El Pacto TPE-PME promete ampliar el acceso de las pequeñas empresas al apoyo público, pero sus condiciones de elegibilidad plantean una cuestión de fondo: ¿pueden las microempresas beneficiarse realmente de un mecanismo basado en un umbral mínimo de inversión de un millón de dirhams? La Confederación Marroquí de las TPE-PME responde negativamente y sostiene que, pese a su denominación, el programa sigue estando diseñado principalmente para empresas ya suficientemente estructuradas y capitalizadas.
Según la Confederación, este mecanismo beneficiaría, en el mejor de los casos, a unas 800 empresas al año, lo que representa apenas el 0,02% del tejido empresarial nacional. La organización afirma, además, que cerca de cuatro millones de microempresas constituyen el 98% del total de empresas marroquíes. Estas cifras sustentan su principal crítica: la dimensión del programa resulta desproporcionadamente reducida en comparación con la población empresarial a la que pretende dirigirse.
El problema, por tanto, no radica únicamente en el volumen de las ayudas movilizadas, sino en la adecuación entre los criterios de acceso y la capacidad financiera real de los potenciales beneficiarios. Una empresa incapaz de movilizar una inversión de un millón de dirhams queda automáticamente excluida del programa, incluso si su proyecto presenta un elevado potencial para generar empleo, impulsar la formalización o crear valor añadido a nivel local. En este sentido, el umbral de acceso se convierte en un mecanismo de selección que corre el riesgo de excluir precisamente a las empresas menos capitalizadas.
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La Confederación considera que esta lógica responde todavía a una visión cuantitativa de la inversión, en la que el tamaño del proyecto prevalece sobre su impacto económico y social. Sostiene que una microempresa puede crear un puesto de trabajo con una inversión inferior a 300.000 dirhams, mientras que los grandes proyectos analizados por la Comisión Nacional de Inversiones requieren, de media, más de tres millones de dirhams por cada empleo generado. No obstante, estos datos, presentados por la organización sin un desglose sectorial, deben interpretarse con cautela, ya que la intensidad de capital varía considerablemente entre la industria, los servicios, el comercio y las infraestructuras.
La crítica mantiene, sin embargo, su relevancia desde el punto de vista económico. Una inversión industrial de gran envergadura no puede evaluarse con los mismos criterios que una actividad de servicios, pero una política de empleo tampoco puede ignorar aquellos sectores donde el coste de creación de un puesto de trabajo es menor. El reto para los poderes públicos consiste, por tanto, en apoyar los proyectos estructurantes sin limitar el potencial de generación de empleo de las pequeñas empresas.
Mehdi Fakir, experto contable y analista económico y financiero, comparte parte del diagnóstico sobre la escasa representación de las microempresas en los circuitos de financiación. En declaraciones a Le360, señala que el mercado de capitales marroquí «todavía no refleja fielmente la estructura» de la economía, ya que las pymes y las microempresas siguen teniendo una presencia marginal, pese a su peso en el tejido productivo. Recuerda, además, que la legislación prevé la creación de un mercado específico para las pequeñas empresas, aunque este todavía no es plenamente operativo.
Mecanismos disponibles, pero poco aprovechados
Su análisis, no obstante, matiza la atribución exclusiva de responsabilidades a las políticas públicas. Según Mehdi Fakir, el Estado cumple con su función al establecer los instrumentos regulatorios necesarios, aunque su existencia no garantiza automáticamente que sean utilizados. «La verdadera cuestión es saber si las empresas marroquíes aprovecharán esta oportunidad», explica, subrayando que muchas pequeñas empresas, especialmente en las regiones, siguen alejadas de los mecanismos financieros más sofisticados.
El acceso a la financiación no se limita a la existencia de una ventanilla de apoyo. También requiere una gobernanza formalizada, información financiera transparente y capacidad para responder a las exigencias de los inversores. Mehdi Fakir señala que muchas pequeñas empresas esperan a encontrarse con problemas de endeudamiento o de gestión antes de iniciar su transformación. Sin embargo, cuando posteriormente solicitan financiación alternativa, sus cuentas o su organización ya no cumplen los requisitos exigidos.
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La posición de la Confederación desplaza, sin embargo, el debate hacia una fase anterior. Si las microempresas no están suficientemente estructuradas para acceder a los mecanismos existentes, precisamente necesitan un acompañamiento adaptado a su dimensión. Por ello, la organización reclama la creación de una agencia «Maroc TPE», independiente de las instituciones tradicionalmente orientadas a las pymes y especializada en atender las necesidades específicas de las microempresas.
Mehdi Fakir tampoco descarta una adaptación de los mecanismos existentes. Considera que «ningún dispositivo es perfecto» e invita a las organizaciones profesionales a identificar con precisión los obstáculos existentes para, posteriormente, presentar propuestas concretas de modificación a los organismos reguladores. Sus reservas no se centran tanto en la legitimidad de las críticas como en la necesidad de traducirlas en propuestas técnicamente viables.
