Tebas y el doble rasero del Mundial 2030: España puede reclamar la final, ¿Marruecos no?

Javier Tebas

El 12/09/2026 a las 09h15

El presidente de LaLiga vuelve a defender el protagonismo de España en el Mundial 2030, pero sus declaraciones abren interrogantes sobre el origen de la candidatura, el argumento de las infraestructuras y el supuesto derecho de España a albergar la final.

Las declaraciones de Javier Tebas sobre el Mundial 2030 ponen sobre la mesa una cuestión que España lleva meses intentando convertir en una reivindicación propia; el derecho a albergar la final del torneo.

Es precisamente aquí donde aparece la primera contradicción del relato de Tebas. El presidente de LaLiga afirma que «España es el mayor organizador» y que «Marruecos se le invitó después». Una afirmación que choca con la versión ofrecida por Luis Rubiales, expresidente de la Real Federación Española de Fútbol y uno de los protagonistas de las negociaciones que condujeron a la candidatura de 2030.

Rubiales explicó que el proyecto comenzó a gestarse en 2018 y que tanto él como el entonces presidente de la Federación Portuguesa, Fernando Gomes, sabían que los votos europeos no serían suficientes para ganar la carrera mundialista. Según relató, «los 55 votos de UEFA eran insuficientes» y era necesario incorporar a Marruecos.

El propio Rubiales fue todavía más explícito al rechazar la idea de una candidatura exclusivamente ibérica: «No era una candidatura ibérica, sino que los tres países arrancamos de inicio».

La diferencia entre ambas narrativas no es menor. Presentar a Marruecos como un país incorporado posteriormente como simple invitado reduce el papel que, según uno de los protagonistas directos de aquellas negociaciones, desempeñó el Reino en una candidatura que terminó siendo presentada como un proyecto común entre Marruecos, España y Portugal.

De hecho, el propio Rubiales llegó a defender que sin Marruecos España y Portugal no habrían podido sacar adelante la candidatura, al considerar insuficiente el respaldo europeo.

Una final que España da por hecha

La segunda contradicción aparece cuando Tebas habla de la final. El presidente de LaLiga sostiene que, si se producen cambios en la FIFA y en su modelo de gobernanza, «yo creo que la final del Mundial se hará en España».

Pero cuando se le plantea el escenario contrario, su respuesta resulta llamativa. Ante la pregunta de un periodista de El Chiringuito sobre qué ocurriría si la final finalmente no se disputara en España, Tebas responde que «no es una decisión que me corresponde a mí ni pensar».

La cuestión surge por sí sola; si la decisión no le corresponde a él cuando se trata de determinar dónde acabará disputándose la final, tampoco debería presentarse como un desenlace prácticamente asegurado cuando afirma que «se hará en España».

La sede de la final corresponde a la FIFA. España puede defender que reúne las mejores condiciones y reivindicar legítimamente el encuentro decisivo. Pero esa reivindicación no equivale a tener la decisión en la mano.

Cuando lo dice España es reivindicación; cuando lo dice Marruecos, escándalo

Y aquí aparece otra peculiaridad del debate. Cuando responsables españoles afirman que la final del Mundial 2030 se jugará en España, la declaración se presenta como una reivindicación legítima, basada en la historia futbolística del país, sus grandes clubes y sus infraestructuras.

Cuando desde Marruecos se defiende exactamente la misma posibilidad —que la final pueda disputarse en territorio marroquí—, la reacción es muy distinta, a saber; polémica, indignación y un auténtico escándalo mediático.

El contraste resulta difícil de pasar por alto. Si España tiene derecho a defender que merece la final, Marruecos también tiene derecho a defender exactamente lo mismo. Si una afirmación es legítima cuando procede de Madrid, debería serlo también cuando procede de Rabat. Lo contrario revela un doble rasero difícil de justificar.

Tebas defiende que España cuenta con las mejores infraestructuras y pone como ejemplos el Santiago Bernabéu y el Camp Nou, además de recordar el peso futbolístico del país. Un argumento legítimo pero que adquiere otra dimensión cuando se presenta como razón suficiente para dar prácticamente por hecha la elección de España.

Porque mientras España apela al prestigio y al peso histórico de sus grandes estadios, Marruecos está construyendo una infraestructura pensada precisamente para competir en el futuro.

El futuro Estadio Hassan II, en la región de Casablanca-Settat, está proyectado con una capacidad de 115.000 espectadores, lo que lo situaría entre los mayores estadios de fútbol del mundo. No se trata únicamente de una cuestión de capacidad, pero sí de un dato difícil de ignorar cuando el principal argumento es precisamente la superioridad de las infraestructuras.

La comparación pone frente a frente dos modelos diferentes; España compite con el peso histórico de estadios como el Santiago Bernabéu y el Camp Nou; Marruecos apuesta por una infraestructura concebida para el futuro.

El Mundial 2030 no se disputará en el pasado. Y si el debate pretende centrarse en qué país está mejor preparado para acoger el partido más importante del torneo, no parece suficiente recurrir únicamente al prestigio acumulado durante década.

Un conflicto que promete alargarse

La amenaza de retirarse del Mundial lanzada desde España aparece, en este contexto, más como un instrumento de presión sobre la FIFA que como una decisión deportiva definitiva.

Es más, todo este asunto ha adquirido una dimensión claramente política en España, hasta el punto de que el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, llegó a pronunciarse al respecto con una frase cargada de simbolismo: «Puedo prometer y prometo que la final del Mundial será en España». El debate ha trascendido así el ámbito deportivo para instalarse también en el terreno político, donde la reivindicación de una final en España empieza a ocupar un espacio cada vez mayor en el discurso público del país.

En el fondo, el mensaje parece reducirse a una fórmula tan sencilla como contundente; la final o nada.

Una retirada plantea también una cuestión jurídica y contractual. Según explica el especialista en políticas deportivas Moncef Lyazghi, este tipo de situaciones no se regula necesariamente mediante una única disposición general de la FIFA, sino que las posibles consecuencias dependen, entre otros elementos, de los acuerdos suscritos entre la FIFA y los países anfitriones, incluido el denominado Hosting Agreement.

Tampoco conviene aventurarse a hablar de sanciones concretas. Si bien los reglamentos de la FIFA contemplan consecuencias en determinados supuestos de retirada o no participación en competiciones, no existe, al menos de forma específica para este caso, una disposición que permita afirmar de manera categórica qué castigo recibiría España si decidiera finalmente retirarse. Por ello, sería prematuro aventurarse a establecer una sanción concreta para España sin conocer las cláusulas aplicables a la organización del Mundial 2030.

La historia del Mundial demuestra que una sede puede, llegado el caso, dar marcha atrás. El precedente más claro se remonta a Colombia 1986. El país sudamericano había sido elegido para organizar el torneo en 1974, pero en octubre de 1982, en plena crisis económica, el Gobierno de Belisario Betancur renunció a la organización al considerar que Colombia no podía cumplir con el cuaderno de cargas de la FIFA y afrontar las exigencias económicas y logísticas del torneo.

La FIFA tuvo entonces que buscar una alternativa. México terminó siendo elegido en mayo de 1983 y se convirtió en el nuevo anfitrión del Mundial de 1986, pasando a ser el primer país en organizar la Copa del Mundo en dos ocasiones.

No obstante, después de varios días de presión mediática, declaraciones cruzadas y amenazas en torno al futuro de la organización, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Rafael Louzán, ha querido rebajar el tono y despejar una de las principales incógnitas afirmando que España no se retirará de la organización del Mundial 2030 aunque la final sea adjudicada al futuro Gran Estadio Hassan II de Benslimane.

Louzán ha asegurado que la Federación cumplirá los compromisos asumidos y los acuerdos firmados, descartando así que España abandone el proyecto «YallaVamos» si Marruecos termina albergando el partido por el título.

Entre declaraciones políticas, presiones mediáticas, advertencias de retirada y posteriores mensajes destinados a rebajar la tensión, la final de 2030 ha terminado ocupando un espacio que va mucho más allá del terreno deportivo.

En definitiva, el culebrón promete ser largo, muy largo, y podría conocer varios giros de aquí a 2030. La disputa en torno a la sede de la final del Mundial parece estar lejos de encontrar una solución y amenaza con convertirse en uno de los grandes temas de la previa del torneo.

Por Hayam Yacoubi
El 12/09/2026 a las 09h15