Detectan un virus en sardinas de Sudáfrica: ¿hay motivos de preocupación para la industria marroquí?

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El 08/09/2026 a las 10h25

La detección del Pilchard herpesvirus en sardinas muertas en Sudáfrica no representa, por ahora, una amenaza sanitaria confirmada para Marruecos. No se ha registrado ningún caso en aguas marroquíes y no existe ningún riesgo conocido para el ser humano. El episodio plantea, sin embargo, una cuestión concreta: la capacidad de los protocolos marroquíes para detectar este agente patógeno en las poblaciones de sardinas.

La mortalidad registrada entre bancos de sardinas frente a la costa occidental de Sudáfrica llevó a las autoridades de ese país a investigar diversas causas biológicas y ambientales. El 14 de agosto de 2026, el Departamento sudafricano de Bosques, Pesca y Medio Ambiente confirmó la presencia de material genético del Pilchard herpesvirus, o PHV, en peces muertos, aunque también se detectaron niveles más bajos del virus en sardinas aparentemente sanas.

Este resultado no permite atribuir automáticamente las mortalidades al virus. Los investigadores sudafricanos estudian paralelamente el posible papel de la falta de oxígeno, la proliferación de algas nocivas o unas condiciones oceanográficas inusuales.

Los análisis toxicológicos realizados tampoco identificaron ningún factor que, por sí solo, permita explicar la magnitud del fenómeno.

Por el momento, no se ha establecido ningún vínculo de transmisión con las aguas marroquíes ni se ha difundido ninguna comunicación oficial en este sentido. La distancia geográfica entre ambas zonas, la ausencia de casos registrados en Marruecos y el carácter todavía incompleto de la investigación sudafricana impiden extraer conclusiones alarmistas. Además, el PHV no está considerado transmisible al ser humano y su detección no significa que las sardinas comercializadas o destinadas a la conserva sean no aptas para el consumo.

El reto para Marruecos se sitúa, por tanto, menos en la seguridad inmediata del consumidor que en la capacidad de detectar de forma temprana una eventual presencia del virus. Los expertos sudafricanos recomiendan, en este sentido, establecer una vigilancia molecular periódica de las capturas marroquíes.

Los controles sanitarios aplicados a los productos de la pesca abarcan, entre otros aspectos, su salubridad, trazabilidad, contaminantes, biotoxinas y el cumplimiento de la cadena de frío. Sin embargo, la información pública disponible hasta la fecha no permite determinar si el PHV forma parte de los agentes que se buscan de manera sistemática en las sardinas marroquíes.

En este contexto, sería necesario que el Instituto Nacional de Investigación Pesquera (INRH) aclarara tres aspectos: si ya se realizan análisis moleculares dirigidos específicamente contra este virus, cuáles son los procedimientos de toma de muestras en caso de registrarse una mortalidad anormal y si existe la posibilidad de incorporar el PHV a los programas de vigilancia de los pequeños pelágicos.

Pese a este riesgo potencial, ningún elemento disponible demuestra que productos procedentes del África austral hayan transmitido el PHV a poblaciones de sardinas marroquíes. No obstante, los productos pesqueros congelados pueden circular entre zonas de captura, plantas de transformación y mercados de consumo. Por ello, Marruecos debería identificar el origen de las sardinas y otros pequeños pelágicos importados, su destino industrial y las condiciones sanitarias exigidas para su entrada en el territorio nacional.

El precedente australiano invita también a mantener la prudencia a la hora de analizar el fenómeno. El PHV fue asociado a importantes mortalidades de sardinas en Australasia durante la década de 1990, antes de ser detectado posteriormente en poblaciones aparentemente sanas.

La mera presencia del virus no basta, por tanto, para demostrar que vaya a provocar necesariamente una mortalidad masiva. Constituye más bien un indicador que debe analizarse conjuntamente con la temperatura del agua, los niveles de oxigenación, el estado fisiológico de los peces y otras presiones ambientales.

El interés de una detección preventiva radica, sobre todo, en el peso que tiene la sardina en la pesca costera y en la industria conservera marroquí. Una mortalidad importante, aunque estuviera localizada, podría reducir el suministro a las conserveras, intensificar la competencia entre destinos comerciales y elevar los costes unitarios. Los pescadores también quedarían expuestos a una reducción de las capturas, mientras que los industriales tendrían que decidir entre ralentizar sus líneas de producción, diversificar sus fuentes de suministro o recurrir a importaciones adicionales.

La vulnerabilidad se ve reforzada por una evolución del valor de las capturas menos dinámica que la de los volúmenes. Según la nota de coyuntura de agosto de 2026 del Ministerio de Economía y Finanzas, los desembarques de pescado pelágico aumentaron un 10,6% en volumen hasta finales de julio, pero su valor solo creció un 1,1%. Esta diferencia equivale a una caída de aproximadamente el 8,6% en el valor medio por tonelada.

Una perturbación biológica llegaría así a un mercado en el que el aumento de las capturas no se traduce proporcionalmente en mayores ingresos. El riesgo económico no residiría únicamente en una eventual reducción de los volúmenes. También afectaría a la regularidad del suministro, los costes de selección y análisis, la confianza de los compradores y la capacidad de las empresas para cumplir sus contratos.

Por Mouhamet Ndiongue
El 08/09/2026 a las 10h25