En el mercado popular de Sidi Taïbi, en la carretera de Kenitra, la multitud ya no se amontona como antes ante los vendedores de perejil, cuyos puestos exhalaban aromas mezclados de plantas aromáticas, indispensables en las mesas emblemáticas del Ramadán. Hasta ayer, unos cuantos tallos de perejil, cilantro y apio se ataban en un solo manojo, vendido a 1,5 dírhams por ramito, según qué hierba. Pero en este Ramadán de 2026, ese precio ya es cosa del pasado.
Abdelkébir, vendedor de hierbas aromáticas en el mercado de Sidi Taïbi, atribuye esta fuerte subida de precios —hasta 15 dírhams el manojo de apio— a las inundaciones que han afectado al Gharb y al norte del país. «La producción escasea porque los cultivos han sido destruidos», afirma, señalando cajas a medio vaciar.
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Para responder, como pueden, a la demanda de su clientela, los comerciantes recurren ahora a las regiones de Settat y Marrakech para aprovisionarse. El perejil y el cilantro, pilares de la cocina marroquí y ampliamente utilizados en todo el mundo, siguen siendo imprescindibles pese al encarecimiento.
Aunque pertenecen a la misma familia botánica —las apiáceas— y presentan un aspecto similar, estas dos hierbas difieren de forma clara: el perejil, de hojas más puntiagudas, ofrece un sabor suave y fresco; mientras que el cilantro, reconocible por sus hojas redondeadas, desarrolla un gusto más intenso, ligeramente cítrico y especiado.
