El primer Consejo de Bank Al-Maghrib, el banco central marroquí, de 2026 se celebra en un entorno económico marcado por una coyuntura interna relativamente favorable, pero también por un contexto internacional cada vez más incierto. Por un lado, la dinámica interna de la economía parece relativamente sólida, impulsada por un crecimiento sostenido y por un descenso notable de la inflación. Por otro, el entorno internacional se ha oscurecido bruscamente, especialmente desde la escalada de las tensiones militares en Oriente Medio en torno al estrecho de Ormuz, un paso estratégico para el comercio energético mundial.
En este contexto, la cuestión central para la política monetaria nacional no es tanto la del crecimiento como la de la gestión del riesgo externo.
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Según una nota de análisis de BMCE Capital Global Research (BKGR), publicada con motivo de la preparación del Consejo de Bank Al-Maghrib, la prudencia debería prevalecer y llevar al banco central a mantener su tipo de interés director en el 2,25%, con el objetivo de preservar margen de maniobra ante una posible subida de los precios de la energía.
Tras un crecimiento estimado del producto interior bruto del 5,0% en 2025, la economía debería estabilizarse en torno al 4,5% de media en 2026 y 2027, según las previsiones de Bank Al-Maghrib.
Además, esta dinámica se apoya en dos motores principales. El primero es la agricultura: en el supuesto de una campaña cerealista media de 50 millones de quintales, el valor añadido agrícola podría aumentar alrededor de un 4,0% en 2026.
El segundo motor reside en las actividades no agrícolas, que deberían registrar un crecimiento del 4,8% en 2026 y del 4,5% en 2027, impulsadas en particular por el dinamismo de la inversión y por los grandes proyectos de infraestructuras vinculados a la transformación económica del país.
Estas previsiones son, en términos generales, coherentes con las estimaciones de varias instituciones internacionales. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial sitúan también el crecimiento de Marruecos entre el 4% y el 4,5% a medio plazo, lo que confirma la resiliencia de la economía pese a un entorno global incierto.
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La evolución más llamativa del inicio de año concierne, sin embargo, a la trayectoria de los precios. A finales de enero de 2026, la inflación se situó en –0,8% interanual, lo que supone un claro retroceso respecto a los niveles observados en años anteriores.
Según los datos del Haut-commissariat au plan (HCP), el «Alto Comisionado para el Plan», esta moderación se explica principalmente por la caída de los precios de los alimentos y por una estabilización de la inflación subyacente. Para los hogares, esta evolución representa una señal importante después de varios años de presión sobre el poder adquisitivo. Sin embargo, esta desinflación sigue siendo frágil.
La nota de BMCE Capital Global Research (BKGR) subraya que varios factores externos podrían reactivar rápidamente las presiones inflacionistas. Entre ellos figuran posibles perturbaciones en el estrecho de Ormuz, un encarecimiento de los costes logísticos o la persistente volatilidad de los mercados agrícolas internacionales.
En otras palabras, la actual caída de la inflación responde tanto a factores coyunturales como a una verdadera normalización de los precios.
Finanzas públicas bajo control
En cuanto a las finanzas públicas, los primeros indicadores del año reflejan una situación relativamente controlada.
A finales de enero de 2026, el déficit presupuestario se situó en 9.600 millones de dirhams, frente a los 6.800 millones registrados un año antes, según los datos recopilados por BMCE Capital Global Research.
Este aumento se explica principalmente por un efecto de base relacionado con la amnistía fiscal aplicada en enero de 2025, que había inflado temporalmente los ingresos públicos. En detalle, los ingresos ordinarios retrocedieron un 8,3%, hasta los 29.700 millones de dirhams, mientras que los gastos ordinarios disminuyeron un 22,4%, hasta los 32.700 millones.
A pesar de esta evolución, el saldo ordinario mejora de forma notable, pasando de –9.700 a –2.900 millones de dirhams.
Según las previsiones asociadas a la Loi de finances 2026 («Ley de Presupuestos 2026»), el déficit presupuestario debería estabilizarse en torno al –3,4% del PIB, manteniendo al mismo tiempo un elevado nivel de inversión pública para apoyar el crecimiento no agrícola.
Más allá de los indicadores internos, la evolución de la economía marroquí dependerá en gran medida de la situación geopolítica internacional.
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La nota de BMCE Capital Global Research (BKGR) identifica dos escenarios principales vinculados al conflicto que enfrenta a Estados Unidos, Israel e Irán.
En un escenario de escalada contenida, una subida del petróleo por encima de los 85 dólares por barril podría reducir el crecimiento marroquí en alrededor de 0,4 puntos, mientras que la inflación podría repuntar hasta cerca del 2% en 2026.
No obstante, los equilibrios macroeconómicos se mantendrían relativamente controlados, con un déficit por cuenta corriente situado entre el –2,5% y el –3% del PIB.
En cambio, en un escenario de conflicto prolongado, el impacto podría ser más significativo. El crecimiento podría reducirse en aproximadamente un punto, mientras que la inflación podría situarse en una horquilla del 3% al 4%, como consecuencia de un choque energético duradero.
