Tras el congresista republicano Pat Harrigan, quien respaldó oficialmente el pasado 13 de febrero la proposición de ley destinada a clasificar a Polisario como organización terrorista, otro legislador republicano se ha sumado a la lista de impulsores del texto.
Se trata de Zachary Nunn, miembro del Partido Republicano y representante de Iowa en la Cámara de Representantes de Estados Unidos desde 2023. Exmilitar, Nunn sirvió en la fuerza aérea estadounidense antes de incorporarse a la guardia nacional de Iowa, donde fue ascendido a teniente coronel en 2021 y posteriormente a coronel en 2024. Su trayectoria política también está marcada por un sólido arraigo territorial. Representa a una generación de legisladores republicanos que combinan experiencia militar y compromiso legislativo.
Nunn se sumó oficialmente a la iniciativa el martes 24 de febrero. Se convierte así en el segundo parlamentario en adherirse al texto en el plazo de un mes, estrechando el cerco político sobre el Polisario. Esta toma de posición se inscribe en la continuidad de la propuesta bipartidista presentada en mayo de 2025 por el republicano Joe Wilson y el demócrata Jimmy Panetta. El texto busca obligar a la administración estadounidense a examinar formalmente la inclusión del frente Polisario en la lista de organizaciones terroristas extranjeras.

En total, son ya ocho los congresistas que respaldan la proposición de ley y señalan al Polisario como organización terrorista, según adelantó Le360: Joe Wilson, Jimmy Panetta, Mario Diaz-Balart, Jefferson Shreve, Randy Fine, Lance Gooden, Pat Harrigan y Zachary Nunn.
Esta dinámica refleja una evolución perceptible. Estados Unidos endurece progresivamente su postura frente al Front Polisario y, de forma indirecta, frente a su principal apoyo, Algérie.
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La adhesión de Pat Harrigan, exmiembro de las fuerzas especiales estadounidenses (Green Berets) y fuertemente vinculado a las cuestiones de seguridad nacional y defensa, seguida por la de Zachary Nunn, aporta mayor credibilidad a esta iniciativa legislativa. Ambos representan a un sector del Congreso especialmente sensible a los desafíos de seguridad y a la lucha contra el terrorismo transnacional.
Su respaldo consolida así un frente político decidido a impulsar un cambio en la doctrina estadounidense respecto al Polisario, enmarcando el debate en una lógica de seguridad y evidenciando una ampliación progresiva del apoyo a una línea dura dentro del Congreso.
La iniciativa respaldada por Pat Harrigan y Zachary Nunn se inscribe, además, en una dinámica más amplia, marcada por la movilización de senadores de peso como el republicano Ted Cruz, figura influyente del Partido Republicano y considerado cercano al presidente Donald Trump. Diez días antes de que se oficializara el apoyo de Harrigan, Cruz anunció su intención de presentar en el Senado una propuesta similar para clasificar al Front Polisario como organización terrorista.
Durante audiencias celebradas en el Senado sobre la seguridad en el norte de África y el Sahel, Ted Cruz adoptó una retórica especialmente ofensiva. Evocó lo que calificó de «houthización» del Polisario, estableciendo un paralelismo con los rebeldes hutíes de Yemen y acusando al movimiento de mantener vínculos operativos con Irán. Según él, estas relaciones incluirían un supuesto acceso a tecnologías militares iraníes —en particular drones—, así como un papel en circuitos de suministro de armas hacia ciertos grupos yihadistas del Sahel. Estas acusaciones contribuyen a instalar en el debate estadounidense una lectura securitaria del dossier sahariano, que trasciende el marco estrictamente diplomático.
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Reposicionamiento estratégico
Paralelamente a esta presión legislativa, Washington anunció el nombramiento de Mark Schapiro como encargado de negocios en Argel, efectivo a partir del 1 de marzo de 2026. La elección de un diplomático interino en lugar de un embajador confirmado —además percibido como controvertido por el vecino argelino— alimenta las especulaciones sobre el estado real de las relaciones bilaterales.
Diplomático experimentado, Mark Schapiro conoce bien Argelia, donde ejerció entre 2007 y 2009 como consejero político en la embajada estadounidense. También ha ocupado diversos cargos en el mundo árabe y en Europa. Sin embargo, es percibido por el poder argelino como crítico, incluso «hostil». Suscitó una fuerte polémica por haber participado en la organización de encuentros entre diplomáticos estadounidenses y formaciones políticas argelinas, lo que le valió acusaciones de injerencia. En el contexto actual, su nombramiento puede interpretarse como una señal de firmeza diplomática, en coherencia con la creciente presión observada en el Congreso.
Esta presión se produce en un momento de relanzamiento del proceso político en torno al Sáhara Occidental. Tras la ronda celebrada los días 8 y 9 de febrero en Madrid, nuevas conversaciones tuvieron lugar el 23 y 24 de febrero en Washington, bajo los auspicios de la administración del presidente Donald Trump, con la participación de representantes de Marruecos, Algérie, Polisario y Mauritania. Con su sola presencia, Argel admite ser parte implicada en el conflicto, contradiciendo su postura oficial anterior de presentarse como simple «observador preocupado».
No se trata todavía de una designación formal del Polisario como organización terrorista, sino de una escalada gradual que combina palancas legislativas, advertencias políticas y señales diplomáticas. Esta secuencia revela que el dossier sahariano ya no se percibe únicamente como un conflicto regional congelado, sino como una prioridad para la administración estadounidense, que parece dispuesta a tomar la iniciativa en varios frentes.
