Bastó un mensaje breve y minimalista, publicado el lunes 9 de febrero por la misión de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, para marcar un giro en la situación. Con un estilo típicamente trumpista, directo y sin adornos, Washington anunció —en realidad, confirmó— un hecho de gran trascendencia: la reanudación de las negociaciones sobre el Sáhara, basadas en el plan de autonomía bajo soberanía marroquí, entre las partes en conflicto y con el regreso, obligado y forzado, de Argelia a la mesa de negociaciones junto a Marruecos, Mauritania y el Frente Polisario. Todo ello bajo el paraguas estadounidense y con copatrocinio de la ONU.
«Delegaciones de alto nivel de Estados Unidos y de las Naciones Unidas facilitaron discusiones en Madrid, España, con Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania sobre la implementación de la resolución 2797 (2025) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre el Sáhara Occidental», se leía en el tuit estadounidense.
Las discusiones en Madrid representan una ruptura histórica. El mensaje estadounidense llegó al segundo día de negociaciones sobre la cuestión del Sáhara, las primeras desde la adopción de la resolución 2797 por el Consejo de Seguridad en octubre de 2025, pero, sobre todo, las primeras negociaciones políticas directas desde marzo de 2019 en Ginebra. Durante siete años, el proceso de la ONU permaneció paralizado. La razón principal residía en la negativa categórica de Argelia a participar en las discusiones multilaterales, prefiriendo refugiarse tras un estatus autoasignado de «observador preocupado». Este bloqueo estructural impedía cualquier avance sustancial.
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La reunión de Madrid cambia radicalmente la situación. Argelia, representada por su ministro de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, se vio obligada a participar en las discusiones. Y habrá otras reuniones, probablemente durante este mismo mes de febrero, en pleno Ramadán. Y no será solo para hablar.
El objetivo es claro, neto y preciso: definir los procedimientos concretas de implementación de la resolución 2797. Esto no es trivial. Adoptada el 31 de octubre de 2025 por el Consejo de Seguridad, la resolución 2797 constituye un texto clave. Consagra el plan de autonomía marroquí bajo soberanía del Reino como la única base para una resolución política duradera del conflicto. Esta evolución marca la culminación de un largo giro diplomático. Durante décadas, la ONU mantenía varias vías teóricas de resolución, incluida la del referéndum de autodeterminación. La resolución 2797 rompe con esta ambigüedad y centra nuevamente las negociaciones en una única opción «realista, pragmática y duradera».
Dentro de este nuevo marco, las partes están llamadas a negociar sobre la base de una propuesta marroquí detallada, recientemente ampliada por Rabat en un documento de referencia de unas cuarenta páginas y presentada durante las discusiones en Madrid. Este enfoque reduce considerablemente los márgenes de maniobra diplomática de los opositores al plan de autonomía, especialmente Argelia. Durante años, Argel desarrolló una estrategia que consistía en apoyar activamente al Frente Polisario mientras negaba su implicación directa en el conflicto. La participación de Argel en las negociaciones madrileñas constituye un desaire a esa línea diplomática. Argelia es un actor central del conflicto, tanto en el plano político como militar, financiero y logístico. Y ahora es considerada como tal por todo el mundo.
La secuencia que precedió al encuentro madrileño ilustra claramente esta evolución. Entre el 19 y el 23 de enero de 2026, una delegación del Polisario se desplazó discretamente a Washington a bordo de un avión proporcionado por la presidencia argelina. Unos días después, el 27 de enero de 2026, el emisario estadounidense Massad Boulos se trasladó a Argel para reunirse con Ahmed Attaf y luego con el presidente Abdelmadjid Tebboune.
Estos encuentros también sirvieron como un ajuste estratégico. Detrás del lenguaje diplomático, Washington dejó claro a Argel que debía participar en las negociaciones sobre la base del plan de autonomía marroquí.
Estados Unidos asume el control
Si la dinámica actual representa un giro, es porque Estados Unidos decidió asumir un papel de dirección directa del proceso. Aunque copatrocinadas por la ONU y en presencia de Staffan de Mistura, enviado personal del Secretario General de la ONU para el Sáhara, las negociaciones en Madrid se llevaron a cabo en la sede de la embajada estadounidense en Madrid, territorio diplomático estadounidense, lo que constituye un símbolo potente de esta toma de control. El dispositivo fue supervisado por Massad Boulos, asesor influyente de Donald Trump para Medio Oriente y África, asistido por Michael Waltz, embajador estadounidense ante la ONU, así como por un alto responsable de la CIA. Estamos frente a los «hombres del presidente».
La presencia de estas personalidades subraya la importancia estratégica que Washington concede al dossier del Sáhara. Se trata de un asunto tratado al más alto nivel del ejecutivo estadounidense, con seguimiento directo del círculo presidencial inmediato. Esta implicación explica la incapacidad de Argel para sortear la presión diplomática estadounidense. Según rumores, lo único que el ministro argelino Ahmed Attaf habría logrado evitar fue la tradicional foto de familia al final de las discusiones, ilustrando la vergüenza del régimen frente a esta nueva realidad.
El activismo diplomático estadounidense se inscribe en la continuidad del reconocimiento por parte de Washington, en diciembre de 2020, de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental bajo la administración Trump. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, esta orientación estratégica se ha reafirmado. Ya en abril de 2024, el secretario de Estado Marco Rubio declaraba que Estados Unidos reconocía la soberanía marroquí sobre el Sáhara y apoyaba el plan de autonomía como única base de resolución. Más aún, Estados Unidos «contribuiría a cualquier avance destinado a alcanzar este objetivo». Y Rubio reiteró el llamado del presidente Donald Trump para que las partes se comprometan sin demora en discusiones basadas en la propuesta de autonomía «como único marco, para negociar una solución mutuamente aceptable». Lo dicho se cumplió.
Más allá del Sáhara
Washington también es el «pen-holder» de la resolución 2797, lo que significa que Estados Unidos redactó el proyecto y dirigió su adopción en el Consejo de Seguridad.
Paralelamente al ámbito diplomático, Estados Unidos intensificó la presión de seguridad sobre Argelia y el Polisario. Durante audiencias en el Senado estadounidense el 3 de febrero de 2026, el senador Ted Cruz, uno de los pesos pesados del aparato legislativo estadounidense y cercano al presidente Trump, acusó al Polisario de mantener vínculos con redes terroristas y de ser instrumentalizado por Irán. Además, anunció la preparación de un proyecto de ley para clasificar al Polisario como organización terrorista, marcando una escalada política significativa.
Al mismo tiempo, Washington ejerce una presión creciente sobre Argelia respecto a sus adquisiciones de armamento ruso.
Parlamentarios estadounidenses, encabezados por el entonces senador Marco Rubio, habían mencionado incluso la posibilidad de imponer sanciones en virtud de la ley CAATSA (Countering America’s Adversaries Through Sanctions Act) adoptada en 2017.
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La estrategia estadounidense no se limita a la resolución del conflicto del Sáhara. Washington apunta a una transformación geopolítica más amplia del Magreb. La administración Trump busca, en particular, favorecer una reconciliación completa entre Marruecos y Argelia. Esta estrategia incluye la reapertura de la frontera terrestre cerrada desde 1994, la reanudación de las relaciones diplomáticas y la reactivación del gasoducto Magreb-Europa, cerrado por Argel en octubre de 2021.
En octubre pasado, el emisario Steve Witkoff incluso anunció la preparación de un acuerdo de paz global entre Rabat y Argel, que Washington espera finalizar rápidamente. Esto ocurrió al término de una entrevista de una hora concedida a la cadena CBS y a su periodista estrella Lesley Stahl, en presencia de Jared Kushner, yerno y alto asesor del presidente Trump en asuntos de Medio Oriente.
Frente a estos cambios, Marruecos se presenta en una posición de fuerza diplomática. Durante varios años, el rey Mohammed VI ha multiplicado los llamados a la reconciliación con Argelia. En su Discurso del Trono del 29 de julio de 2025, el soberano reafirmó su compromiso con una política de mano tendida hacia Argel. Posturas similares ya habían sido expresadas en 2022 y 2023. Más recientemente, tras la adopción de la resolución 2797, el rey Mohammed VI renovó su llamado al diálogo fraternal y exhortó a las poblaciones de los campamentos de Tinduf a aprovechar las oportunidades ofrecidas por el plan de autonomía.
La participación de Argelia en las negociaciones madrileñas ilustra el fracaso de una estrategia diplomática basada en la negativa y en la postura ideológica. También marca la emergencia de una nueva arquitectura diplomática dominada por Washington. Al tomar el control del proceso sahariano, Estados Unidos impone ahora un calendario, un marco de negociación y un objetivo político claro. Esta evolución anula cualquier margen de maniobra de Argel. A ojos de Washington, la resolución del conflicto nunca había estado tan cerca. Y el mensaje implícito dirigido a las partes es claro y rotundo: la resolución del dossier del Sáhara, sobre la única base de la autonomía bajo soberanía marroquí, se llevará a cabo con el apoyo estadounidense, a pesar de Argelia y contra sus objeciones.
