Financiación sostenible, así redefinirá la futura taxonomía verde las reglas del juego en Marruecos, según el experto Mohamed Boiti

Financement vert. (Photo d'illustration)

Financiación verde. (Foto de ilustración). DR

El 21/07/2026 a las 10h17

Marruecos da un nuevo paso en la estructuración de las finanzas sostenibles con la apertura a consulta pública de su futura Taxonomía Financiera Verde. Destinado a orientar las inversiones hacia actividades compatibles con los objetivos climáticos del Reino, este marco de referencia podría transformar el acceso de las empresas a la financiación y reforzar el atractivo del país para los inversores. Análisis con Mohamed Boiti, experto en descarbonización industrial.

En el marco de la finalización de la Taxonomía Financiera Verde de Marruecos, varias instituciones —ministerios, Bank Al-Maghrib y autoridades de los mercados y los seguros— han abierto una consulta pública para enriquecer el proyecto antes de su adopción.

Elaborada con el apoyo del Banco Mundial, Expertise France y el grupo AFD, esta taxonomía se enmarca en la Estrategia de Desarrollo de las Finanzas Climáticas para 2030 y en los compromisos climáticos del Reino —CDN 3.0 y SNBC 2050—.

Como marco de referencia común, pretende clasificar las actividades económicas según criterios científicos para identificar aquellas que contribuyen a la mitigación del cambio climático y a la adaptación a sus efectos. En una primera fase, abarca la energía, el transporte y la industria, con el objetivo de orientar la financiación hacia inversiones sostenibles y reforzar la gestión de los riesgos climáticos.

Para analizar sus desafíos y sus implicaciones para la financiación de la economía marroquí, Le360 ha conversado con Mohamed Boiti, experto en descarbonización industrial y fundador de Disruptive RSE.

Le360. ¿Qué impacto podría tener la Taxonomía Financiera Verde de Marruecos sobre la financiación de las empresas marroquíes?

Mohamed Boiti. En primer lugar, conviene aclarar una definición. Una taxonomía, independientemente del ámbito al que se aplique, sirve para clasificar elementos en categorías jerarquizadas. Ni más ni menos. La Taxonomía Financiera Verde de Marruecos (TFVM) aplica este principio a la economía. Establece un marco de referencia común, basado en criterios científicos y técnicos, para determinar qué es sostenible y qué no lo es. La primera fase abarca la energía, el transporte y la industria manufacturera.

Su primer efecto no es financiero, sino informativo. Proporciona a los bancos y a los inversores un lenguaje común para determinar qué es realmente «verde» y reduce, por tanto, el riesgo de greenwashing —nota de la redacción, una técnica de marketing que consiste en utilizar argumentos ecológicos engañosos para proyectar una imagen de responsabilidad medioambiental—.

«El verdadero riesgo para las pymes no es regulatorio, sino competitivo. Aquellas que no se preparen podrían quedar al margen de la financiación verde.»

—  Mohamed Boiti

Esta clarificación produce posteriormente un efecto indirecto sobre el coste de la financiación. La experiencia europea, donde la taxonomía de la UE está vigente desde 2020, demuestra la existencia de un «greenium», es decir, una diferencia de rentabilidad favorable a los emisores de bonos verdes, estimada generalmente entre 15 y 20 puntos básicos de media según varios estudios empíricos. Algunas investigaciones apuntan a una horquilla más amplia, de entre 1 y 63 puntos básicos, en función de los mercados y las metodologías.

El efecto es, por tanto, real, aunque moderado, y se irá consolidando progresivamente a medida que el mercado marroquí de las finanzas verdes adquiera mayor profundidad.

¿Las pymes corren el riesgo de verse perjudicadas o representa esta taxonomía una oportunidad?

Los responsables del proyecto marroquí han querido evitar expresamente un efecto punitivo. Una actividad que no esté clasificada como «verde» no queda prohibida ni es objeto de sanciones, sino que simplemente no puede acogerse a la etiqueta de inversión verde. Los documentos sometidos a consulta contemplan, además, un régimen simplificado para las pymes, que quedan exentas de los requisitos genéricos DNSH —Do No Significant Harm o «no causar un perjuicio significativo»—, en reconocimiento de sus recursos limitados, aunque siguen obligadas a cumplir los criterios técnicos específicos de su actividad y las garantías sociales mínimas.

El verdadero riesgo no es, por tanto, regulatorio, sino competitivo. A medida que los inversores y los organismos internacionales de financiación utilicen este marco de referencia para orientar sus fondos, las pymes que no hayan emprendido ninguna iniciativa quedarán fuera del radar de la financiación verde emergente, mientras que sus competidoras mejor preparadas podrán acceder a ella.

Para las pymes exportadoras a Europa, en particular, esta preparación ofrece un doble beneficio. Favorece tanto el cumplimiento del MAFC —nota de la redacción, Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono— como el acceso a la financiación verde nacional, dos procesos que, en la práctica, se apoyan en los mismos datos básicos.

¿Puede esta taxonomía reforzar el atractivo de Marruecos para los inversores internacionales?

Una taxonomía solo atrae capital extranjero si los inversores la reconocen. Es, ante todo, una cuestión de interoperabilidad con la taxonomía europea, que continúa siendo el marco de referencia para la mayoría de los flujos de inversión destinados a Marruecos. Los documentos técnicos de la TFVM son claros al respecto. El marco pretende mantener una estrecha interoperabilidad con la UE, pero también con la ASEAN —Asociación de Naciones del Sudeste Asiático—, la Climate Bonds Initiative y, en la medida de lo posible, con Singapur, Ruanda y Colombia. De hecho, los umbrales de la categoría Verde reproducen, siempre que resulta posible, los criterios técnicos europeos.

«Una taxonomía solo atrae capital extranjero si es reconocida por los inversores y es interoperable con los principales marcos de referencia internacionales.»

—  Mohamed Boiti

Marruecos no está solo en este camino. Sudáfrica abrió la vía en 2022 con la primera taxonomía verde del continente, basada en el modelo europeo. Senegal acaba de aprobar la suya, con el mismo objetivo de interoperabilidad con la UE y Ruanda. Marruecos cuenta, además, con una señal concreta. El acuerdo sobre carbono firmado con Noruega en mayo de 2026, en virtud del artículo 6 del Acuerdo de París, podría movilizar hasta 600 millones de dólares. Se trata de un interés internacional que ya existe, incluso antes de la adopción del texto.

¿Cuáles son los principales desafíos para aplicar eficazmente la TFVM?

Tres desafíos me parecen prioritarios. En primer lugar, la cobertura sectorial. En materia de mitigación, la primera fase se limita a la energía, el transporte y la industria manufacturera. La construcción, los residuos y las tecnologías de la información deberán esperar a las siguientes fases. En cuanto a la agricultura, entra en el dispositivo únicamente desde la perspectiva de la adaptación a los riesgos climáticos, no desde la reducción de sus emisiones.

En segundo lugar, los datos. Aplicar una taxonomía requiere capacidad para recopilar y verificar datos medioambientales fiables, una tarea que otros países de la región, como Senegal, también identifican como su principal punto de vigilancia.

Por último, la capacidad de absorción de los actores. Probablemente, los grandes bancos marroquíes ya disponen de los equipos ESG —nota de la redacción, criterios ambientales, sociales y de gobernanza— necesarios para adoptar rápidamente este marco de referencia. Sin embargo, esto resulta menos seguro para el conjunto de las sociedades regionales de financiación y para las propias pymes, que necesitarán un acompañamiento pedagógico específico.

La consulta pública actualmente en curso es precisamente el momento para que todos estos actores planteen estas cuestiones antes de la adopción definitiva del texto.

En el estado actual del proyecto, ¿cuáles son, en su opinión, los principales puntos que deberían revisarse o aclararse antes de su adopción definitiva?

Durante la consulta deberían someterse a debate dos reservas concretas. La primera se refiere al carácter voluntario del dispositivo. En su forma actual, la TFVM es un marco de clasificación, no una obligación regulatoria. Actualmente, ninguna empresa ni ningún banco están obligados a utilizarla como referencia. La experiencia europea demuestra que el impacto real de una taxonomía se materializa principalmente cuando esta se vincula a una obligación de información o a una ventaja regulatoria concreta.

En la UE, este proceso se desarrolló por etapas. El Reglamento de Taxonomía fue seguido por la CSRD —Directiva sobre Información Corporativa en Materia de Sostenibilidad—, que obliga a las grandes empresas a publicar sus indicadores de alineación. Los propios responsables de la TFVM mencionan esta posibilidad como una etapa futura, aunque por el momento no existe un calendario definido. Mientras no se concrete este respaldo regulatorio, es probable que la adopción del marco de referencia por parte del mercado marroquí continúe siendo parcial y heterogénea.

«El impacto real de la Taxonomía Financiera Verde dependerá de su adopción por parte del mercado y, a largo plazo, de su vinculación con un marco regulatorio más estructurado.»

—  Mohamed Boiti

La segunda reserva, más técnica, se refiere al tratamiento de las nuevas inversiones en los sectores difíciles de descarbonizar. Según la metodología publicada, la categoría Naranja —transitoria— queda reservada generalmente a las instalaciones existentes o en proceso de renovación. Una nueva instalación debe cumplir desde el principio los criterios de la categoría Verde, que son considerablemente más exigentes. En sectores como el acero, el cemento o la industria química, precisamente los más expuestos al MAFC, las tecnologías que permiten alcanzar el nivel Verde desde su construcción —como el hidrógeno bajo en carbono o la captura de carbono— continúan siendo costosas y poco extendidas a escala industrial.

Por tanto, una empresa marroquí que invierta en una nueva capacidad de producción en alguno de estos sectores podría quedarse sin acceso a la etiqueta transitoria, aunque esté contribuyendo a modernizar el tejido industrial nacional. Este es un punto que las autoridades deberían aclarar o flexibilizar durante la fase de consulta, para no desincentivar precisamente las nuevas inversiones que Marruecos necesita para adaptarse al MAFC.

Esta reserva no cuestiona el principio de la taxonomía, sino todo lo contrario. Pretende que esta herramienta cumpla plenamente el objetivo que le han asignado sus responsables, también en los sectores que más la necesitan.

Por Lahcen Oudoud
El 21/07/2026 a las 10h17