Una vez terminado el ftour, las orillas del Bouregreg comienzan a animarse poco a poco. Familias marroquíes, grupos de amigos y turistas extranjeros acuden allí para disfrutar del frescor de la noche y admirar los monumentos iluminados de Rabat y Salé.
En esta atmósfera apacible, el valle revela toda su belleza. La Torre Hassan y el Mausoleo Mohammed V, bañados por la luz, dominan el paisaje y recuerdan la riqueza histórica de la capital. No muy lejos de allí, la cornisa de los Oudayas atrae a los paseantes, mientras que el puente que une Rabat con Salé ofrece una perspectiva impactante sobre las dos orillas del Bouregreg.
Este entorno único contribuye al encanto singular de la capital marroquí. Rabat figura además, desde 2012, en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO bajo la denominación «Rabat, capital moderna y ciudad histórica: un patrimonio compartido», un reconocimiento que subraya la armonía entre legado histórico y desarrollo urbano.
Para los visitantes, el descubrimiento no se limita al valle. A pocos pasos de allí, la misteriosa necrópolis de Chellah invita a un viaje a través de los siglos. El paseo también puede continuar por las callejuelas de la antigua medina o concluir con una parada cultural en el Museo Mohammed VI de Arte Moderno y Contemporáneo.
Entre patrimonio, cultura y la suavidad de las noches de Ramadán, el valle del Bouregreg se consolida así como uno de los lugares de paseo más apreciados de la capital.
