Artesanía en Fez: el peine de cuerno de buey, un tesoro en vías de desaparición

بين التراث وخطر الاندثار.. حرفة صناعة «أمشاط الكرن» تصارع البقاء بدروب فاس العتيقة

Entre el patrimonio y el riesgo de desaparición: el oficio de fabricar «peines de cuerno» lucha por sobrevivir en las callejuelas de la antigua Fez

El 09/03/2026 a las 13h53, actualizado el 09/03/2026 a las 10h12

Amenazada de desaparición, la artesanía de los peines de cuerno apenas sobrevive en Fez gracias al trabajo apasionado de sus tres últimos maestros, como Mustapha Lachkar, que luchan contra la caída de la demanda y la escasez de materia prima.

En las estrechas callejuelas de la medina de Fez, algunas tradiciones resisten el paso del tiempo. Entre ellas figura la fabricación artesanal de peines de cuerno bovino, un objeto que en otro tiempo formaba parte de la vida cotidiana de numerosos hogares marroquíes. Hoy, este saber hacer pende de un hilo: solo tres artesanos siguen ejerciéndolo en la ciudad. Entre ellos, Mustapha Lachkar, uno de los maestros más veteranos del oficio, continúa su labor con la misma pasión, como guardián de un conocimiento transmitido de generación en generación.

En su taller, entre los olores del cuerno calentado y la madera, el artesano da forma pacientemente a una materia prima tan noble como escasa. «La materia principal que utilizamos es el cuerno de buey, que traemos la mayor parte del tiempo de las regiones del Atlas», declara Mustapha Lachkar. «Pero en los últimos años conseguir esta materia se ha vuelto cada vez más complicado. Nos encontramos con grandes dificultades para encontrarla», se lamenta.

«En el pasado, los peines de cuerno tenían una gran demanda, tanto entre las personas humildes como entre las más acomodadas», cuenta el artesano. Su éxito se explica, en particular, por sus beneficios para el cuero cabelludo. «A diferencia de algunos peines de plástico, no dañan el cuero cabelludo», explica.

Según el artesano, este material natural presenta varias ventajas. «El peine de cuerno permite desenredar el cabello con suavidad y también ayuda a estimular la circulación sanguínea. No provoca alergias ni problemas de salud, sobre todo en las personas cuyo cuero cabelludo es sensible a los materiales plásticos», afirma Mustapha Lachkar.

Detrás de este objeto sencillo se esconde, sin embargo, un largo trabajo manual que exige precisión y experiencia. La fabricación comienza con la recuperación de los cuernos de buey, generalmente obtenidos tras el sacrificio de animales destinados al consumo. Luego, los cuernos se calientan al fuego para ablandarlos. Después se transforman en placas mediante una máquina de prensado. Estas placas se recortan para dar lugar a peines de distintos tamaños.

La fase siguiente consiste en tallar las púas del peine con ayuda de una sierra especial. Por último llega la etapa del acabado, en la que cada pieza se pule y alisa cuidadosamente con un cuchillo afilado para obtener su forma definitiva y su aspecto brillante.

«Antes podíamos producir más de cuarenta peines al día», recuerda Mustapha Lachkar. «Hoy rara vez fabricamos más de una veintena, y a menudo por encargo», explica.

Los precios varían según el tamaño y la calidad de fabricación. En el mercado, estos peines se venden entre 30 y 150 dírhams. Una clientela fiel sigue interesándose por ellos, principalmente personas conscientes de sus virtudes naturales. «La mayoría de nuestros clientes son personas que conocen los beneficios de estos peines para el cuero cabelludo», subraya el artesano.

Pero sobre este saber hacer ancestral planea hoy una preocupación muy real. La falta de interés de las nuevas generaciones y la ausencia de relevo amenazan la supervivencia de este oficio. «Ya solo quedamos tres artesanos que ejercemos este oficio en Fez. Si no se hace nada para valorizar esta actividad, corre el riesgo de desaparecer», alerta Mustapha Lachkar.

A su juicio, esta profesión merece, sin embargo, ser protegida y transmitida. «Es una parte del patrimonio artesanal marroquí que hay que preservar y transmitir a las generaciones futuras», concluye.

Por Youssra Jaoual
El 09/03/2026 a las 13h53, actualizado el 09/03/2026 a las 10h12