El relato construido y pacientemente escenificado por la defensa de Mehdi Hijaouy, autoproclamado número dos de la inteligencia exterior marroquí, la DGED, y que ahora se presenta como denunciante exiliado, acaba de desplomarse como un castillo de naipes. En unas pocas líneas inequívocas, Sara, exesposa del interesado, desmintió categóricamente las afirmaciones formuladas en su nombre por los abogados franceses William Bourdon y Vincent Brengarth. Un contundente desmentido que adopta la forma de un auténtico bofetón mediático y jurídico y deja al descubierto los excesos de una estrategia de defensa acostumbrada a la sobreactuación y la instrumentalización política.
El 16 de julio de 2026, los abogados William Bourdon y Vincent Brengarth publicaron un comunicado de prensa de tono dramático. En un intento de disfrazar un procedimiento penal por delitos comunes, Mehdi Hijaouy es objeto de una orden internacional de detención por acusaciones de estafa y facilitación de la emigración ilegal, y presentarlo como una supuesta persecución política, su defensa afirmaba que «desde hace varios meses, Mehdi Hijaouy es objeto de una campaña de desestabilización caracterizada por presiones y procedimientos judiciales que considera infundados [...] Esta campaña se ha intensificado recientemente, en un contexto marcado por la publicación de varios artículos en la prensa francesa [...] y por las revelaciones procedentes de la investigación internacional coordinada por Forbidden Stories».
Para dotar a su relato de una dimensión inquietante e internacional, la defensa no dudó en implicar a la exesposa del acusado, alegando una intervención de la Policía francesa a raíz de una supuesta vigilancia estatal. «Mehdi HIJAOUY recuerda que se presentó una denuncia ante la comisaría del distrito VII de París a raíz de unos hechos de vigilancia de los que habría sido objeto su exesposa Sara [...] considera que existen motivos serios para preguntarse por los posibles vínculos entre estas personas y las autoridades marroquíes», señala el comunicado.
Un desmentido rotundo e incontestable
La respuesta no tardó en llegar y resulta demoledora para la credibilidad de la defensa. En un comunicado de prensa de absoluta claridad, Sara desmonta punto por punto todas las afirmaciones difundidas por los abogados de Hijaouy.
Sostiene formalmente «que el contenido de este escrito se resume en una serie de acusaciones falsas» y ofrece varias aclaraciones. «Nunca he presentado denuncia alguna ante los servicios policiales del distrito VII de París en la que afirmara ser objeto de una operación de vigilancia o control por parte de personas vinculadas con las autoridades marroquíes», escribe la exesposa de Hijaouy.
«Afirmo que nunca tuve conocimiento de la naturaleza de las actividades de mi exmarido, Mehdi Hijaouy, y que rompí toda relación y contacto con él desde nuestro divorcio», precisa.
Desmarcándose por completo de las maniobras y grabaciones atribuidas a su exmarido, Sara va aún más lejos. «Respecto a los audios filtrados de mi exmarido durante las últimas semanas, susceptibles de perjudicar la imagen de mi país, afirmo que no tengo absolutamente ninguna relación con ellos», añade.
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«Al reiterar solemnemente mi profundo apego a mi Rey, a mi país, Marruecos, y a sus instituciones constitucionales, quiero afirmar que no tengo intención alguna de emprender ninguna acción o iniciativa que pueda perjudicar la imagen y los intereses de mi patria», concluye Sara.
Esta firme puntualización vuelve a situar los hechos en su lugar. La exesposa se niega a servir de aval o instrumento en una operación de desestabilización mediática.
Este episodio del caso Hijaouy pone de relieve un método bien ensayado. Los abogados William Bourdon y Vincent Brengarth se han especializado en abalanzarse sobre cualquier caso sensible relacionado con el Reino y transformar sistemáticamente procedimientos penales o delitos comunes en procesos políticos basados en supuestas intenciones.
Desde el caso de Maâti Monjib, procesado por blanqueo de capitales y que denuncia en París un «acoso moral», hasta la explotación del caso Pegasus, su trayectoria revela una molesta tendencia al oportunismo mediático. Al intentar, una vez más, blanquear a un hombre perseguido por la Justicia de su país por estafa y tráfico de seres humanos, el dúo Bourdon-Brengarth cruzó la línea roja de la manipulación al utilizar la identidad y la situación de la exesposa sin su consentimiento. El efecto bumerán ha sido estrepitoso.
