El Polisario entre supervivencia política y confusión retórica

Mohamed Benabdelkader.

El 27/04/2026 a las 10h20

ColumnaMohamed Benabdelkader, doctor en Ciencias de la Información y de la Comunicación y exministro de Justicia, analiza la evolución reciente del discurso del Frente Polisario, marcado, según sostiene, por una creciente ambigüedad entre la retórica tradicional y una apertura táctica hacia la negociación en torno al Sáhara marroquí. En el centro del debate, la controvertida noción de «compartir el coste de la paz», que plantea interrogantes sobre las verdaderas intenciones del movimiento separatista en un contexto de presión internacional creciente.

Informes recientes, correspondientes al período comprendido entre finales de 2025 y la actualidad, ponen de manifiesto una notable confusión discursiva en las posiciones del frente Polisario. En efecto, sus dirigentes sin ofrecer ninguna línea clara y coherente, parecen oscilar entre dos registros retóricos divergentes: mientras algunos continúan aferrados a un discurso reiterativo, anclado en eslóganes ya desgastados, otros dejan entrever, de manera más o menos explícita, una disposición a explorar vías de compromiso insinuando una voluntad de hacer concesiones y de participar en el proceso de la resolución final del conflicto por el Sáhara marroquí, en un contexto marcado por la vuelta a la mesa de negociaciones y el colapso de la tesis separatista.

Cabe interrogarse si estas supuestas concesiones obedecen a un cálculo - aunque tardío - orientado a preservar lo que aún pudiera rescatarse de un proyecto destabilzador en declive, o si, por el contrario, no constituyen sino una maniobra diplomática preventiva, previa a las reuniones del Consejo de Seguridad, destinada más a exhibir buena fe y ganar tiempo que a traducir una adhesión efectiva a la propuesta de autonomía marroquí, consagrada dentro de la legalidad internacional por la resolución 2797 del Consejo de Seguridad.

Fue Brahim Ghali quien marcó la primera inflexión en esta confusión discursiva, al manifestar su disposición a realizar concesiones. En una carta dirigida al Secretario General de las Naciones Unidas Antonio Guterres, pocos días antes de la sesión del Consejo de Seguridad de octubre de 2025, el dirigente separatista señalaba que «el Frente está dispuesto a compartir el coste de la paz con Marruecos», dando así a entender una disposición a privilegiar la vía del arreglo pacífico, en contraste con la retórica belicista que había predominado hasta entonces.

Algunos analistas les pareció que el Frente Polisario ha comenzado finalmente a evolucionar hacia el reconocimiento de la nueva realidad creada por la eficacia de la diplomacia marroquí, una realidad que consagra la soberanía del Reino sobre sus provincias del sur y debilita gradualmente cualquier discurso basado en el separatismo o la tutela extranjera.

Pero que quiere decir compartir la factura de la paz? que una solución pacífica y duradera debería conllevar concesiones y sacrificios para ambas partes y que el polisario ofrece un gesto de buena voluntad para asumir su parte de sacrificio? Y que sería este sacrificio? la pretendida independencia? la libre determinación del pueblo saharaui? Y que sería la parte que sacrificaría Marruecos en esta factura compartida?

En realidad, la formula Compartir los costes de la paz incluida en la carta de Ghali transmitida al SG de la ONU, significa que ni Marruecos ni el polisario deben esperar una paz «gratis» y que ambos tendrían que asumir ajustes políticos, económicos e incluso territoriales para alcanzar una estabilidad duradera en la región, por tanto el frente separatista estaría dispuesto a explorar soluciones negociadas con Marruecos para «establecer relaciones estratégicas y beneficios mutuos», y que estas soluciones incluirían fórmulas de coexistencia o asociación con Marruecos. Una verdadera maniobra táctica para romper el punto muerto con la fórmula de un «Estado libre asociado» como el de Puerto Rico con Estados Unidos.

Así pues, la genialidad del maestro argelino, dictada en clave de instrucciones a su leal proxy polisario, nos regala una solución tan justa como duradera: en lugar de seguir compartiendo los costes de la guerra, nos toca asumir con nobleza la responsabilidad de compartir la factura de la paz, la del Estado libre asociado. Como dicen los marroquíes en semejantes contextos, hasta las penas hace reír, y lo cierto es que la única factura que aquí parece pendiente, es la que Ben Betuch dejó olvidada tras su polémica hospitalización de 44 días en España en 2021, cuando ingresó en un hospital de Logroño sin pagar. Aquella deuda de 45.658 euros siguió impagada hasta que el Gobierno de La Rioja decidió llevar a los tribunales al líder separatista para reclamarle el cobro de la deuda. Por tanto, lo que conviene al señor Ben Batuch es pagar su factura de Logroño en vez de soñar con compartir una supuesta factura con Marruecos ofreciéndole une ridícula buena vecindad!

En el mismo contexto de esta confusión retórica, dirigentes del frente Polisario parecen desempeñar un notable esfuerzo para suavizar su postura y mostrar la voluntad de negociar una solución con Marruecos. En el curso de este mes de abril, algunos de ellos dejaron entender que aceptarían algún tipo de compromiso, incluso declararon recientemente estar «dispuestos a aceptar la autonomía marroquí si el pueblo saharaui la aprueba en referéndum». El denominado jefe de la diplomacia del Polisario, Mohamed Yeslem Beissat, en sus recientes entrevistas a medios internacionales y especialmente españoles, fue un poco más lejos al declarar que «Nosotros siempre hemos optado a la independencia del Sáhara Occidental, pero no podemos hacer de la independencia la única opción», Así, por la primera vez oimos a un dirigente del polisario disociar la autodeterminación de la independencia e incluso afirmar que la pretendida independencia nos es la única solución, lo que lógicamente implica la aceptación de la propuesta marroquí de autonomía y por tanto el abandono del discurso de la lucha armada para presentarse como un socio para la paz.

El ligeramente modificado discurso del Polisario parece señalar una apertura a la negociación y una relativa flexibilidad respecto a la mera reivindicación de la independencia, si bien deja claro que cualquier solución está condicionada a la validación de la población saharaui, en particular a través de un referéndum de libre determinación. Esta referencia constante al «pueblo saharaui» funciona como una táctica discursiva destinada a disfrazar posiciones fijas de un discurso de legitimidad participativa, algo que recuerda una estrategia ya empleada por el propio presidente argelino cuando afirmó que Argelia «respetaría lo que decida el pueblo saharaui», como si se tratara de una población siempre consultada en las decisiones dictadas por Argel a lo largo de medio siglo.

Cualesquiera que sean las verdaderas intenciones de Argelia y de su proxy separatista, resulta imposible pasar por alto la existencia de un cambio, aunque tímido y aún confuso, en el discurso del Polisario, cambio que no hace sino reflejar la evolución del equilibrio de poder a favor de Marruecos, reforzado por las resoluciones internacionales y por un consenso creciente en torno a la iniciativa de autonomía como solución realista, lo que reduce sensiblemente el margen de maniobra del Frente Polisario.

Cabe señalar que esta voluntad de negociación expresada de forma insistente por el Polisario, emerge en un contexto diplomático complejo, marcado por una intensa presión sobre el grupo separatista para que acepte el plan de autonomía bajo soberanía marroquí como solución definitiva al problema de este conflicto artificial. Por ello, el Polisario parece empeñado en sentarse a negociar antes de que sea demasiado tarde, buscando asegurarse un asiento en la mesa de diálogo directo con Marruecos, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, con el fin de obtener ciertas ventajas antes de que se le imponga un acuerdo como hecho consumado en caso de que Marruecos y Argelia lleguen a un arreglo entre sí.

El Frente Polisario está experimentando por tanto una «confusión retórica» derivada tanto de su derrota sobre el terreno como de la creciente presión internacional, lo que ha propiciado un desplazamiento de su discurso confrontativo hacia un lenguaje aparentemente más «realista» que admite, aunque con cierta ambigüedad, la necesidad de negociaciones. Este giro no responde tanto a una conversión sincera como a un intento estratégico de arrancar el mínimo margen de ganancia posible en su favor, con el fin de preservar una mínima legitimidad a la vista de la aplicación del estatuto de autonomía en las provincias del sur, un escenario que amenaza seriamente su margen de maniobra y su capacidad de reivindicación.

Por Mohamed Benabdelkader
El 27/04/2026 a las 10h20