En junio de 2026, varios cientos de familias fueron desalojadas y sus viviendas destruidas durante una operación de desalojo en Koumassi Campement. Ante la falta de una solución de realojamiento, estas familias afectadas encontraron refugio provisional en las aulas de la escuela EPP Lonaci Bad.
Al comenzar el curso, el 14 de septiembre de 2026, los ocupantes seguían en el lugar pese a los llamamientos y las campañas de sensibilización llevadas a cabo por el Ayuntamiento de Koumassi y líderes religiosos para que abandonaran las instalaciones.
En la escuela Lonaci Bad de Koumassi Campement, el inicio del curso se desarrolla en un ambiente poco habitual. En este centro destinado a recibir a los alumnos, familias desalojadas han instalado sus pertenencias y convertido parte de las instalaciones en refugios improvisados. Una situación que altera el funcionamiento del centro y genera preocupación entre los padres.
«El curso comenzó el 14 de septiembre y, hasta ahora, algunas familias siguen viviendo en esta escuela pese a su voluntad. Algunas se marcharon después de recibir ayudas», explica Coulibaly Abdoulaye, portavoz del colectivo de damnificados de Koumassi Campement, presente en el lugar.
Numerosos padres de alumnos han rechazado enérgicamente este realojamiento temporal y denuncian las dificultades que está provocando. «Que liberen la escuela para que nuestros hijos puedan estudiar tranquilamente. ¡Esto no es normal! Que vayan a reclamar al Ayuntamiento», lamentan.
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Cada vez más impacientes, algunos padres de alumnos protagonizaron enfrentamientos con los ocupantes de la escuela de sus hijos. Los altercados dejaron varios heridos.
Para los padres, la prioridad sigue siendo la escolarización de los niños. Denuncian que la ocupación compromete la tranquilidad, la seguridad y las condiciones de aprendizaje de los alumnos. Por ello, exigen la salida de los ocupantes para que las clases puedan desarrollarse con normalidad, sin perturbaciones ni tensiones.
Pero detrás de esta reivindicación existe otra realidad: la de familias que aseguran haberlo perdido todo durante las operaciones de desalojo. Sin una solución de realojamiento, estas personas afirman no tener otra alternativa que instalarse en el recinto escolar mientras esperan la ayuda de las autoridades.
«Es realmente humillante estar aquí mientras los niños vienen a estudiar. Solo necesitamos un dormitorio o una ayuda económica que nos permita alquilar una vivienda y volver a instalarnos», reclaman los damnificados que todavía permanecen en las aulas.
Más allá de la precariedad, las familias desalojadas también denuncian las humillaciones y los enfrentamientos que, según aseguran, han sufrido por parte de algunos padres de alumnos. Afirman sentirse heridos por comportamientos que consideran despectivos, mientras atraviesan ya una situación especialmente difícil.
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Para ellos, la petición de liberar las instalaciones no debería desembocar en enfrentamientos, sino en un diálogo y una respuesta que permita atender su situación.
«Algunos padres han sido utilizados para venir a provocarnos. Nosotros también tenemos hijos y no estamos aquí por gusto. Fuimos desalojados y ya no sabemos dónde ir. Pedimos a las autoridades que piensen en nosotros y nos encuentren una solución», resume el grito de auxilio de estos ocupantes, cuyas condiciones de vida siguen siendo precarias.
Este realojamiento había sido presentado como una solución temporal. Según los afectados, quienes recibieron ayudas abandonaron las instalaciones. Ante esta situación, las familias desalojadas denuncian lo que consideran un silencio por parte de las autoridades.
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«Las autoridades municipales guardan públicamente silencio sobre la situación. Nos hicieron firmar documentos, pero todavía no hemos recibido nada, por eso seguimos aquí. No dormimos en estas condiciones deplorables por voluntad propia. Estamos contrayendo infecciones, el frío nos afecta...», lamenta Zahui, esposa de Moibri, una de las damnificadas, visiblemente amargada.
Como ella, los demás afectados aseguran esperar desesperadamente una intervención que permita salir de este callejón sin salida y recuperar unas condiciones mínimas de dignidad. Entre el derecho de los alumnos a disponer de un entorno escolar adecuado y la situación de familias sin techo, la escuela LONACI Bad se encuentra en el centro de un conflicto social que exige una respuesta urgente.
En Koumassi Campement, el desafío consiste ahora en conciliar el derecho a la educación con la necesidad de ofrecer un acompañamiento humano a las personas desalojadas. Porque detrás de las aulas ocupadas hay también familias que buscan protección y alumnos que quieren estudiar en tranquilidad, todos a la espera de una salida a esta situación.
Tras las demoliciones llevadas a cabo en Koumassi-Campement, la Justicia intervino para determinar responsabilidades. La investigación continúa abierta, pero los primeros elementos dados a conocer por el fiscal de la República permiten hacerse una idea de la complejidad del caso.







