La percepción se repite con cierta regularidad. A partir de alertas puntuales sobre frutas u hortalizas, se construye un relato que sitúa a Marruecos como principal origen de los riesgos alimentarios en el mercado europeo. La afirmación, sin embargo, pierde consistencia en cuanto se contrasta con el funcionamiento real del sistema de vigilancia y con las cifras globales que este produce.
El marco de referencia es el sistema europeo de alerta rápida para alimentos y piensos, conocido como RASFF, que centraliza todas las notificaciones detectadas por las autoridades sanitarias de los Estados miembros. Lejos de responder a situaciones excepcionales, estas notificaciones forman parte de un mecanismo ordinario de control que registra cada año miles de incidencias. En 2024, por ejemplo, se superaron las 5.300 notificaciones en el conjunto de la Unión Europea, procedentes de decenas de países y relativas a una amplia variedad de productos.
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Es en ese contexto donde deben situarse las cifras relativas a Marruecos. Entre 2024 y 2025, las notificaciones vinculadas a productos marroquíes rondan las 60 en el conjunto de la Unión, de las cuales una parte significativa corresponde a controles realizados en España. Se trata de una presencia real en el sistema, pero claramente minoritaria si se compara con el volumen total de alertas registradas.
Ahora bien, el elemento decisivo para interpretar estos datos no es tanto la cifra absoluta como su relación con el volumen de intercambios comerciales. Marruecos figura entre los principales proveedores agrícolas del mercado europeo, lo que implica un flujo constante de productos sometidos a control. En este sentido, el número de notificaciones debe leerse a la luz de esa intensidad comercial. Cuando se introduce esta variable, la posición relativa de Marruecos cambia de manera sustancial: su tasa de alertas se sitúa en torno a 0,017, claramente por debajo de la registrada por otros países exportadores como Turquía o India, cuyos ratios multiplican varias veces esa cifra.
Una lectura engañosa
Este contraste permite entender por qué una lectura basada exclusivamente en números absolutos puede resultar engañosa. Un país con un volumen elevado de exportaciones estará, por definición, más expuesto a controles y, por tanto, a notificaciones. El fenómeno no es específico de Marruecos. España, uno de los principales actores agroalimentarios dentro de la Unión Europea, acumula varios centenares de alertas en el mismo periodo sin que ello se interprete como un indicador de riesgo estructural. En ambos casos, las cifras reflejan más bien la intensidad de los intercambios y la actividad de los sistemas de control.
A ello se añade otro factor que rara vez se incorpora al debate público: una parte significativa de estas alertas se detecta en frontera y da lugar a la retirada inmediata de los productos afectados. Esto significa que muchas de las incidencias registradas no llegan a materializarse en el mercado ni implican una exposición directa para el consumidor. Lejos de evidenciar un fallo, estas notificaciones son el resultado de un sistema concebido precisamente para anticipar y bloquear posibles riesgos.
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La persistencia del relato que sitúa a Marruecos en el centro de las alertas sanitarias responde, en gran medida, a una dinámica de amplificación. Casos concretos, a menudo vinculados a productos muy visibles, adquieren una dimensión desproporcionada cuando se difunden de forma reiterada y sin contexto. Esta acumulación de episodios aislados termina generando una percepción global que no se corresponde con la realidad estadística.
En definitiva, el análisis de los datos obliga a matizar una idea ampliamente extendida. Marruecos no encabeza las alertas alimentarias en Europa ni presenta las tasas más elevadas en relación con su volumen de exportación. Su presencia en el sistema RASFF responde a su papel como proveedor relevante en el mercado europeo y a la intensidad de los controles a los que están sometidos sus productos. Lo contrario no es tanto una conclusión basada en cifras como el resultado de una construcción narrativa que se aleja de los datos disponibles.
