de las intervenciones según su importancia y nivel de afluencia.
Mientras tanto, Ahmed y Hicham ya estarán trabajando.
