Pequeños, discretos y a menudo difíciles de detectar, los mosquitos pueden, sin embargo, ser portadores de virus susceptibles de afectar a la salud humana y animal.
Algunas especies son capaces de transmitir el dengue, el chikungunya, el Zika o incluso el virus del Nilo Occidental, lo que convierte su presencia en entornos urbanos en un asunto que requiere vigilancia por parte de investigadores y autoridades sanitarias.
En Marruecos, investigadores estudian desde enero de 2026 los mosquitos presentes en las ciudades de Rabat y Casablanca. Este trabajo se enmarca en BiodiveCITY, un proyecto internacional que busca comprender cómo los espacios verdes urbanos pueden influir en la presencia y evolución de los mosquitos. En concreto, los investigadores instalan trampas en distintos puntos para capturarlos, identificar las especies presentes y seguir su evolución a lo largo de las estaciones. Uno de los objetivos es determinar si determinados espacios verdes ofrecen condiciones más favorables para su desarrollo.
Las primeras observaciones ya permiten apreciar algunas diferencias entre ambos lugares de estudio. El mosquito tigre, Aedes albopictus, ha sido encontrado en Rabat, pero no en los puntos analizados en Casablanca. Esta observación forma parte de un seguimiento mucho más amplio destinado a determinar qué especies están presentes en las ciudades marroquíes, dónde se concentran y en qué condiciones se desarrollan.
«Hemos constituido un consorcio único y multidisciplinar, que reúne a varios socios de diferentes países», explica Maria Bourquia, profesora de parasitología y responsable del proyecto en Marruecos. El consorcio reúne a equipos de Países Bajos, Francia, España y Marruecos y trabaja en seis ciudades: Ámsterdam, Nijmegen, Barcelona, Montpellier, Rabat y Casablanca.
La comparación entre estas ciudades se basa en un protocolo común. «Dentro de este consorcio contamos con un protocolo armonizado. Por tanto, todos trabajamos al mismo tiempo y siguiendo el mismo protocolo», precisa Maria Bourquia. En Marruecos, los investigadores eligieron Rabat y Casablanca para disponer de dos entornos urbanos próximos, pero con características diferentes.
La elección de Rabat se explica, en primer lugar, porque el equipo tiene su sede en la capital, pero también por los medios y el tiempo disponibles para llevar a cabo el estudio. «Nos habría gustado trabajar en varias ciudades, pero ya hemos elegido la ciudad más cercana, que es Rabat, porque nosotros estamos establecidos en Rabat», explica la investigadora. Casablanca fue posteriormente seleccionada como segundo terreno de estudio, entre otras razones por su proximidad con Rabat, a aproximadamente una hora en coche, lo que permite disponer de un segundo entorno urbano sin multiplicar los desplazamientos y los recursos necesarios para el seguimiento.
Desde el inicio del seguimiento, los investigadores utilizan, entre otros dispositivos, trampas BG para capturar los mosquitos presentes en los distintos puntos. Los primeros meses registraron pocas capturas. «Comenzamos con una población muy reducida durante los meses de enero y febrero», relata Maria Bourquia. «La situación empezó a evolucionar a partir de la primavera, con un aumento observado desde marzo, concretamente entre marzo y abril», añade.
En octubre, las poblaciones observadas son ya mucho más numerosas. «Ahora estamos realmente en el pico. Tenemos una cantidad importante de poblaciones de mosquitos que hemos podido recolectar», señala la investigadora. El equipo espera ahora una disminución progresiva a medida que bajen las temperaturas. El seguimiento continuará hasta enero de 2027, con una posible ampliación que todavía está siendo estudiada por los socios.
Este seguimiento mensual debe permitir, sobre todo, comprender cómo evolucionan las poblaciones de mosquitos según los periodos y los entornos. Los investigadores prestan especial atención a los espacios verdes urbanos, que pueden ofrecer distintas condiciones favorables para el desarrollo de estos insectos, especialmente cuando existen puntos de agua que pueden servir como lugares de puesta de huevos.
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«Buscamos determinar el efecto de estos espacios verdes urbanos sobre las poblaciones de mosquitos», explica la profesora Bourquia. Los investigadores parten de la hipótesis de que estos espacios podrían favorecer su presencia y provocar un aumento de sus poblaciones. «Sigue siendo una hipótesis que confirmaremos o descartaremos al final de nuestro proyecto», precisa.
Para comprobar esta hipótesis, los investigadores no se centran únicamente en el número de mosquitos capturados. También buscan identificar las especies presentes y comprender las condiciones en las que se desarrollan.
Entre ellas, el mosquito tigre constituye una de las principales especies objeto de seguimiento. Su presencia en Rabat se conoce desde 2015 y su interés radica, entre otras cuestiones, en su capacidad para transmitir varios agentes patógenos. «Es un mosquito de gran interés precisamente porque es vector de varios agentes patógenos, tanto para el ser humano como para los animales», recuerda Maria Bourquia.

En los puntos estudiados por BiodiveCITY, el mosquito tigre ha sido encontrado hasta ahora en Rabat, pero no en Casablanca. «No lo hemos encontrado en el marco de nuestro proyecto, no lo hemos encontrado en Casablanca», precisa la investigadora. Esta observación sigue siendo provisional, ya que el seguimiento continúa. Además, se refiere únicamente a los puntos muestreados por los investigadores y no permite concluir que la especie esté ausente en el conjunto de Casablanca.
El mosquito tigre puede transmitir a los seres humanos los virus del dengue, el chikungunya y el Zika. También presenta interés desde el punto de vista de la salud animal y de enfermedades que pueden afectar tanto a los animales como al ser humano, como la fiebre del Valle del Rift.
En Marruecos, varios organismos participan en su vigilancia. En el ámbito de la salud humana, están implicadas, entre otras entidades, la Dirección de Epidemiología y Lucha contra las Enfermedades, las oficinas municipales de higiene y el Instituto Nacional de Higiene. En materia de salud animal, la ONSSA también desempeña un papel en las labores de vigilancia.
El mosquito tigre también se distingue por su comportamiento. A diferencia del mosquito común, es principalmente activo durante el día. Sus picaduras también pueden provocar importantes reacciones cutáneas en personas que no están acostumbradas a su presencia. «Como todavía no estamos acostumbrados a convivir con este mosquito, nos deja marcas bastante importantes», explica Maria Bourquia, en referencia a las marcas y los picores que pueden provocar sus picaduras.
Los investigadores siguen paralelamente a Culex pipiens, una especie mucho más común en los hogares. «Culex pipiens es el mosquito común que encontramos en nuestras viviendas», señala la profesora. Pica principalmente durante la noche y puede intervenir en el ciclo de transmisión del virus del Nilo Occidental, que afecta a seres humanos y équidos, mientras que las aves actúan como reservorios. También puede participar en la transmisión del virus de la fiebre del Valle del Rift.
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Sin embargo, el seguimiento no se basa únicamente en los mosquitos capturados por los investigadores mediante sus trampas. En Rabat y Casablanca, los ciudadanos también pueden contribuir al estudio a través de la aplicación Mosquito Alert. Lanzada el 21 de septiembre en el marco de BiodiveCITY, esta campaña de ciencia ciudadana permite notificar la presencia de un mosquito, una picadura o incluso un punto de agua susceptible de constituir un criadero de larvas. Inicialmente prevista hasta el 2 de octubre, la campaña fue prorrogada hasta finales de mes.
Los ciudadanos pueden, en particular, fotografiar un mosquito y enviar la imagen a través de la aplicación. Una inteligencia artificial realiza entonces una primera identificación. Esta etapa permite clasificar las observaciones, aunque no siempre basta para determinar la especie con certeza. «A veces no es completamente fiable», reconoce Maria Bourquia.

Las fotografías son posteriormente examinadas por voluntarios e investigadores. Estos comprueban primero que se trata efectivamente de un mosquito, ya que otros insectos voladores pueden confundirse con él. «A veces tendemos a confundir los mosquitos con otros dípteros, con otros insectos voladores», señala la investigadora.
Cuando la fotografía lo permite, la identificación puede afinarse posteriormente hasta determinar el género o incluso la especie.
Los ciudadanos también pueden señalar una picadura indicando la parte del cuerpo afectada. «Se puede indicar dónde se ha producido la picadura: si ha sido en la mano, en la pierna o en la cara», detalla Maria Bourquia. También se puede indicar el número de picaduras: «1, 2, 3».
La aplicación permite asimismo a los ciudadanos informar sobre la presencia de larvas de mosquito. Pueden señalar el lugar donde las han observado, especialmente en entornos donde hay agua. «Los criaderos de larvas de mosquito son, sencillamente, medios acuáticos», explica la especialista. Estos avisos permiten a los investigadores localizar lugares potencialmente favorables para el desarrollo de los mosquitos e incorporarlos a los datos recopilados en el marco del proyecto.
De este modo, un ciudadano puede fotografiar un criadero de larvas o las propias larvas y enviar su ubicación. Estas observaciones pueden posteriormente cruzarse con los datos recopilados por los investigadores en sus propios puntos de estudio.
La campaña Mosquito Alert sigue en curso y ha sido prorrogada hasta finales de octubre. Por ello, los investigadores todavía no disponen del balance completo de las notificaciones. «Por el momento, todavía no hemos recuperado los datos porque nuestra acción se prolongará hasta finales de octubre», precisa Maria Bourquia.
Al término de la campaña, el equipo deberá recibir de los responsables de la aplicación el conjunto de observaciones realizadas por los ciudadanos. «Una vez finalizada la acción, contactaremos con las personas encargadas de esta aplicación para que nos faciliten un informe de las observaciones realizadas por los ciudadanos», indica la investigadora.
Estos datos se compararán posteriormente con las capturas realizadas sobre el terreno. Los investigadores tratarán de determinar, en particular, si las mismas especies aparecen en ambas bases de datos, si se observan en las mismas zonas y si los avisos de los ciudadanos se sitúan cerca de los puntos estudiados.
«¿Son las mismas especies de mosquitos que hemos encontrado, son los mismos lugares, están cerca de los lugares donde trabajamos?», resume Maria Bourquia.
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El objetivo es complementar los datos científicos, no sustituirlos. «Nos servirá realmente para enriquecer nuestra base de datos, que ya se basa en observaciones sobre el terreno, y completarla con los datos aportados por los ciudadanos», subraya.
A largo plazo, toda esta información permitirá a los investigadores ir más allá de la simple constatación de la presencia o ausencia de una especie en un barrio. Al cruzar las capturas realizadas mediante las trampas, la evolución de las poblaciones a lo largo de las estaciones, las características de los espacios verdes, los posibles criaderos de larvas y las observaciones de los ciudadanos, el equipo pretende obtener una imagen más precisa de la distribución de los mosquitos en ambas ciudades.
«La finalidad de este proyecto es estudiar la relación entre los espacios verdes urbanos y la presencia de estos artrópodos hematófagos, es decir, los mosquitos», recuerda Maria Bourquia.
El trabajo deberá desembocar posteriormente en la elaboración de mapas de riesgo de transmisión para determinados agentes patógenos. «La verdadera finalidad es poder elaborar mapas de riesgo de transmisión», precisa la investigadora.
Estos mapas podrían ser utilizados por los actores de la salud humana y animal para orientar mejor sus labores de vigilancia y lucha contra los mosquitos. «Posteriormente, esto podrá servir a los responsables de la toma de decisiones, incluidos los de la salud animal y humana, la ONSSA y el Ministerio de Salud, para emprender acciones de lucha», concluye Maria Bourquia.
El seguimiento continúa, por tanto, en Rabat y Casablanca. Los próximos datos permitirán completar la evolución observada desde enero y medir lo que las notificaciones de los ciudadanos aportan al dispositivo científico. Para los investigadores, el reto consiste ahora en conectar estas diferentes observaciones para comprender mejor dónde se encuentran los mosquitos, cómo evolucionan sus poblaciones en las ciudades y qué entornos pueden favorecer su presencia.
