Reunida en Bruselas en su 15ª sesión, la instancia Marruecos-UE concluyó el jueves 29 de enero de 2026 con la adopción de una fórmula sin precedentes en el discurso europeo: el documento final estima que «una autonomía verdadera podría representar una de las soluciones más viables», refiriéndose explícitamente al plan presentado por Marruecos como base para una salida definitiva.
Para el politólogo Mohamed Bouden, la importancia de esta evolución radica en su alcance diplomático. No se limita a una declaración de principios, sino que formaliza refleja un cambio de postura acorde con las ambiciones estratégicas de ambos socios. Sobre todo, insiste el experto, marca un cambio de escala: Europa ya no se expresa a través de valoraciones dispersas de sus Estados miembros, sino mediante una visión común, otorgando al plan de autonomía el estatus de solución «más aplicable».
El politólogo señala que esta orientación da continuidad a las posturas ya adoptadas por varias de las principales capitales europeas, como París y Madrid, y que converge con una dinámica internacional más amplia, impulsada especialmente por Estados Unidos, así como por algunos países escandinavos, entre ellos Suecia.
A su juicio, la novedad reside precisamente en la consolidación de un lenguaje colectivo. Frente al predominio anterior de las lecturas nacionales, la Unión Europea muestra ahora una postura multilateral, coherente con el marco de la ONU y en sintonía con la resolución 2797 del Consejo de Seguridad. Mohamed Bouden considera esto un logro significativo, atribuido a la visión del Rey Mohamed VI desde el lanzamiento de la iniciativa de autonomía en 2007.
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El politólogo sostiene, finalmente, que esta evolución aporta mayor claridad y confianza a la relación Marruecos-UE, respondiendo a una exigencia constante de Rabat: contar con un posicionamiento nítido sobre las cuestiones de soberanía. En este sentido, recuerda la línea defendida por el ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, que articula la firmeza en los principios fundamentales con el respeto a los compromisos.
Como conclusión, Mohamed Bouden estima que «la era de la ambigüedad llega a su fin» en las relaciones entre Marruecos y la Unión Europea, dando paso a una postura explícita capaz de influir de forma duradera en el entorno estratégico euromediterráneo y, a mayor escala, en los equilibrios regionales.
