Marruecos tiene ante sí un importante margen para aumentar la participación del sector privado en su economía. Según el Country Private Sector Diagnostic (CPSD) dedicado a Marruecos por la Corporación Financiera Internacional (IFC), el país podría movilizar alrededor de 7.400 millones de dólares en nuevas inversiones privadas y generar más de 166.000 empleos en los próximos cinco a diez años si se eliminan determinados obstáculos regulatorios, administrativos y de acceso a recursos.
El diagnóstico, elaborado por la IFC, miembro del Grupo Banco Mundial, parte de una constatación clara: Marruecos ha realizado importantes avances en estabilidad macroeconómica, infraestructuras, logística y energías renovables, pero la inversión privada todavía no alcanza todo su potencial. El sector público continúa concentrando una parte importante del esfuerzo inversor, mientras que la inversión privada representa aproximadamente un tercio de la inversión total.
Para la IFC, el reto ya no consiste únicamente en identificar nuevas oportunidades, sino en crear las condiciones necesarias para que los inversores puedan aprovecharlas. El diagnóstico apunta especialmente a la complejidad de determinados procedimientos administrativos, las carencias regulatorias, las dificultades de acceso al suelo y a la energía verde, así como a la falta de determinadas competencias profesionales.
Cuatro sectores con potencial
El informe concentra su análisis en cuatro actividades consideradas estratégicas por su capacidad para atraer capital privado y generar empleo: la producción descentralizada de energía solar, los textiles bajos en carbono, los cosméticos derivados del argán y la acuicultura marina. Los cuatro sectores encajan, según la IFC, con las prioridades nacionales de transición verde, modernización industrial y desarrollo territorial.
En el ámbito de la energía solar, el potencial está vinculado a una mayor participación de inversores privados en instalaciones descentralizadas. La IFC considera que una regulación más clara y procedimientos de autorización más ágiles podrían facilitar la expansión de este tipo de proyectos y reforzar la transición energética del Reino.
El sector textil aparece igualmente como uno de los grandes espacios de crecimiento. El diagnóstico destaca especialmente las oportunidades vinculadas a la producción baja en carbono y al reciclaje de residuos textiles. Un programa piloto impulsado por la IFC demostró que el reciclaje de residuos textiles en Marruecos es técnicamente viable y comercialmente factible. Su ampliación podría movilizar hasta 1.900 millones de dólares adicionales de inversión privada y generar más de 30.000 empleos.
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El argán constituye otro de los activos diferenciadores de Marruecos. La IFC identifica una oportunidad para desarrollar una industria de mayor valor añadido alrededor de los productos derivados del argán, especialmente en el ámbito de la cosmética, donde la combinación entre materia prima local, transformación industrial y posicionamiento internacional puede abrir nuevas oportunidades de exportación.
La acuicultura marina, por su parte, figura entre los sectores con potencial para atraer nuevas inversiones y contribuir al desarrollo económico de las regiones costeras. El diagnóstico considera que esta actividad puede beneficiarse de una mayor claridad regulatoria, mejores condiciones de acceso a los recursos y una mayor capacidad de estructuración de proyectos privados.
El problema está en las reglas, no en la falta de oportunidades
Uno de los principales mensajes del diagnóstico es que Marruecos dispone de activos suficientes para atraer más inversión privada. Sin embargo, determinadas barreras impiden transformar esas oportunidades en proyectos a gran escala.
Entre las medidas recomendadas figuran la simplificación y digitalización de los procedimientos de autorización, una mayor claridad de las normas sectoriales, un mejor acceso al suelo y a la energía renovable y el fortalecimiento de los sistemas de estándares y trazabilidad.
La IFC considera que estas reformas permitirían al país avanzar hacia un modelo de crecimiento más apoyado en la inversión privada, al tiempo que reforzarían la competitividad de las empresas marroquíes y su capacidad para integrarse en cadenas de valor internacionales.
El desafío del empleo
La cuestión del empleo ocupa un lugar central en el diagnóstico. Marruecos ha registrado importantes avances económicos durante las últimas décadas, pero la creación de puestos de trabajo no ha seguido el mismo ritmo que el crecimiento de la población en edad de trabajar, especialmente entre las mujeres y los jóvenes.
El CPSD se suma así a otro informe del Grupo Banco Mundial sobre crecimiento y empleo que estima que un programa de reformas estructurales podría permitir a Marruecos generar 1,7 millones de empleos adicionales de aquí a 2035 y 2,5 millones de aquí a 2050, además de elevar el PIB real cerca de un 20% por encima del escenario de referencia.
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Para la IFC, el desarrollo del sector privado constituye, por tanto, una pieza fundamental para convertir el crecimiento económico en más oportunidades laborales, especialmente para los jóvenes y las mujeres.
De la inversión pública a un mayor protagonismo del privado
El diagnóstico también pone de relieve un cambio de etapa. Marruecos ha construido durante las últimas décadas una sólida base de infraestructuras, transporte, logística y energía, apoyándose en una fuerte inversión pública. La siguiente fase pasa ahora por conseguir que el capital privado tenga un papel mucho mayor en la financiación y expansión de nuevos sectores productivos.
Esta orientación coincide con el objetivo nacional de elevar progresivamente la participación de la inversión privada hasta representar dos tercios de la inversión total de aquí a 2035.
El mensaje de la IFC es, en este sentido, especialmente relevante: el potencial existe, pero para materializarlo será necesario actuar sobre el entorno empresarial y facilitar que las compañías puedan crecer, invertir y competir.
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«Marruecos cuenta con los activos sectoriales y la ambición política necesarios para atraer mucha más inversión privada», señaló Cheick-Oumar Sylla, director de la división de África del Norte y el Cuerno de África de la IFC. Según el responsable, el Reino está preparado para avanzar hacia una nueva etapa de participación del sector privado.
El diagnóstico dibuja así una hoja de ruta que va más allá de los cuatro sectores analizados. Para Marruecos, la próxima batalla económica no será únicamente atraer grandes inversiones, sino conseguir que estas generen más valor añadido, empleo, innovación y oportunidades para las empresas nacionales.
