La visita fue breve, pero la imagen resultó suficientemente elocuente. Pedro Sánchez llegó este lunes a Argel procedente de Nueva York, se reunió con el presidente Abdelmadjid Tebboune y el primer ministro Sifi Ghrieb, anunció la apertura de una «nueva etapa» bilateral y regresó a Madrid para recibir a la selección española, flamante campeona del mundo.
Una visita relámpago que permitió cerrar cuatro años de hostilidad argelina sin que España modificara la posición que desencadenó la crisis. Madrid continúa considerando el plan de autonomía presentado por Marruecos como la base «más seria, realista y creíble» para resolver el diferendo regional sobre el Sáhara marroquí. Argel, por su parte, ha pasado de los ataques y las represalias a desplegar la alfombra roja ante el mismo dirigente al que responsabilizaba de una supuesta «traición histórica».
El contraste resulta revelador. Entre 2022 y 2024, el régimen argelino convirtió a Sánchez en blanco habitual de sus ataques por el acercamiento de España a Marruecos. Hoy, el mismo presidente al que Argel denostaba es recibido por Tebboune en el Palacio de El Mouradia con todos los honores. Por si la alfombra roja no fuera suficiente, Argel quiso añadir azúcar a la reconciliación. El resultado fue un singular pastel que pretendía rendir homenaje a la selección española. La estética podía prestarse a interpretaciones, pero el mensaje político no admitía dudas. El Sánchez antes presentado como adversario de Argelia era ahora agasajado como un socio imprescindible. El fútbol aportó la nota amable a un encuentro cuyo verdadero contenido fue diplomático, energético y económico.
Una victoria para España sin renunciar a Marruecos
La normalización representa una victoria para España y, en particular, para Pedro Sánchez. La crisis fue provocada por la reacción de Argelia a una decisión soberana del Gobierno español. En marzo de 2022, Madrid respaldó públicamente el plan marroquí de autonomía y abrió una nueva etapa en sus relaciones con Rabat. Argel respondió retirando a su embajador y suspendiendo unilateralmente el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación.
El régimen argelino trató entonces de elevar el coste político y económico de la decisión española. Los intercambios comerciales quedaron prácticamente paralizados, numerosas empresas españolas vieron bloqueadas sus operaciones y el discurso oficial argelino multiplicó los ataques contra Sánchez y su Gobierno.
Sin embargo, Madrid no retiró su apoyo a la iniciativa marroquí ni deshizo la hoja de ruta acordada con Rabat. La cooperación entre Marruecos y España, por el contrario, se reforzó en ámbitos como el comercio, la seguridad, la gestión migratoria y la preparación conjunta del Mundial de 2030. Es Argelia la que finalmente ha modificado su comportamiento.
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Los propios medios españoles han interpretado la visita como el cierre de la crisis abierta por la posición de Madrid sobre el Sáhara marroquí. RTVE presentó el desplazamiento como el intento de Sánchez de «cerrar la crisis por el Sáhara» y destacó que la nueva etapa bilateral se abre sin que el presidente español haya hecho referencia alguna al diferendo durante su comparecencia en Argel. La cadena pública recordó que fue Argelia la que suspendió en 2022 el Tratado de Amistad como represalia por el respaldo español al plan de autonomía.
El Mundo, por su parte, situó el encuentro dentro del «difícil equilibrio» que España mantiene entre Marruecos y Argelia. El diario subrayó que el Gobierno español busca consolidar el acercamiento a Argel después de varios años de crisis, pero reconoció que esta reconciliación se produce sin que Madrid haya revisado su posición. Según el periódico, el creciente peso internacional de Marruecos y el aislamiento de Argelia han empujado al régimen de Tebboune hacia una actitud más pragmática.
Las dos lecturas coinciden en un aspecto esencial. El Sáhara marroquí estuvo en el origen de la ruptura, pero desapareció de las declaraciones públicas durante la visita. Sánchez no modificó su posición y Tebboune tampoco aprovechó la comparecencia para reiterar las acusaciones que durante años dirigió contra España. La normalización no ha llegado mediante una concesión de Madrid, sino después del abandono progresivo de la escalada por parte de Argel.
La «magnífica revancha» de Sánchez
El periodista de investigación argelino Abdou Semmar va todavía más lejos. Interpreta la visita como «una magnífica revancha» de Pedro Sánchez frente a Abdelmadjid Tebboune y recuerda que el jefe del Gobierno español fue «demonizado, insultado y calificado de traidor» por el régimen argelino entre 2022 y 2024, además de ser presentado como uno de los principales enemigos de Argelia.
«Hoy le despliegan la alfombra roja en Argel, celebran su llegada y lo cortejan», señala Semmar, quien asegura que las autoridades argelinas llevaban desde 2025 multiplicando sus invitaciones para convencerlo de viajar al país. Según relata, la insistencia llegó hasta el punto de que el entonces primer ministro Nadir Larbaoui pidió públicamente a Sánchez, durante un encuentro internacional celebrado en Sevilla, que visitara Argelia.
Para el periodista, el cambio de actitud revela el fracaso de la estrategia seguida por Tebboune. Argel trató de doblegar a Madrid mediante el bloqueo comercial, la suspensión del Tratado de Amistad y una virulenta campaña mediática, convencido de que Sánchez acabaría rectificando su respaldo al plan marroquí de autonomía. Sin embargo, «el chantaje económico no sirvió absolutamente para nada», sostiene Semmar. Sánchez permaneció en el poder y mantuvo intacta su posición, obligando a Argel a abandonar paulatinamente la estrategia de confrontación.
«¿Qué ha ganado finalmente Argelia? Nada. España lo ha ganado todo», sentencia Semmar. A su juicio, Sánchez se mantuvo «firme, respetuoso y constante», sin responder a las descalificaciones procedentes de Argel. El resultado de aquel pulso quedó retratado durante la visita. El dirigente que la propaganda argelina había vilipendiado durante años regresó a Argel convertido en un interlocutor cortejado y recibido con alfombra roja.
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La secuencia permite medir el alcance del giro. Primero llegó el nombramiento de un nuevo embajador argelino en Madrid, después la recuperación progresiva de los intercambios comerciales y, en marzo de 2026, la visita del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. Durante aquel desplazamiento, Tebboune comunicó la reactivación del Tratado de Amistad suspendido cuatro años antes.
El gas acelera el pragmatismo argelino
La energía ocupó un lugar central durante la visita. Fuentes del Gobierno español anunciaron un acuerdo político para aumentar las importaciones de gas argelino, aunque no precisaron el volumen adicional ni el calendario previsto.
En el primer semestre de 2026, Argelia suministró cerca del 34% del gas natural recibido por España, por delante de Estados Unidos, que representó un 29,4%. La mayor parte de ese volumen llegó mediante el gasoducto Medgaz, que conecta directamente los yacimientos argelinos con Almería, mientras que algo más del 10% fue transportado en forma de gas natural licuado a bordo de buques metaneros.
El entendimiento busca aprovechar una mayor capacidad de ese corredor energético en un momento marcado por la incertidumbre en los mercados internacionales y las tensiones en Oriente Medio. Para Argelia también supone la posibilidad de captar nuevas inversiones y consolidar uno de sus principales mercados europeos.
«Nos encontramos en el punto de partida de una nueva etapa en todos los ámbitos de nuestra relación», declaró Sánchez en Argel. El jefe del Gobierno aseguró que Argelia «puede contar con España» y expresó su voluntad de construir una asociación económica beneficiosa para ambos países.
El acercamiento no se limitará al suministro de gas. Madrid y Argel pretenden ampliar su cooperación en transición energética, industria, infraestructuras, alimentación, innovación tecnológica y digitalización. Ambos gobiernos también acordaron celebrar en otoño la octava Reunión de Alto Nivel, la primera en ocho años.
Más allá de los intereses económicos, el régimen argelino necesita recuperar a antiguos socios en un contexto de creciente aislamiento regional y pérdida de influencia en el expediente del Sáhara. El fortalecimiento de Marruecos en la escena internacional y la expansión del respaldo al plan de autonomía han obligado a Argel a adoptar un discurso más pragmático y realista.
El Sáhara desaparece de las declaraciones
La ausencia del Sáhara marroquí en las declaraciones públicas constituye uno de los principales resultados políticos de la visita.
El régimen argelino todavía pretendía demostrar que controlaba el ritmo de la normalización. Ahora es el propio Tebboune quien recibe a Sánchez, reclama más cooperación, ofrece garantías energéticas y prepara una cumbre bilateral en España.
El vuelco es tan rotundo como difícil de ocultar. El Pedro Sánchez al que el régimen argelino atacó y denigró durante años es recibido ahora con alfombra roja y elevado a la categoría de socio estratégico. El Gobierno al que Argel quiso castigar por su respaldo al plan marroquí de autonomía es invitado hoy a invertir más, mientras España, sometida entonces a un bloqueo comercial, vuelve a ser cortejada como socio económico y puerta privilegiada hacia Europa.
Argelia ha terminado cediendo porque su estrategia de presión fracasó. No logró que Madrid rectificara, no debilitó la alianza entre España y Marruecos y tampoco consiguió convertir el gas en un instrumento capaz de modificar la posición española sobre el Sáhara marroquí. Sánchez mantuvo intacta su apuesta por Rabat y es ahora Argel quien regresa en busca de diálogo, inversiones y cooperación.
La visita relámpago no escenificó una concesión española, sino la capitulación diplomática de un régimen obligado a recibir con todos los honores al dirigente que hasta hace poco vilipendiaba. Argel bajó finalmente los brazos, cambió de discurso y desplegó la alfombra roja. Y, por si la imagen no fuera suficientemente explícita, sirvió también el pastel.
