African Lion no es una cita nueva. Desde su creación en 2004, este ejercicio se celebra anualmente para reunir a soldados y aliados regionales del Mando de Estados Unidos para África (AFRICOM). En los últimos cinco años, más de 40.000 militares han pasado por estas maniobras. La edición de 2026, que se prolongará hasta el próximo 8 de mayo, congrega a más de 30 países y moviliza a unos 4.500 participantes en operaciones desarrolladas en Marruecos, Ghana, Senegal y Túnez.
Durante la clausura del ejercicio militar «African Lion 2025»
Sin embargo, la convocatoria de este año rompe con la tradición. Varias novedades transformarán estas maniobras en un «laboratorio militar de alcance continental», según explica el politólogo Hicham Mouatadid.
De acuerdo con el servicio multimedia del Departamento de Defensa de Estados Unidos, cerca de 40 proveedores de tecnología militar estadounidense probarán en condiciones reales los armamentos y sistemas de mando del futuro. El despliegue incluye 10 sistemas de mando y control, 4 arquitecturas de ataque en profundidad, 12 dispositivos de defensa y 15 soluciones de integración de contraataque.
El teniente coronel Ramon Leonguerrero, responsable de innovación en la Fuerza de Tarea de Europa del Sur y África del Ejército de Estados Unidos (SETAF-AF), destaca este cambio de paradigma: «Nuestro objetivo es cerrar la brecha entre la tecnología emergente y el combatiente, utilizando African Lion 26 para desplegarnos rápidamente sobre el terreno y validar las herramientas necesarias para obtener una ventaja decisiva».
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La elección de Marruecos para estas pruebas no es casual. El Reino ofrece condiciones que pocos lugares en África pueden reunir, como amplias zonas de entrenamiento, un espacio aéreo despejado y disponibilidad de espectro electromagnético, según reconoce el portal de información militar DVIDS. «Es un laboratorio a cielo abierto, con un clima, distancias y complejidad comparables a las de operaciones reales», comenta un experto en defensa.
Otro punto clave es la aceleración del ciclo «detectar-decidir-golpear», conocido en el ámbito militar como bucle OODA (observación, orientación, decisión y acción). El tiempo de este proceso resulta determinante en el campo de batalla moderno.
Unidades de élite como el 19º Grupo de Fuerzas Especiales, la 173ª Brigada Aerotransportada y la 207ª Brigada de Inteligencia Militar trabajarán con sistemas que agilizan las cadenas de mando. Estas operaciones complejas requieren una coordinación precisa entre distintas armas y una sincronización de efectos bajo presión. «Estos sistemas permiten a los estados mayores detectar, rastrear y atacar objetivos de forma más rápida y a mayor distancia», añade Leonguerrero.
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La inteligencia artificial no es solo un complemento, sino una «capa estructural de la maniobra», según Mouatadid. La IA permite fusionar datos de sensores heterogéneos y optimizar la toma de decisiones al anticipar los movimientos del adversario. Al reducir los plazos entre la detección y la acción, esta tecnología redefine los equilibrios temporales del combate y otorga una ventaja estratégica al actor capaz de dominar esta compresión del tiempo.
Esta evolución forma parte de una transformación hacia sistemas de combate «cognitivos», donde la superioridad depende de la capacidad para orquestar interacciones complejas entre humanos y algoritmos. African Lion se convierte así en un espacio para probar los límites de la delegación de decisiones y la confianza en sistemas automatizados.
Para Marruecos, el reto va más allá del uso de la tecnología: se trata de integrarse en la cadena de valor. Aunque la participación es clave, el experto señala que la verdadera autonomía estratégica dependerá de la capacidad de internalizar, adaptar y, finalmente, producir estas herramientas.
Sin embargo, la convocatoria de este año rompe con la tradición. Varias novedades transformarán estas maniobras en un «laboratorio militar de alcance continental», según explica el politólogo Hicham Mouatadid. De acuerdo con el servicio multimedia del Departamento de Defensa de Estados Unidos, cerca de 40 proveedores de tecnología militar estadounidense probarán en condiciones reales los armamentos y sistemas de mando del futuro. El despliegue incluye 10 sistemas de mando y control, 4 arquitecturas de ataque en profundidad, 12 dispositivos de defensa y 15 soluciones de integración de contraataque.
El teniente coronel Ramon Leonguerrero, responsable de innovación en la Fuerza de Tarea de Europa del Sur y África del Ejército de Estados Unidos (SETAF-AF), destaca este cambio de paradigma: «Nuestro objetivo es cerrar la brecha entre la tecnología emergente y el combatiente, utilizando African Lion 26 para desplegarnos rápidamente sobre el terreno y validar las herramientas necesarias para obtener una ventaja decisiva».
Evaluación en tiempo real y toma de decisiones
El ejercicio incorpora un sistema de evaluación de ciclo cerrado. Los soldados realizarán informes digitales sobre el rendimiento de los equipos, unos datos que se procesarán en tiempo real para generar cuadros de mando y puntuaciones para cada proveedor. Esta información se enviará tanto a las empresas como al Mando del Ejército de Estados Unidos para Europa y África con el fin de orientar las futuras decisiones de desarrollo y adquisición.
La elección de Marruecos para estas pruebas no es casual. El Reino ofrece condiciones que pocos lugares en África pueden reunir, como amplias zonas de entrenamiento, un espacio aéreo despejado y disponibilidad de espectro electromagnético, según reconoce el portal de información militar DVIDS. «Es un laboratorio a cielo abierto, con un clima, distancias y complejidad comparables a las de operaciones reales», comenta un experto en defensa.
Otro punto clave es la aceleración del ciclo «detectar-decidir-golpear», conocido en el ámbito militar como bucle OODA (observación, orientación, decisión y acción). El tiempo de este proceso resulta determinante en el campo de batalla moderno. Unidades de élite como el 19º Grupo de Fuerzas Especiales, la 173ª Brigada Aerotransportada y la 207ª Brigada de Inteligencia Militar trabajarán con sistemas que agilizan las cadenas de mando. Estas operaciones complejas requieren una coordinación precisa entre distintas armas y una sincronización de efectos bajo presión. «Estos sistemas permiten a los estados mayores detectar, rastrear y atacar objetivos de forma más rápida y a mayor distancia», añade Leonguerrero.
El papel de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial no es solo un complemento, sino una «capa estructural de la maniobra», según Mouatadid. La IA permite fusionar datos de sensores heterogéneos y optimizar la toma de decisiones al anticipar los movimientos del adversario. Al reducir los plazos entre la detección y la acción, esta tecnología redefine los equilibrios temporales del combate y otorga una ventaja estratégica al actor capaz de dominar esta compresión del tiempo.
Esta evolución forma parte de una transformación hacia sistemas de combate «cognitivos», donde la superioridad depende de la capacidad para orquestar interacciones complejas entre humanos y algoritmos. African Lion se convierte así en un espacio para probar los límites de la delegación de decisiones y la confianza en sistemas automatizados. Para Marruecos, el reto va más allá del uso de la tecnología: se trata de integrarse en la cadena de valor. Aunque la participación es clave, el experto señala que la verdadera autonomía estratégica dependerá de la capacidad de internalizar, adaptar y, finalmente, producir estas herramientas.
Lo que hace que esta edición sea especial es la entrada en una fase de «convergencia tecno-operativa acelerada». La integración de empresas industriales en el corazón de las maniobras permite que las tecnologías no solo se presenten, sino que se pongan a prueba en situaciones de estrés.
Inteligencia, automatización, mando: una integración más estrecha
En el plano doctrinal, el énfasis en los ataques en profundidad y la contraofensiva distribuida refleja un giro hacia modelos de guerra sistémica. El objetivo ya no es solo dominar un espacio, sino desarticular los sistemas del adversario atacando sus funciones críticas, como sensores, comunicaciones y logística. Esta lógica exige una integración precisa entre inteligencia, automatización y mando, donde la velocidad de ejecución es el factor decisivo.
Los sistemas a prueba se someten a un «estrés estratégico» que permite distinguir la innovación teórica de la eficacia operativa real. Según el politólogo, este enfoque convierte al ejercicio en un árbitro industrial que orientará las futuras compras de equipos y las inversiones de los socios.
Paralelamente, Marruecos albergará el primer centro de formación en drones para fuerzas africanas. Durante el mes de abril, 16 militares de distintos países del continente recibirán una formación estructurada. Los módulos abordarán desde la integración de drones en la planificación de operaciones hasta el manejo de cuatro sistemas diferentes de aeronaves no tripuladas.
Para Mouatadid, esta designación posiciona al Reino como un «nodo de difusión de capacidades». Marruecos no solo transmitirá competencias técnicas, sino también estándares doctrinales y normas de uso. A medio plazo, esta dinámica podría generar una dependencia positiva hacia el país, que se convertiría en un referente regional en el empleo de sistemas autónomos. Se trata de un mecanismo de influencia estratégica basado en la producción de normas más que en la coacción directa.
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El lanzamiento de esta iniciativa dentro del African Lion amplía su alcance. «Inscribe la formación en un entorno operativo multinivel, donde el uso de drones se contextualiza de inmediato en escenarios complejos que implican la coordinación de distintos cuerpos y la integración en diversos dominios. Esta inmersión permite ir más allá del aprendizaje técnico para alcanzar una verdadera apropiación doctrinal. A medio plazo, esta dinámica podría generar un efecto de dependencia positiva hacia Maroc, en el norte de África, que se convertiría en un referente regional en el uso de sistemas autónomos. Se trata de una palanca de influencia estratégica sutil, basada en la producción y difusión de normas más que en la presión directa».
Por esta razón, Hicham Mouatadid, politólogo especialista en dinámicas de seguridad africanas, afirma que «el African Lion, dirigido por el Mando de Estados Unidos para África (US Africa Command), debe entenderse como una arquitectura estratégica evolutiva y no como un simple ejercicio conjunto. Para Maroc, constituye un instrumento de “aculturación estratégica avanzada” que permite a las Fuerzas Armadas Reales (FAR) integrarse en las lógicas de la guerra multidominio, donde la superioridad ya no se basa en la masa, sino en la integración de sensores, ejecutores y bucles de decisión».
Según Mouatadid, «esta integración no es baladí. Transforma progresivamente a Maroc en un actor coproductor de seguridad, capaz de mantener un diálogo doctrinal con las potencias occidentales y de ganar peso en la definición de las normas operativas regionales».
Desde la perspectiva de Estados Unidos, el African Lion responde a una lógica de «proyección de poder mediante una delegación estructurada». Ante el desgaste del modelo de bases permanentes y el encarecimiento de los costes políticos de la presencia directa, Washington opta por dispositivos modulares apoyados en socios estratégicos. El ejercicio funciona así «como una matriz de presencia indirecta, donde la interoperabilidad toma el relevo de la permanencia».
A escala sistémica, «el African Lion cumple una función de sincronización de las arquitecturas de seguridad. Alinea no solo las capacidades, sino también los tiempos de reacción, las culturas operativas y las formas de interpretar las amenazas. En un entorno marcado por la velocidad y la hibridez de las crisis, esta capacidad de sincronización reduce drásticamente los costes de coordinación en situaciones reales, lo que representa una ventaja estratégica que suele pasar desapercibida», concluye Mouatadid.









