La evolución semántica del término que designa al Sáhara marroquí, del Cabo Juby de la antigüedad y Sūs al-Aqsa de la Edad Media a las Provincias del Sur en la actualidad, refleja el papel central que desempeña la región sahariana en el porvenir de Marruecos.
El diccionario Larousse describe el Sáhara, que viene del árabe al-Ṣahrā’, como “El desierto más grande del mundo, en África, que abarca más de 8 millones de km² (con menos de 100 mm de lluvia al año), entre el norte de África y el Mediterráneo, el África subsahariana, el océano Atlántico y el mar Rojo. El Sáhara es una entidad políticamente fragmentada. A ambos lados del Trópico de Cáncer, se extiende por diez países: Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Sudán, Chad, Níger, Malí y Mauritania”.
Para Fernand Bradel, que pone de relieve el lado místico, el Sáhara, este otro Mediterráneo, “es un universo extraño por el que desembocan en las riberas mismas del mar (mediterráneo) las esencias profundas de África y las turbulencias de la vida nómada. Se trata de un Mediterráneo distinto que se opone al otro y que reclama constantemente su lugar.”
La palabra Sáhara fue utilizado por vez primera para nombrar el Gran Desierto del Norte de África por Ibn al-Hakam (803-871) en su obra “La Conquista de África del Norte y de España”.
Inscripciones rupestres líbico-bereberes en las Provincias del Sur
La pertenencia del Sáhara Atlántico Occidental a Marruecos, donde la humanidad dio uno de sus primeros pasos - el Homo sapiens de Jebel Irhoud data de hace más de 300.000 años -, ahonda sus raíces en tiempos remotos, y se confunde con las primeras migraciones de poblaciones prehistóricas de norte al sur, a merced de las variaciones climáticas.
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Los yacimientos de arte rupestre dispersos por el Marruecos sahariano formado por el arco Anti-Atlas y las Provincias del Sur se caracterizan por su homogeneidad: actividades humanas primitivas (talla de piedra, recolección, caza, etc.), epigrafía líbico-bereber, ...
De los 56 yacimientos rupestres del alfabeto líbico-bereber registrados en el corpus nacional « Tirra », publicado por Skounti y Lamjidi, 38 se esparcen por el Sáhara marroquí: el Anti-Atlas, Ued Dra, Tafilalet, Sakia el-Hamra y Ued Eddahab.
Los dos arqueólogos señalan, en “Inscripciones líbico-bereberes en el arte rupestre de Marruecos: evaluación y perspectivas de investigación”, que la expansión del arte rupestre líbico-beréber en las regiones saharianas de Marruecos, de Figuig a Auserd, a continuación de los epitafios y estelas del norte, revela la anterioridad del papel del Sahara marroquí como “centro de intercambio de ideas y conocimientos entre el Sáhara y el Mediterráneo occidental en los albores de la fundación de las primeras entidades políticas centralizadas”.
El Sáhara: Primeros contactos con las civilizaciones mediterráneas
El Gran desierto norteafricano permaneció “una tierra incógnita” por las civilizaciones grecorromanas, hasta que Heródoto le rebautizó “Libya Interior” en el siglo V a. C., tras su periplo del sur de Egipto, donde entró en contacto con las poblaciones saharianas de Tripolitana y las introdujo en su obra maestra “Historias”: “los Garamantes y los Nasamones, que practican la caza en carros de cuatro caballos y viajan a través de las vastas llanuras del desierto para comerciar con el país de los hombres de piel negra”.
“El Comercio silencioso» de la costa atlántica del sur de Marruecos
Heródoto revela la famosa práctica del “Comercio silencioso” de los cartagineses con las poblaciones de la costa atlántica del sur de Marruecos para el intercambio de oro: “Los cartagineses cuentan también la siguiente historia: en Libya. allende las Columnas de Heracles. hay cierto lugar que se encuentra habitado; cuando arriban a ese paraje. descargan sus mercancías. las dejan alineadas a lo largo de la playa y acto seguido se embarcan en sus naves y hacen señales de humo. Entonces los indígenas, al ver el humo, acuden a la orilla del mar y. sin pérdida de tiempo. dejan oro como pago de las mercancías y se alejan bastante de las mismas. Por su parte, los cartagineses desembarcan y examinan el oro; Y si les parece un justo precio por las mercancías. lo cogen y se van; en cambio. si no lo estiman justo, vuelven a embarcarse en las naves y permanecen a la expectativa. Entonces los nativos. por lo general. se acercan y siguen añadiendo más oro, hasta que los dejan satisfechos. Y ni unos ni otros faltan a la justicia; pues ni los cartagineses tocan el oro hasta que. a su juicio. haya igualado el valor de las mercancías, ni los indígenas tocan las mercancías antes de que los mercaderes hayan cogido el oro.”
Los Gétulos, los nómadas del desierto líbico-bereber
Heródoto divide la Libya (El Grand Magreb actual), tierra de los Lebu, ancestros de los Amazigh, en dos áreas: la primera, costera y montañosa, habitada por agricultores sedentarios, y la segunda, sureña, llana y arenosa, país de los nómadas.
Polibio, realizó, alrededor del 146 a. C., un periplo por la costa atlántica de Mauritania Tingitana hasta el cabo Juby (Hesperu Ceras), y probablemente alcanzó Sakia al-Hamra y Río de Oro (Ued Ed-Dahab), y fue el primero, según Desange, en mencionar a los Gétulos occidentales, los libios del interior (los Amazigh nómadas). En aquel tiempo, los Gétulos de Tingitana ocupaban el territorio al sur de Sala (Chellah), Mogador, Rysaddir (Agadir), Masatat (Ued Massa) y lo más allá de Daratate (Ued Dra’).
A finales del siglo I d.C., los griegos, gracias a los escritos de Dioscórides y Agripa, comenzaron a distinguir entre “la Getulia de Maurousia« , el Sáhara marroquí, y “la Getulia de Mauritania Caesariensis« , el Sáhara argelino.
Nacido cerca de Algeciras, en Tingentera, a mediados del siglo I d.C., Mela, autor de la Corografía, divide la población mora de Tingitana en tres partes: una población sedentaria y urbanizada en las llanuras atlánticas; una población pastoril -pero con movimientos limitados- en las regiones forestales, y los Gétulos, con un estilo de vida nómada, en las regiones desérticas del sur.
Periplo de Hannón, desde las Columnas de Hércules (Tánger) hasta la isla de Cerné (Dajla)
El famoso viaje del Almirante cartaginés Hannón en el siglo IV a. C., que partió de Cádiz y luego de las Columnas de Hércules (Tánger) a la isla de Cerné (Dajla) antes de llegar al gran volcán conocido como el Carro de los Dioses, en Camerún, atestigua la natural pertenencia del Sáhara con Marruecos.
Para explorar las regiones meridionales de Marruecos, el Sufete cartaginés llevó consigo en su expedición marítima de 60 naves pentacónteras con 30.000 hombres y mujeres, incluso intérpretes del norte de Marruecos para facilitar la comunicación con las poblaciones del sur.
Hannón parece haber llegado a Ued Dra (río Lixos), a Ued Sakiya al-Hamra (río Chrétès) antes de desembarcar en la bahía de Dajla (isla Cernè), que la ubica a equidistancia de las Columnas de Hércules respecto a Cartago.
De hecho, el viaje de Hanno sigue generando hipótesis opuestas y debates contradictorios entre investigadores y académicos; Expertos que defienden la veracidad el relato de Hannón, como Hlima Ghazi Ben Maïssa, sostienen que “el viaje del rey cartaginés no puede reducirse a una simple travesía de Cádiz a Lixos (Larache), pues de lo contrario no habría merecido ser inmortalizado en placas, suspendidas en el templo sagrado de Baal-Hammon, la Deidad suprema cartaginesa, y haber adquirido tal renombre que ha perdurado a lo largo de los siglos”.
El periplo atlántico del rey Juba II: La entrada del cabo Juby en la historia
El periplo de Juba II, rey de Mauritania, emprendido, a la víspera de su ascenso al trono en el 25 a. C., a lo largo de la costa sur de Mauritania Tingitana (Sáhara marroquí), atestigua el interés del reino mauritano por ejercer su soberanía sobre sus regiones saharianas, gestionar directamente el comercio atlántico y explorar su potencial económico.
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En su artículo “El mapa geográfico más antiguo de Marruecos”, Schmit señala que Juba II, Rex literatissimus, emprendió este periplo oceánico basándose en un mapa del reino de Mauritania, el Mapa de Agripa, ministro y yerno del Emperador Augusto.
Del periplo de Juba, la historia guarda que el nombre del soberano mauritano se le dio al cabo Juby “Tarfaya”, y que los límites geográficos del mundo conocido se extendieron más allá del “Hesperu Ceras”.
Plinio indica que el rey Juba II también exploró el hinterland sahariano, “los países del Nūn y del Draa, y allí descubrió una planta singular a la que dio el nombre de su médico real: Euphorbia, nombre que ha conservado desde entonces, desde dos mil años.”
Rebuffat subraya en “La frontera de Tingitane” que “El rey mauritano, de Baga alrededor del año 200 a. C. a Ptolomeo, fallecido en el año 40 d. C., reinó en Marruecos sobre un territorio donde la municipalización y la urbanización estaban en pleno desarrollo, … también gobernó su estado a través de los jefes de las tribus”.
Laroui resalta, en “Marruecos desde el principio del siglo XIX hasta 1880”, que este modo de gobierno ahonda en la historia de Marruecos, se manifiesta en la distinción entre “un dominio de soberanía y otro de suzeranía, que se denominan Blēd al-Makhzen y Blēd al-Sibā, aunque se quiere oponerles de manera demasiado sistemática, el primero es administrado directamente por el Sultán, mientras que el segundo es administrado indirectamente a través de jefes locales (Caid)”.
Paul Martin señala en “Cuatro siglos de la historia marroquí: En el Sáhara de 1504 a 1902” que “Contrariamente a la visión heredada de la historiografía colonial sobre una dicotomía entre las regiones que obedecían al Soberano (Blēd Makhzen) y las que desafian su autoridad (Blēd Siba), los habitantes alejados de los centros del poder desarrollaron estructuras dentro del marco de esta noción de soberanía. El Imán sigue siendo el Mawlana; solo en su ausencia la Jamaât ocupa su lugar. En el Sáhara, prevalecen formas de libre-administración a través del papel de la Jamaât Ait Larbaine”.
El Sáhara marroquí, el Sūs al-Aqsa de Sanhaja de la Edad Media
Los primeros geógrafos árabo-musulmanes que escribieron sobre el Magreb (al-Warraq al-Qayrawani, Ibn Abd al-Hakam, Ibn Khurradadhbih, …) denominaron Sūs a todo el territorio marroquí, desde Tánger hasta el Sáhara, dividiéndolo en dos esferas: Sūs al-Adna, que corresponde al norte del Marruecos, y Sūs al-Aqsa, que se extiende desde las estribaciones del Atlas hasta los confines del Sáhara.
La notoriedad de los Idrisíes de Fez y de los Fatimíes de Kairuán dio origen a los conceptos de Ifriqia (Túnez) y al-Magreb al-Aqsa (Marruecos), limitando así el uso del término Sūs al sur de Marruecos, por lo que Sūs al-Adna se convirtió en la región de la actual Sūs, y Sūs al-Aqsa abarcaba las provincias saharianas.
La geografía humana de Sūs al-Aqsa, el Sáhara marroquí actual, fue esbozada en los escritos pioneros de al-Ya’qubi (Tarikh al-Ya’qubi, 872), Ibn al-Fakih (Kitab al-Buldān, 903) e Ibn Hawqal (Sura al-Ard, 977).
Al-Ya’qubi fue el primero en desvelar “una población llamada Anbiya, una fracción de los Sanhaja del Sáhara (Iznagn); no tienen viviendas fijas. Se cubren el rostro con un velo, según una de sus costumbres. No visten túnicas, sino que se cubren con trozos de tela. Su alimento proviene de los camellos. No tienen ni cereales ni trigo”.
Ibn Hawqal señaló que “Los Sanhaja (del Sahara) son maestros de las rutas. Se distinguen por su valentía, audacia, destreza de monta en camello, velocidad, resistencia, conocimiento del terreno, capacidad de guía y habilidad para localizar fuentes de agua con solo una simple indicación o de memoria”.
El Sáhara marroquí en los escritos de Al-Bakri e Ibn Khaldūn
El geógrafo andalusí Al-Bakri, contemporáneo del ascenso al poder de los Almorávides, Sanhajas del Sáhara, fue el primero en utilizar el término, صحراء المغرب الأقصى, Sáhara de Marruecos, para denominar a las regiones saharianas marroquíes: “Se tardan cinco días en viajar desde Wadi Dra’ hasta Wadi Targa (Sakia al-Hamra actual), que marca el comienzo del Sáhara”, cuya capital, Nūl Lamta, es “el primer lugar habitado que encuentra un viajero al llegar del Sáhara. Los barcos tardan tres días en cruzae las cercanías de Nūl hasta Wadi Sous. Luego navegan hacia Amegdūl (Mogador)”.
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Al-Idrisi (1100-1165), precursor de la cartografía moderna, describe el Sáhara marroquí, incluyendo su capital, Nūl Lamta, en « Nuzhat al-Muchtak » o « El Libro de Roger ».
Ibn Jaldūn divulgó el término, صحراء المغرب الأقصى, Sáhara de Marruecos, con su obra maestra sobre el Gran Magreb. En ella describe el cambio de la geografía humana del Sáhara con la llegada, en el siglo XIII, de los Dwi Hassan, de la Migración Hilaliana, quienes comenzaron a “poblar las llanuras y los parajes solitarios del Sáhara del Magreb de Al-Aqsa. Tras someter estas vastas extensiones, formaron, junto con los Zenata (los Mariníes), una confederación que jamás se disolvió”.
Ibn Jaldūn afirma que “los Ma’qil (Dwi Hassan) pagaban un diezmo al gobierno de los Zenata; también pagaban una compensación, en su caso, por derramamiento de sangre, e incluso debían pagar un impuesto llamado - جمل الرحيل -, Camello de Carga, cuyo monto el Sultán determinaba a su discreción”.
Ibn Jaldūn enfatiza que, a diferencia de la migración hilalíe, asociada con la “desolación y la ruina», “Los Ma’qil (Dwi Hassan) nunca cometieron actos de bandidaje en las fronteras del Magreb ni en las mesetas; jamás interceptaron las caravanas que viajaban a Sudán desde Sijilmasa y otros lugares”, por el contrario, se sometieron a la autoridad soberana del “gobierno del Magreb, bajo los Almohades y posteriormente bajo los Zenata", que contaba con “fuertes fuerzas militares que defendían las fronteras saharianas”.
Los geógrafos-viajeros cosmopolitas, Ibn Battuta (1304-1369) e Ibn al-Hasan al-Wazzan (1485-1554), emisarios diplomáticos de los Mariníes, Wattásíes y Saadíes, quienes forjaron la fascinación de la humanidad por el Sáhara y África, enfatizaron el papel central del “Sáhara del Magreb Al-Aqsa” en la interacción entre Marruecos y África Occidental.
La obra universalista de Ibn Al-Wazzān, León el Africano, inspiró así a las lenguas latinas, por corrupción del italiano, a integrar el término Sahara derivado del árabe, Sahra’.
Paso ibérico de la costa sahariana, Cabo Bojador – Rio de Ouro, en el siglo XV
Durante la época de auge de la cartografía mundial y los “descubrimientos” marítimos, el Sáhara marroquí era conocido principalmente por su litoral oceánico. Ya en 1375, el Atlas Catalán, de la escuela judía mallorquina de Abraham Cresques, enumeraba los puntos costeros marroquíes: “Arzila, Larax, Salle, Zamor, Cabo de Cantin, Saffi, Mogador, Cabo de Non, Cabo de Buytder - Bojador -, Río de Oro -». Por su parte, Bettencourt, conquistador de las Islas Canarias en 1402, extendió «el Zahara, desde Cabo Bojador hasta Río de Oro”.
Pero fueron los Portugueses, al cruzar el cabo Bojador (Gil Eanes, 1434), conocido por “O Cabo do Medo” o “el Cabo del Miedo”, donde construyeron el primer faro de Marruecos, y el Río de Ouro (Nuño Tristão, 1435), quienes dieron origen a la representación europea del Sáhara marroquí a través de su litoral marítimo, desde el cabo Nūn y el cabo Juby al río de Oro.
La identificación del Sáhara marroquí por su litoral, desde el cabo Nūn hasta el río de Oro, también fue una práctica común en los tratados internacionales precoloniales entre Marruecos, el único Estado independiente de la región en vísperas de la colonización europea, y las potencias internacionales de la época, en los que estas últimas reconocían la soberanía marroquí sobre el Sáhara y la soberanía del Imperio Jerifiano sobre sus provincias saharianas.
Particularidad de los lazos de Pleitesía de las poblaciones saharianas a los Soberanos alauitas
Los actos de Pleitesía (La Bayaâ) de las tribus saharianas para la entronización de Mūlay Ali Cherif, fundador de la dinastía alauita; la bienvenida triunfal en los confines de la Sakia al-Hamra a los Sultanes Mūlay Rachid en 1670 y Mūlay Ismail en 1678, en ocasión de sus Gran Mahallas; y el Status de vanguardia de los Guich Ūdayas saharianos en el ejército Jerifiano cimentaron la singularidad de los lazos soberanos de Pleitesía de las poblaciones saharianas al Trono alauita.
Asimismo, el Sultán Mūlay Ismail ostentaba el título de Emperador de los Dos Reinos: el Reino de Fez, Tafilalet y Marrakech, así como el Reino de los Dos Sáharas, es decir, el Sáhara Occidental y el Sáhara Oriental (Bahija Simou, “La marroquínidad del Sáhara en los documentos de los Archivos Reales”, Médias24, 16 de enero de 2023).
El linaje dinástico que se remonta al Sultán Mūlay Abdallah, cuya madre es saharaui, Lalla Khnatha Bint Bakkar Al-Maghfiria, confiere una dimensión perenne e íntima a la particularidad de los lazos soberanos del Bayaâ entre las poblaciones del Sáhara marroquí y los Sultanes y Reyes Alauitas.
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La posición de las provincias saharianas como cuna de la resistencia marroquí contra el colonialismo europeo, liderada por los Sultanes alauitas, se vio marcada por las dos grandes Mahallas del Sultán Hassan I en las regiones saharianas en 1880 y 1882. Esta resistencia se consolidó aún más con la solemne ceremonia de la Bay’a (Pleitesía) al Soberano alauita de las tribus saharianas, presidida por el Qadí Mohamed Youssef Ben Abdelhay El-Barbūchi Er-Regueibi, y el nombramiento de Amels (Gobernadores) y Caids (Jefes locales).
La resistencia marroquí en el Sáhara nutrió la fascinación occidental por la región, ejemplificada por la obsesión por acceder a la « ciudad prohibida », Smara, situada en uno de los afluentes del río Sakia al-Hamra. Smara fue el último bastión marroquí en caer bajo dominio colonial en 1938, y se hizo famosa por el célebre clamor de Michel Vieuchange: «Ver Smara y morir, la misteriosa capital de los Hombres Azules de Río de Oro».
El Sáhara marroquí en la narrativa colonial
El proceso de colonización y descolonización del Sáhara marroquí, entre 1884 y 1975, que se apartó del modelo tradicional, estuvo acompañado de un cambio progresivo de la semántica utilizada para escenificar el hecho colonial en las provincias saharianas de Marruecos.
Inicialmente circunscrita a la “colonia española de Río de Oro”, impuesta en noviembre de 1884, justo cuando Marruecos era el foco principal de la Conferencia de Madrid de 1880 y la Conferencia de Berlín (15 de noviembre de 1884 - 26 de abril de 1885), la colonización española se extendió, en 1886, de la costa desde el río Draa hasta el cabo Bojador, sin embargo, no se hizo efectiva en El Aaiún y Smara hasta 1934 y 1938, respectivamente.
Los arreglos para la partición del territorio marroquí entre Francia y España, en violación del tratado de la Conferencia de Algeciras de 1906 que prevé el respeto europeo de la soberanía nacional y de la integridad territorial del Imperio Jerifiano, desmembraron las provincias saharianas. Pues, la parte norte quedó bajo protectorado francés, mientras que la región sureña, dividida en zonas de influencia y protectorado, volvió, tras un proceso sinuoso y confuso, a España.
Durante décadas, España administró su colonia del Sáhara marroquí, bajo el nombre de “África Occidental Española: Ifni, Saqia al-Hamra (el Sáhara Español) y Río de Oro”, desde Tetuán, capital de su protectorado en el norte del Marruecos, y sede de la “Oficina de Marruecos”, creada en 1925 y luego de la “Alta Comisión de España en Marruecos”, establecida en 1934.
Fue solo en 1958 cuando España, en un intento por eludir las legítimas reivindicaciones de Marruecos, inició un proceso de “provincialización” del “África Occidental Española”, instituyendo “dos nuevas provincias españolas: Ifni y el Sáhara Español: Saqia al-Hamra y Río de Oro”.
El proceso de descolonización y recuperación de las provincias saharianas
Tras la independencia de Marruecos en 1956, el Rey Mohammed V, en su discurso de M’Hmaid el Ghizlane, en febrero de 1958, expresó su firme determinación de no escatimar esfuerzos “para la recuperación de nuestro Sáhara en el marco del respeto a nuestros derechos históricos y de acuerdo con la voluntad de sus habitantes”, poniendo la cuestión de la recuperación de las provincias saharianas en el centro de la agenda bilateral marroquí-española. El Ejército de Liberación Marroquí, bajo los auspicios del Soberano alauita, ya había logrado, durante gran parte de la década de 1950, restablecer los atributos de la soberanía marroquí en el Sáhara marroquí.
La vía pacífica de la negociación entre Marruecos y España dio sus primeros frutos en 1958, con la retrocesión de la región sahariana entre el río Dra’ y Cabo Juby, en virtud del Acuerdo de Cintra, y luego de Sidi Ifni el 4 de enero de 1969, de conformidad con el Tratado de Fez.
El aliento ciudadano y cívico en respuesta al llamamiento de Su Majestad el Rey Hassan II, para la recuperación de las Provincias del Sur, se tradujo por la participación de 350.000 marroquíes en la Marcha Verde del 6 de noviembre de 1975, mediante la cual Marruecos recobró definitivamente su integridad territorial y su unidad nacional.
Su Majestad el Rey Mohammed VI, la centralidad geopolítica del Sáhara marroquí.

En vista de la primacía que Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios Le asista, le concede en el proceso de regionalización avanzada, el Sáhara marroquí (Laâyoune-Sakia al-Hamra, Dakhla-Oued Eddahab y Guelmim-Oued Noun), está recuperando su lugar fundamental en la dinámica social e institucional del Reino.
El nuevo modelo de desarrollo para las Provincias del Sur, que representa una inversión de más de 80 mil millones de dirhams (8 mil millones de dólares), iniciado y lanzado, en 2015, por Su Majestad el Rey Mohammed VI, forma parte de esta Visión Real para devolver al Sáhara marroquí su papel central histórico en el mapa geopolítico de Marruecos.
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Una perspectiva audaz y realista, reforzada por el tempo inquebrantable que experimenta la dinámica del reconocimiento internacional de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, impulsado por la decisión del presidente estadounidense Donald Trump en 2020 de reconocer la “soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental", seguida por la posición favorable a la marroquínidad del Sahara, por parte de España en 2022,de Francia en 2023 y una creciente mayoría que abarca, cada vez más, a la comunidad internacional en su conjunto.
Junto a la expansión la red consular en Dajla y El Aaiún, que ya incluye a unos cuarenta países, la multiplicación de reuniones internacionales de alto nivel (comisiones conjuntas, foros multilaterales, etc.) y el fortalecimiento de las conexiones multimodales con África subsahariana y saheliana, reposiciona la región del Sáhara en el centro del panorama geoeconómico de África Occidental.
Un horizonte prometedor enmarcado por la iniciativa panafricana tripartita de Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios Le asiste, tratándose del mecanismo de los países africanos ribereños del Atlántico, del acceso de los países del Sahel al Atlántico y del gasoducto Marruecos-Nigeria.
