La historia de Kawtar Lourhraz rompe con la idea de que una carrera profesional debe seguir un único camino. Nacida en Marruecos y apasionada desde niña por la ciencia y la tecnología, emigró a Estados Unidos para abrirse paso en el mundo de la ingeniería. Años después, esa misma trayectoria la llevaría a convertirse también en una artista reconocida, cuya obra ha sido expuesta a ambos lados del Atlántico.
En un testimonio publicado por la Society of Women Engineers (SWE), Lourhraz recuerda que su vocación nació en Marruecos, donde pasaba horas intentando comprender cómo funcionaban las cosas. Atribuye buena parte de esa curiosidad a su madre, Aziza Maalaoui, quien siempre defendió la educación como la mejor herramienta para alcanzar la independencia y superar los estereotipos que todavía limitan a muchas jóvenes.
De Marruecos a la ingeniería estadounidense
Con ese objetivo cruzó el Atlántico para continuar su formación y desarrollar una carrera en el sector industrial estadounidense. Trabajó en el ámbito de la fabricación, incluida la empresa Cummins, donde, según explica, la ingeniería le enseñó la disciplina, la resiliencia y la capacidad de afrontar problemas complejos.
Su trayectoria profesional la llevó además a representar al estado de Carolina del Norte durante la jornada de diálogo con el Congreso organizada por la Society of Women Engineers en Washington. En ese marco mantuvo un encuentro con el senador Ted Budd, ante quien defendió políticas destinadas a reforzar la presencia de las mujeres en las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).
Para Lourhraz, aquel momento tuvo un significado especial. «Como inmigrante que había soñado con convertirse en ingeniera en Marruecos, nunca imaginé que acabaría hablando en el Capitolio sobre el futuro de las mujeres en la ingeniería», afirma.
El nacimiento de su hijo supuso un punto de inflexión. La dificultad para encontrar un sistema de cuidado infantil que le permitiera regresar al trabajo la llevó a abandonar temporalmente su carrera profesional.
Fue entonces cuando recuperó una antigua pasión: la pintura. Lo que comenzó como una vía para afrontar los cambios personales terminó convirtiéndose en un nuevo proyecto de vida. Su obra se inspira principalmente en las mujeres marroquíes, la identidad amazigh, la memoria familiar y la resiliencia femenina, explorando cuestiones relacionadas con la pertenencia, la transformación y la transmisión entre generaciones.
Un puente entre Marruecos y Estados Unidos
Sus pinturas han sido publicadas en revistas y medios de comunicación del mundo árabe y también han formado parte de exposiciones en Estados Unidos, especialmente en Carolina del Norte.
Entre sus colaboraciones destaca su participación con el Festival Nacional de las Artes Populares de Marrakech, un proyecto que, según explica, le permitió reforzar el vínculo entre sus raíces marroquíes y su vida en Estados Unidos.
Una de sus obras más personales es el retrato de su abuela, Hada Bent Brahim, cuya historia inspira buena parte de su trabajo artístico y simboliza el homenaje que la pintora rinde a las mujeres anónimas que marcaron a generaciones enteras.
Actualmente participa también en un proyecto documental en Carolina del Norte que utiliza la pintura abstracta como herramienta de reflexión y reinserción entre personas privadas de libertad.
Para Kawtar Lourhraz, la ingeniería y el arte nunca han sido caminos opuestos, sino dos formas complementarias de construir, crear y transformar la realidad. Su trayectoria, que comenzó en Marruecos con una niña fascinada por la ciencia, continúa hoy combinando innovación, creatividad y un firme compromiso con la promoción del talento femenino.
