Reticencia al matrimonio, retroceso de las familias extensas, caída de la fecundidad... Lo que dicen (realmente) las últimas cifras del HCP

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El 26/04/2026 a las 13h30

EntrevistaMatrimonio más tardío, auge de la familia nuclear, descenso de la fecundidad... la última encuesta del HCP documenta las evoluciones demográficas que atraviesa Marruecos. Transformaciones que se inscriben «en un cambio más profundo que afecta a la estructura demográfica, al mercado laboral, a las solidaridades intergeneracionales, a la vivienda, a la protección social y a la organización del cuidado de los demás», según Younes Lhadj Kacem, experto en políticas económicas y sociales. Análisis.

Chakib Benmoussa presentó el pasado 8 de abril en Rabat los principales resultados de la encuesta nacional sobre la familia (ENF). Segunda edición tras la de 1995, este estudio llega, según el alto comisario de planificación, «en un momento en que la sociedad marroquí experimenta profundas transiciones sociodemográficas, económicas y culturales».

Según Chakib Benmoussa, «los resultados de esta encuesta ponen de relieve una recomposición progresiva de los modelos familiares, marcada por el creciente predominio de las estructuras centradas en el núcleo parental y el retroceso de las formas de cohabitación ampliada. Estos resultados confirman, además, que la familia sigue estando en el centro de la sociedad marroquí, como espacio de solidaridad, protección y transmisión intergeneracional de valores, al tiempo que se enfrenta a nuevas formas de vulnerabilidad».

Se observa así que «la nuclearización (la transición de una estructura ampliada a un modelo reducido compuesto únicamente por una pareja y sus hijos menores) se afirma como un factor de recomposición de las formas de convivencia. Hoy, el 73% de los hogares pertenece al modelo familiar nuclear, frente a menos del 61% en 1995, lo que indica una mayor concentración del grupo doméstico en torno al núcleo parental. El aumento de las parejas sin hijos, del 3,4% en 1995 al 9,4% en 2025, se explica en gran medida por el auge de los “nidos vacíos” y el envejecimiento».

Otro dato destacado: en 2025, menos de uno de cada dos jefes de hogar reside en la misma localidad que sus padres. Además, la dinámica matrimonial se caracteriza por un retroceso declarado del proyecto de matrimonio y por importantes limitaciones materiales. «Entre los solteros, cerca del 52% no desea casarse, principalmente los hombres. La edad media al primer matrimonio alcanza los 26,3 años para las mujeres y los 33,3 años para los hombres. Entre 1995 y 2025, los matrimonios entre familiares han disminuido, pasando del 29,3% al 20,9%. El matrimonio dentro de la misma comuna también está en retroceso, lo que refleja una mayor mezcla social y geográfica», subraya Chakib Benmoussa.

Por otra parte, la familia sigue siendo el principal entorno de vida de las personas mayores, ya que el 59,3% vive con al menos un hijo. Sin embargo, la vulnerabilidad económica sigue siendo significativa, dado que solo el 9% declara que sus ingresos cubren sus necesidades y el 31% no dispone de ninguna fuente de ingresos, especialmente entre las mujeres.

Según la ENF, las intenciones matrimoniales indican claramente un retroceso del proyecto de matrimonio. Nada menos que «el 51,7% de los solteros no desea casarse, frente al 40,6% que lo contempla. Las diferencias son claras según el sexo: las mujeres expresan con más frecuencia la intención de casarse (53,6%) que los hombres (31,5%), entre quienes predomina el rechazo (59,8%). La intención de matrimonio aumenta con la edad hasta los 40-54 años (56,4%), y luego disminuye a partir de los 55 años (22,5%)», indica la encuesta.

Evoluciones que deben analizarse en un marco más amplio

Para Younes Lhadj Kacem, experto en políticas económicas y sociales, los resultados de la ENF «constituyen un punto de partida especialmente útil para comprender las transformaciones en curso de la familia marroquí. Pero estos resultados no deben leerse de forma aislada».

«Para comprender plenamente su alcance, es necesario situarlos en el marco más amplio de los trabajos publicados por el Alto Comisariado de Planificación a partir del RGPH 2024, así como de las proyecciones demográficas hasta 2040. Este marco muestra que Marruecos está ahora inmerso en una nueva fase demográfica, marcada por un crecimiento más lento de la población, una fecundidad por debajo del nivel de reemplazo generacional, un aumento del envejecimiento, una disminución relativa del peso de los jóvenes y una progresiva reducción de la ventana demográfica», estima.

En otras palabras, las transformaciones familiares observadas «no responden a un simple cambio de costumbres. Se inscriben en una transformación más profunda que afecta a la estructura demográfica, al mercado laboral, a las solidaridades intergeneracionales, a la vivienda, a la protección social y a la organización del cuidado».

Sin embargo, este análisis invita a evitar tres interpretaciones erróneas comunes. «El primer error sería moralizar estas evoluciones. La caída de la fecundidad, el retraso del matrimonio o la reducción del tamaño de las familias no pueden interpretarse seriamente como un simple debilitamiento de los valores o una ruptura cultural abstracta. Los comportamientos demográficos resultan de decisiones tomadas en un entorno económico, social e institucional determinado. Cuando el coste de la vivienda aumenta, las trayectorias profesionales se vuelven precarias, las exigencias educativas crecen y la carga del cuidado recae aún en gran medida sobre las mujeres, las decisiones familiares se vuelven más prudentes, tardías y selectivas», explica.

El segundo error sería aislar las variables. «No se puede hablar correctamente de fecundidad sin hablar del coste del hijo, de la vivienda, de la educación, de la estabilidad laboral y de la carga del cuidado. No se puede hablar del envejecimiento sin hablar de pensiones, salud, dependencia, solidaridades familiares y organización territorial. No se puede hablar del desempleo juvenil sin hablar de las crecientes necesidades en los oficios del cuidado, del acompañamiento y de los servicios personales. El verdadero tema no es sectorial, es sistémico», continúa.

El tercer error sería ver únicamente cargas donde también existen oportunidades. «El envejecimiento aumenta las necesidades en salud y acompañamiento, pero también abre un nuevo campo económico y social. La “silver economy”, la economía del cuidado, la adaptación de la vivienda y los servicios de proximidad pueden convertirse en fuentes de empleo no deslocalizables, especialmente para jóvenes y mujeres», añade.

Del mismo modo, «una mejor organización del cuidado puede aliviar parte de la carga familiar que aún limita fuertemente la actividad femenina. En otras palabras, algunos desafíos pueden convertirse en palancas para equilibrar otros, siempre que la acción pública se conciba de forma coherente».

«Por eso, la cuestión central me parece ser la sostenibilidad intergeneracional. Una sociedad no se sostiene solo por sus equilibrios presupuestarios. También se sostiene por la percepción de un pacto implícito entre generaciones», analiza.

«Los activos de hoy financian a los mayores. Las generaciones anteriores construyeron las infraestructuras e instituciones de las que se benefician los jóvenes. Los niños de hoy asegurarán mañana la continuidad del sistema. Este pacto se mantiene mientras las cargas y las oportunidades se perciban como globalmente equilibradas. Cuando se debilita, el riesgo deja de ser solo financiero: se vuelve social, institucional y político», advierte.

«En el caso marroquí, esta cuestión se plantea con creciente intensidad. El país aún dispone de una base activa importante, pero esta ventana no permanecerá abierta indefinidamente. A corto plazo, las prioridades siguen claras: mejor integración de los jóvenes, aumento de la participación femenina, mejora de la calidad del empleo, fortalecimiento del capital humano. Pero a medio y largo plazo, esto no será suficiente. El motor del crecimiento ya no podrá basarse tanto como antes en el simple aumento del número de activos, sino más en la productividad, la innovación, la mejora del valor añadido y una mejor organización del trabajo», señala.

Considera que «las transformaciones familiares son un indicador adelantado de las tensiones futuras. Muestran que la familia sigue desempeñando un papel central, pero en condiciones más restringidas, más urbanas, más individualizadas y menos automáticamente protectoras que antes. También indican que las políticas públicas ya no pueden diseñarse bajo el supuesto de que la familia extensa absorberá por sí sola las vulnerabilidades relacionadas con la vejez, la dependencia, la monoparentalidad o la inestabilidad laboral».

Según él, Marruecos no enfrenta una crisis de la familia en sentido moral. «Se enfrenta a una reconfiguración de sus equilibrios demográficos, sociales y económicos. La verdadera cuestión no es lamentar un modelo antiguo ni analizar cada variable por separado, sino saber si se es capaz de reconstruir, en un contexto demográfico más restrictivo, un modelo coherente en el que empleo, actividad femenina, cuidado, vivienda, protección social, salud, productividad y solidaridades intergeneracionales se piensen de forma conjunta». Entrevista.

Le360: ¿Cómo explica el paso de la familia extensa a la familia nuclear?

Lo explicaría menos como un debilitamiento abstracto de los valores que como una transformación conjunta de las condiciones de vida. La nuclearización resulta de la urbanización, de la movilidad residencial, de la disminución del tamaño de los hogares, del retroceso de la cohabitación intergeneracional y de nuevos arbitrajes económicos en torno a la vivienda, el empleo y la autonomía. Por tanto, debe verse menos como una ruptura de los vínculos familiares que como una reconfiguración de las formas de convivencia y de la economía doméstica.

¿A qué corresponde el retraso en la edad del matrimonio?

Corresponde a un desfase más general de los calendarios de vida: estudios más largos, acceso más tardío a la estabilidad profesional, mayor coste de la autonomía residencial, aumento de la incertidumbre y transformación de las expectativas respecto a la pareja y la parentalidad. El matrimonio se convierte en una decisión más tardía, más selectiva y más condicionada por la capacidad de sostener un proyecto familiar a largo plazo.

¿El aumento de las parejas sin hijos se debe a una infertilidad creciente, a elecciones voluntarias o a limitaciones económicas?

Hay que evitar buscar una única causa. Una parte importante de este aumento refleja el envejecimiento y los ciclos de vida posteriores a la parentalidad, con hijos que ya han abandonado el hogar. Pero, más allá de esto, es evidente que las decisiones sobre la parentalidad están cada vez más determinadas por incentivos económicos, la incertidumbre laboral, el coste de la vivienda, el coste educativo de los hijos y el coste de oportunidad, especialmente para las mujeres. La interpretación correcta es la de decisiones bajo restricciones, no una explicación única.

¿La nuclearización de la familia debilita las solidaridades familiares tradicionales?

No las hace desaparecer, pero las transforma profundamente. La proximidad residencial disminuye, el círculo familiar activo se reduce, pero los apoyos morales, financieros y relacionales se mantienen. La lectura correcta es la siguiente: la familia sigue desempeñando un papel protector, pero este papel se vuelve menos automático, más desigual, más distante y más vulnerable a las limitaciones urbanas, económicas y profesionales.

¿En qué medida el coste de la vivienda y de la educación explican el retraso del matrimonio y la reducción de la fecundidad?

En gran medida, pero hay que pensar en términos de sistema y no de factor aislado. La vivienda, la educación, la salud, la movilidad y el coste de oportunidad del tiempo conforman conjuntamente el coste directo e indirecto del hijo y del proyecto familiar. Cuando estos costes aumentan, los hogares ajustan sus decisiones: retrasan, reducen y seleccionan más. Una política que simplemente quisiera «fomentar la natalidad» sin reducir el coste estructural del hijo sería poco creíble. Hay que empezar por la educación, los servicios de cuidado infantil, la organización del cuidado, la seguridad de las trayectorias profesionales y el acceso a la vivienda.

¿Existe una correlación entre la crisis económica y la inflación de los últimos años y la aceleración de estos cambios?

Sería excesivo atribuir estas transformaciones únicamente a la inflación reciente, ya que llevan tiempo desarrollándose. Sin embargo, el deterioro del contexto económico puede acelerar o endurecer ciertos ajustes ya en marcha: retraso del matrimonio, mayor prudencia ante la parentalidad, mayor dependencia del apoyo familiar, mayor vulnerabilidad de los hogares monoparentales y de los jóvenes. La coyuntura no crea por sí sola la transformación demográfica, pero puede intensificar sus efectos sociales.

¿Se observan diferencias regionales o sociales marcadas en estas transformaciones? ¿Ciudad y campo siguen las mismas trayectorias?

Hay que hablar de convergencia parcial y diferenciación persistente. Existe convergencia en algunos parámetros clave, como la nuclearización y la disminución de la fecundidad, que ya afectan también al medio rural. Pero los ritmos y las formas siguen variando según los territorios. El envejecimiento está más avanzado en ciertas regiones; las vulnerabilidades de las personas mayores son mayores en zonas rurales, donde la fecundidad sigue siendo más elevada; las solidaridades de proximidad siguen más presentes, aunque también se están transformando.

¿Se observa una convergencia de Marruecos hacia el modelo demográfico de los países desarrollados o se trata de una trayectoria específica?

Hablaría de convergencia parcial, pero no de una simple reproducción. Sí, Marruecos presenta hoy rasgos propios de las transiciones demográficas avanzadas: fecundidad por debajo del nivel de reemplazo, envejecimiento, reducción del tamaño de los hogares, retraso del matrimonio. Pero esta convergencia se combina con fuertes especificidades: el papel aún central de la familia, el peso de las solidaridades informales, marcadas diferencias territoriales, el papel particular de las mujeres en la economía del cuidado y una transición más rápida que la experimentada por muchos países desarrollados.

¿Cuál es el impacto económico del aumento de la monoparentalidad? ¿Afecta a la pobreza y a las desigualdades?

La monoparentalidad es uno de los espacios donde se concentran nuevas vulnerabilidades. Es mayoritariamente femenina y está fuertemente asociada a dificultades económicas. Pero la lectura adecuada no es solo distributiva, sino sistémica. Una monoparentalidad frágil implica más riesgo de pobreza, más presión sobre el tiempo, mayor carga de cuidados, más dificultades de inserción o permanencia en el empleo y, por tanto, una mayor fragilización del sistema en su conjunto. Esto muestra la necesidad de pensar conjuntamente el apoyo a las familias monoparentales, las políticas de cuidado, la actividad femenina, las pensiones alimenticias y la protección social.

¿Cómo afecta la caída de la natalidad al mercado laboral? ¿Existe riesgo de escasez de mano de obra en algunos sectores?

A corto plazo, el problema en Marruecos no es una escasez general de trabajadores, sino un desajuste entre oferta y demanda de empleo. Algunos sectores ya muestran necesidades, pero estas tensiones están relacionadas con la cualificación, el atractivo de las profesiones, las condiciones laborales y la evolución de las aspiraciones profesionales. A medio y largo plazo, la disminución de la fecundidad y del número de jóvenes reducirá el relevo de la población activa. El modelo de crecimiento deberá basarse más en la integración de jóvenes y mujeres, así como en la productividad, la innovación y el valor añadido.

¿Una población envejecida supone un problema sistémico para las finanzas públicas, especialmente en pensiones y sanidad?

Sí, se puede hablar de un desafío sistémico. El problema no es solo que haya más personas mayores, sino que representarán una proporción creciente en un contexto donde la base activa se reducirá progresivamente. Esto ejercerá presión sobre las pensiones, la sanidad, los cuidados de larga duración y la dependencia. Pero la sostenibilidad futura dependerá también de la productividad, la tasa de actividad, la organización del cuidado y la calidad del sistema productivo. La cuestión es, por tanto, intergeneracional: cómo mantener un pacto sostenible y percibido como justo entre generaciones.

De cara a 2040, ¿cómo será la estructura demográfica de Marruecos?

Las grandes tendencias ya son visibles: crecimiento más lento de la población, fuerte descenso de los menores de 15 años, aumento significativo de los mayores de 60, mayor urbanización, aumento del número de hogares y reducción de su tamaño. Para 2040, Marruecos tendría alrededor de 40,5 millones de habitantes, con un 19,5% de personas de 60 años o más, frente al 13,8% en 2024 y el 9,4% en 2014. Esto implica más necesidades en sanidad, cuidados, vivienda, servicios, movilidad, pensiones y planificación territorial.

¿Cabe esperar una crisis de financiación de las pensiones?

No lo plantearía de forma binaria. Las ganancias de productividad pueden aliviar la presión, pero requieren un cambio en el modelo de crecimiento: más valor añadido por trabajador, mejor calidad del empleo, innovación, mejor asignación de competencias y mayor participación femenina. La sostenibilidad del sistema dependerá tanto de la economía como de la demografía.

¿Las políticas públicas actuales están alineadas con estos cambios?

El diagnóstico demográfico avanza más rápido que la adaptación de las políticas públicas. La ENF 2025 muestra transformaciones concretas, pero deben integrarse en un marco más amplio donde salud, educación, empleo, vivienda y protección social están interconectados. Sin embargo, la acción pública sigue siendo demasiado fragmentada. El verdadero reto es reconstruir la coherencia entre políticas.

¿Qué políticas faltan para acompañar el envejecimiento?

Se requieren al menos cuatro áreas clave: asegurar los ingresos de las personas mayores, reforzar el sistema sanitario y la geriatría, estructurar la economía del cuidado y adaptar la vivienda y los servicios de proximidad. No basta con reformar las pensiones; hay que abordar también la dependencia y los cuidados.

¿Cómo adaptar la protección social a una familia más fragmentada?

Dejando de basarla en un modelo familiar tradicional. Las vulnerabilidades son cada vez más individualizadas, lo que exige políticas más adaptadas a realidades diversas: mujeres mayores sin pensión, familias monoparentales, personas dependientes, etc. Además, el cuidado debe considerarse un sector estratégico.

¿Cómo deben repensarse las políticas públicas en este nuevo contexto?

Deben replantearse de forma sistémica. No se pueden tratar por separado la natalidad, el envejecimiento, el empleo o la protección social. Cada desafío puede ser también una oportunidad para resolver otros. Por ejemplo, organizar el sector del cuidado puede generar empleo, facilitar la actividad femenina y mejorar la sostenibilidad social. El enfoque debe ser global, intergeneracional y a largo plazo.

Por Hajar Kharroubi
El 26/04/2026 a las 13h30