Marruecos consolida su posición como uno de los destinos preferidos para la inversión extranjera

El 25/07/2026 a las 09h15

La inversión extranjera directa alcanzó cifras récord en Marruecos durante 2025, confirmando el creciente atractivo del Reino para los grandes grupos internacionales. La estabilidad económica, la seguridad jurídica, las infraestructuras, los incentivos públicos y el desarrollo de nuevos polos industriales explican un avance que sitúa al país entre los destinos de inversión más dinámicos de África.

Marruecos continúa afianzándose como uno de los mercados más atractivos para la inversión extranjera en África, impulsado por una estrategia basada en la industrialización, la transición energética y la estabilidad económica. Según el World Investment Report 2026 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (CNUCED), el Reino captó 3.330 millones de dólares en inversión extranjera directa (IED) en 2025, un 91% más que el año anterior, convirtiéndose en uno de los pocos países del continente que registró un crecimiento significativo de los flujos de capital internacionales. Paralelamente, las estadísticas de la Oficina de Cambios reflejan un récord histórico de 56.100 millones de dirhams en ingresos por IED durante el mismo ejercicio.

Estos resultados son fruto de una estrategia de largo plazo que ha permitido posicionar al Reino como un polo industrial y logístico de referencia entre Europa y África. La expansión de sectores como la automoción, la aeronáutica, las energías renovables y la industria de las baterías eléctricas ha atraído inversiones de grandes grupos internacionales, mientras que proyectos estratégicos como la gigafactoría de Gotion en Kenitra o el complejo industrial de COBCO en Jorf Lasfar consolidan la apuesta marroquí por la movilidad eléctrica y la economía verde. Marruecos se ha convertido así en uno de los principales destinos africanos para la inversión industrial y sostenible.

El atractivo del país también responde a las reformas emprendidas para mejorar el clima de negocios. La nueva Carta de Inversiones, junto con un marco jurídico estable, incentivos específicos para proyectos estratégicos y la modernización de las infraestructuras logísticas, ha reforzado la confianza de los inversores internacionales. Durante 2025, la Comisión Nacional de Inversiones aprobó 44 proyectos por un valor superior a 86.000 millones de dirhams, distribuidos en diez regiones del país y con capacidad para generar más de 20.000 empleos, reflejando la creciente diversificación territorial y sectorial de las inversiones.

Más allá del volumen de capital captado, el reto para Marruecos pasa ahora por transformar estos flujos en crecimiento sostenible y creación de valor añadido. Las autoridades buscan aumentar la integración local de las cadenas industriales, impulsar la transferencia tecnológica y favorecer la creación de empleo cualificado. Con una posición geográfica estratégica, una política industrial coherente y un entorno cada vez más competitivo para los negocios, el Reino se consolida como una plataforma de referencia para las empresas internacionales que desean acceder simultáneamente a los mercados europeo y africano.

Marruecos, un destino privilegiado para la inversión extranjera

Los resultados récord registrados por Marruecos en materia de inversión extranjera directa no son fruto del azar. Detrás del crecimiento de los flujos de capital se encuentra una estrategia desarrollada durante más de tres décadas, basada en la estabilidad institucional, un marco jurídico favorable a los negocios, una progresiva liberalización económica y una política industrial orientada a integrar al Reino en las cadenas globales de producción. Las sucesivas reformas han permitido crear un entorno que ofrece a los inversores seguridad jurídica, facilidades financieras y un acceso privilegiado tanto al mercado europeo como al africano.

Un marco jurídico diseñado para proteger la inversión

Uno de los principales factores que explican el atractivo de Marruecos es la seguridad jurídica que ofrece a los operadores internacionales. Desde la década de 1990, el Reino ha emprendido una profunda modernización de su legislación mercantil con el objetivo de alinearla con los estándares internacionales y facilitar la implantación de empresas extranjeras.

La reforma del Código de Comercio, la actualización de la legislación sobre sociedades mercantiles y la aprobación de una nueva Carta de Inversiones, que hace hincapié por primera vez en el principio de no discriminación en materia de inversión, insistiendo en la igualdad de trato de los inversores, independientemente de su nacionalidad. Lo que ha configurado un entorno más transparente y competitivo. En particular, la Ley 17-95 sobre sociedades anónimas, modificada posteriormente por la Ley 20-05, reforzó la protección de los accionistas, modernizó las normas de gobernanza corporativa e introdujo mecanismos destinados a facilitar el acceso a los mercados de capitales y la internacionalización de las empresas marroquíes.

Este marco se completa con un Código General Tributario objeto de reformas continuas para simplificar el sistema fiscal, ampliar la base imponible y mejorar la competitividad del tejido empresarial, según diversos estudios sobre la evolución del clima de inversión en Marruecos.

Más allá de la legislación nacional, Marruecos ha construido una extensa red de garantías internacionales destinadas a reducir el riesgo jurídico asociado a las inversiones extranjeras.

El Reino es miembro del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), organismo del Grupo Banco Mundial encargado de resolver litigios entre Estados e inversores extranjeros. Asimismo, forma parte de la Agencia Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA), especializada en la cobertura de riesgos políticos, y ha ratificado la Convención de Nueva York de 1958, que facilita el reconocimiento y la ejecución internacional de los laudos arbitrales.

A ello se suma una amplia red de acuerdos bilaterales de protección recíproca de inversiones y de convenios para evitar la doble imposición, firmados con numerosos países europeos, africanos, americanos y asiáticos. En conjunto, estos instrumentos garantizan a los inversores extranjeros un trato no discriminatorio y protección frente a riesgos como la nacionalización o la expropiación, salvo en casos de utilidad pública y mediante la correspondiente indemnización.

La OCDE considera que este entramado jurídico constituye uno de los principales elementos que explican la creciente confianza de los inversores internacionales en Marruecos.La OCDE considera también que Marruecos dispone de un marco jurídico moderno y favorable para la inversión extranjera, aunque recomienda profundizar en varias reformas para reforzar su atractivo. Entre ellas destacan la eliminación de las restricciones que aún afectan a determinados sectores de servicios, la aceleración de la aplicación de la nueva Carta de Inversiones, el fortalecimiento de los mecanismos de consulta pública y una mayor protección jurídica frente a las expropiaciones, en línea con los estándares internacionales.

El organismo también propone modernizar el régimen de la propiedad del suelo, reforzar la protección de la propiedad intelectual y mejorar la eficiencia del sistema judicial mediante un aumento del número de magistrados, el impulso de la mediación y la agilización de los procedimientos arbitrales. Asimismo, recomienda crear la figura del Defensor de la Empresa, destinada a prevenir litigios y fortalecer la confianza de los inversores en el clima de negocios marroquí.

Un régimen cambiario que garantiza la libre circulación de capitales

La estabilidad financiera constituye otro de los pilares del modelo marroquí. En este ámbito desempeña un papel central el Office des Changes, organismo encargado de aplicar la normativa cambiaria y de supervisar los movimientos internacionales de capital.

Desde comienzos de los años noventa, Marruecos ha impulsado una política de liberalización progresiva del mercado de cambios. La adhesión, en 1993, al artículo VIII de los Estatutos del Fondo Monetario Internacional supuso el reconocimiento de la convertibilidad del dirham para las operaciones corrientes, mientras que la creación del mercado de divisas en 1996 reforzó la integración financiera del Reino.

Actualmente, los inversores extranjeros pueden abrir cuentas convertibles en dirhams, lo que facilita la financiación local de sus proyectos y, al mismo tiempo, garantiza la libre transferencia al extranjero de dividendos, beneficios, plusvalías y del capital invertido, siempre que las operaciones hayan sido realizadas conforme a la reglamentación cambiaria. Este mecanismo reduce considerablemente el riesgo financiero asociado a la inversión y constituye uno de los aspectos más valorados por las empresas internacionales.

Crear una empresa es hoy más rápido y sencillo

La simplificación administrativa constituye otra de las reformas que han contribuido a mejorar el clima de negocios.

Durante los últimos años, Marruecos ha reforzado el papel de la Agencia Marroquí para el Desarrollo de las Inversiones y las Exportaciones (AMDIE) y de los Centros Regionales de Inversión (CRI), convertidos en auténticas ventanillas únicas para los inversores.

Estos organismos centralizan la mayor parte de los procedimientos administrativos relacionados con la creación de empresas, la obtención de autorizaciones y el acceso a incentivos públicos, reduciendo significativamente los plazos y los costes administrativos. La digitalización de numerosos trámites ha permitido además agilizar la implantación de nuevos proyectos industriales y comerciales.

Según la OCDE, estas reformas sitúan a Marruecos entre las economías africanas con mayor apertura a la inversión extranjera.

Una fiscalidad competitiva para atraer proyectos estratégicos

El sistema fiscal constituye igualmente un instrumento de política económica destinado a favorecer la inversión productiva.

La nueva Carta de Inversiones prevé subvenciones y ayudas financieras para proyectos que cumplan determinados criterios relacionados con la creación de empleo, el desarrollo regional, la innovación tecnológica o la transición energética.

A ello se suman diferentes incentivos fiscales dirigidos a actividades industriales, exportadoras y tecnológicas, así como mecanismos específicos destinados a favorecer la implantación de proyectos considerados estratégicos para el desarrollo económico del Reino.

Diversos estudios académicos sobre la competitividad fiscal marroquí destacan que estas medidas han contribuido a mejorar la rentabilidad de las inversiones y a incrementar la capacidad del país para competir con otros destinos emergentes del Mediterráneo y África.

Las Zonas de Aceleración Industrial, un motor para la inversión

Otro de los pilares del modelo marroquí son las Zonas de Aceleración Industrial, anteriormente conocidas como zonas francas.

Estas plataformas ofrecen infraestructuras de primer nivel, procedimientos aduaneros simplificados y un entorno especialmente diseñado para las empresas exportadoras. La proximidad a puertos estratégicos como Tanger Med, la disponibilidad de suelo industrial equipado y la existencia de ecosistemas especializados en automoción, aeronáutica, electrónica o logística han favorecido la implantación de cientos de empresas internacionales.

El acceso a estas zonas está condicionado principalmente al desarrollo de actividades industriales o de servicios orientadas hacia la exportación, aunque el régimen también contempla proyectos con un elevado contenido tecnológico o generadores de empleo cualificado.

Gracias a estas plataformas, Marruecos ha conseguido integrarse en las cadenas internacionales de suministro y convertirse en uno de los principales centros manufactureros del continente.

Una estrategia que trasciende los incentivos

La creciente capacidad de Marruecos para atraer inversión extranjera no responde únicamente a la existencia de incentivos fiscales o de un marco jurídico favorable. También es consecuencia de una estrategia económica coherente que combina estabilidad macroeconómica, infraestructuras de clase mundial, apertura comercial, seguridad jurídica y una política industrial orientada hacia sectores de alto valor añadido.

La evolución de los flujos de inversión durante los últimos años confirma que el Reino no solo ha conseguido captar más capital extranjero, sino también posicionarse como una plataforma industrial y logística entre Europa, África y Oriente Medio. El desafío pasa ahora por convertir este dinamismo inversor en un mayor desarrollo tecnológico, un incremento del contenido local de las cadenas de producción y la creación de empleo cualificado, consolidando así un crecimiento sostenible a largo plazo.

Por Jose Mangue
El 25/07/2026 a las 09h15