Riesgo de invasión de langosta del desierto: los países africanos más expuestos y sus periodos críticos en 2026, según la FAO

Un essaim de criquets pèlerins à Meru, au Kenya en février 2021

Un enjambre de langosta del desierto en Meru, Kenia, en febrero de 2021.. AFP or licensors

El 08/03/2026 a las 11h59

Según la FAO, tres subregiones africanas son las más vulnerables a las invasiones de devastadores enjambres de langosta del desierto en 2026, lo que exige vigilancia en función de los calendarios estacionales.

Bajo el efecto combinado del dipolo del océano Índico y de El Niño, 2026 podría situar la lucha contra la langosta del desierto entre las grandes urgencias continentales, advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En efecto, las fuertes lluvias registradas en varios países del norte de África durante las últimas semanas, así como las que aún se anuncian, no solo favorecen a los agricultores.

Estas precipitaciones también favorecen la reproducción de la langosta del desierto. En este contexto, el reciente informe de situación de la FAO, titulado «Desert Locust Watch», revela una amenaza acridiana compleja, amplificada por las anomalías pluviométricas previstas entre marzo y agosto de 2026. Las recientes lluvias en Marruecos, favorables a la reproducción de la langosta del desierto, ilustran esta dinámica.

Países africanos expuestos a la langosta del desierto y calendario de vulnerabilidad

MarruecosMarzo, julioMarzo: ligeramente seco; julio: muy húmedoReproducción invernal y estival intensa
ArgeliaJunioJunio: ligeramente más húmedoReproducción estival temprana (centro/sur)
TúnezAbril-mayoAbril-mayo: normalRiesgo migratorio (adultos procedentes de Marruecos)
LibiaAbril-mayo, junioJunio: ligeramente más húmedoReproducción primaveral y estival
ChadJunio-agostoJunio-julio: más húmedoReproducción estival masiva
NígerJunio-agostoJunio-agosto: más húmedoReproducción estival prolongada
SudánAbril-junioAbril-mayo: más húmedo; junio: normalReproducción primaveral intensiva
EtiopíaMarzo-abrilMarzo-abril: más húmedoReproducción primaveral (regiones somalí y afar)
SomaliaMarzo-abrilMarzo-abril: más húmedo; junio-agosto: secoReproducción primaveral limitada
EgiptoAbril-mayo, agostoAbril-mayo y agosto: más húmedoActividad invernal (mar Rojo) y estival (Nilo)

Fuente: FAO.

El análisis espacial y temporal revela cuatro focos diferenciados de vulnerabilidad en el continente africano. En África del Norte, Marruecos constituye el epicentro inmediato, con una reproducción invernal activa que debería prolongarse hasta la primavera. Como subraya la FAO, «Marruecos registra un resurgimiento de reproducción gregaria, con criaderos localizados persistentes».

Las anomalías pluviométricas previstas —un marzo ligeramente más seco, seguido de abril y mayo normales y un julio muy húmedo— prolongan la amenaza hasta el verano, con picos críticos en marzo (reproducción invernal) y julio. Una dinámica que podría extenderse a Argelia, donde unas precipitaciones ligeramente superiores en junio podrían desencadenar una reproducción estival temprana en las regiones centrales y meridionales, mientras que Túnez y Libia siguen expuestos a movimientos migratorios de adultos si las lluvias primaverales (abril-mayo, dentro de la normalidad) coinciden con sus desplazamientos.

En la franja saheliana, Chad y Níger presentan el riesgo estival más agudo. La FAO anticipa «un inicio potencialmente temprano de la temporada de lluvias en el Sahel en junio», con precipitaciones superiores a lo normal en junio y una humedad persistente en julio-agosto en Chad, así como un julio ligeramente más húmedo en Níger. Esta ventana climática abre un periodo crítico de reproducción intensiva entre junio y agosto de 2026. Malí y el sur de Mauritania presentan perfiles similares, con una señal húmeda en julio que acentúa su vulnerabilidad estival.

El Cuerno de África afrontará presiones de distinta naturaleza. Sudán podría registrar una reproducción primaveral a pequeña escala desde marzo, reforzada por precipitaciones superiores a lo normal entre abril y junio, un periodo en el que la FAO estima que «Sudán podría beneficiarse de condiciones favorables».

En Etiopía —en particular en las regiones de Somali y Afar— y en Somalia, la primavera se perfila favorable, con lluvias ligeramente superiores a lo normal en marzo y abril, aunque un acusado secamiento estival en Somalia —con un periodo de junio a agosto más seco— limitará la amenaza a partir de junio. Egipto presenta un doble riesgo: actividad invernal en el sureste, en la zona del mar Rojo, y reproducción estival a lo largo del Nilo, favorecida por precipitaciones ligeramente superiores a la media en abril-mayo y en agosto.

Otras zonas mantienen un nivel de vigilancia moderado. Es el caso de Eritrea y Yibuti, donde las previsiones pluviométricas son mayoritariamente normales, lo que limita los riesgos de reproducción masiva. Malí y Mauritania no muestran anomalías significativas antes de julio, lo que desplaza su periodo crítico al verano. Esta estratificación geoclimática pone de relieve la heterogeneidad de los desafíos acridianos a escala continental.

Conviene subrayar aquí dos motores clave de la crisis acridiana. En primer lugar, el dipolo positivo del océano Índico (IOD), combinado con una rápida transición hacia El Niño en el Pacífico, citados explícitamente por la FAO como factores que amplifican las precipitaciones.

Riesgos para la seguridad alimentaria

Así, el análisis expone un triple desafío para los sistemas agrícolas africanos. Los costes de vigilancia se anuncian desproporcionados para los países en primera línea: Marruecos y Sudán deberán desplegar, desde marzo-abril, brigadas antiacridianas reforzadas, mientras la FAO alerta sobre la necesidad de un «seguimiento estrecho de los ciclones tropicales» en la península arábiga, una amenaza indirecta para Egipto y Somalia.

Las pérdidas agrícolas potenciales afectan específicamente a cultivos estratégicos: en África del Norte, los enjambres residuales amenazan los cereales de primavera; en el Sahel, una reproducción estival temprana en Chad y Níger podría devastar las cosechas de mijo y sorgo desde junio-julio, con el riesgo de «comprometer la seguridad alimentaria de regiones ya frágiles».

El Banco Mundial, basándose en los datos de la FAO de marzo de 2020, estimó que, en ausencia de un control masivo, los posibles daños y pérdidas para los cultivos, la producción animal y los activos conexos en el África oriental ampliada y Yemen podían alcanzar los 8.500 millones de dólares solo en 2020.

Un fact sheet del Banco Mundial recuerda que esta estimación de 8.500 millones de dólares se refería específicamente a un escenario de ausencia de control coordinado en el gran Cuerno de África —Etiopía, Kenia, Somalia, Sudán, entre otros—, lo que ofrece un orden de magnitud máximo para un episodio comparable a los peores escenarios previstos para 2026.

Por último, las inversiones en geomática se convierten en un imperativo técnico: la teledetección permite identificar las “zonas verdes” favorables a la langosta del desierto con una precisión espacial inédita. Los modelos WCS, capaces de ampliar el foco sobre el sur de Libia o el norte de Chad, ofrecen a los Estados una cartografía proactiva para optimizar las fumigaciones selectivas y contener el impacto económico. Este enfoque tecnológico representa el único amortiguador frente a un riesgo con repercusiones en cascada sobre los mercados cerealistas y los presupuestos nacionales.

Así, como se ha podido observar, el Magreb —Marruecos, Argelia, Túnez y Libia— acumula una amenaza inmediata y un riesgo estival, entre junio y julio, de invasión de enjambres de langosta del desierto, impulsado por las abundantes lluvias previstas en Marruecos y en el sur de Argelia.

Por Modeste Kouamé
El 08/03/2026 a las 11h59